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sábado, 26 de septiembre de 2015

PROCLAMA de Miquel Marti i Pol

Des del reducte
d´aquest íntim silenci
que m´acompanya
proclamo l´esperança
que mai no m´abandona:

la pau possible
depènd de tots nosaltres
i sols en ella
podem tots junts trobar - hi
el goig de la bellesa.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Que Tsipras sea Tsipras

Lo confieso: no se lo que es “hacerse un Tsipras”. Sin embargo, uno de los predicadores de un laboratorio de ideas socialista que ni los socialistas escuchan, no deja de repetirlo desde que Syriza volvió a ganar las elecciones.

Hay dos clases de políticos que han llamado traidor a Tsipras. La izquierda que no quiere gobernar y desea sacar a Grecia y al resto de Europa del euro, y los viejos socialdemócratas transformados en defensores radicales de los memorándum.

Hacerse un Tsipras significa, al parecer, enredar en las negociaciones. Eso si, mientras los lideres de la cosa socialdemócrata internacional, sean Renzi u Hollande, abandonan al colega de la izquierda ante los leones.

Al parecer, hacerse un Tsipras es no pactar con el PASOK griego, partido al que solo los viejos socialdemócratas y los más viejos eurocomunistas recuerdan. No hay reproches, al parecer, sobre la ausencia de mujeres en el gobierno, pero un laboratorio de modernísimo pensamiento en el que de once personas en el equipo delegado solo hay dos mujeres no está para estas minucias.

Tsipras, aviso a predicadores, hará de Tsipras. Es decir, se encargará de gobernar el tercer rescate. En su dimensión dramática; en su dimensión humanitaria y en la negociación de la reestructuración de deuda que podrá ayudar a mejorar las aplicaciones sociales del rescate, reduciendo la necesidad de déficits primarios.

No es la primera vez que los pueblos eligen a la izquierda para gobernar el sacrificio: aspiran al reparto de cargas. Eso deberían saberlo los viejos socialdemócratas españoles que gobernaron las épocas de sufrimiento y le pasaron a la derecha las épocas de exuberancia.

Grecia no fue, ni siquiera cuando se empeñaba el “político bailarín” (la expresión es de Kundera) de Varoufakis, una bomba en el culo de Europa. Y no lo será en el futuro. Tsipras deberá cumplir, faltaría más, sus compromisos pero dispondrá de margen una vez que los griegos y griegas han decidido mantenerse en la moneda única.

La pena es que el gobierno de Syriza no parece que vaya a ser acompañado por la recuperación de una nueva política de la izquierda europea, una alternativa a la austeridad letal que no sea la que Draghi, el más serio de los burócratas  europeos, alienta.

Las “QE para la gente” (recursos en bonos para inversiones públicas) de Corbin, como la historia de rescatar personas de IU (antes de que a Garzón se le apareciera San Pablo), es un simple lema pero no una política económica pública, coordinada, a nivel europeo. A todos (Corbin, Garzón y Pablo) les gustaría estar fuera del euro y jugar a pagar déficit y deuda con moneda de banco propia.

La respuesta a ese déficit que los laboratorios de ideas de viejos socialdemócratas no son capaces de cubrir y que, por supuesto, los viejos comunistas que no quieren gobernar si han cubierto con su huera retórica, es, la que se le pide a Tsipras.

Es lo que hay. Yo solo espero que Tsipras haga de Tsipras y que los griegos y griegas no sufran mucho. Mientras tanto, prediquemos sobre la maldad de Tsipras, compitiendo con la derecha, los laboratorios de ideas de la penúltima socialdemocracia siempre tienen ideas para competir con la derecha.


miércoles, 23 de septiembre de 2015

El gas del escarabajo

Uno se solaza cuando descubre que Alemania no la tiene tan grande (me refiero a la ética, naturalmente). He aquí a la guardia del muro de la eficacia, la eficiencia, la productividad y el virtuosismo económico, convertida en una pandilla de trileros.
 
Es lo que hay camaradas alemanes y alemanas, ahora le echan Ustedes la culpa al sur de Europa. Fíjense, igual unos trileros hacen por la crisis global más que unos pocos griegos derrochadores
 
Cabe imaginar que el Gobierno lo ignoraba todo de la pandilla de tramposos que han organizado el desaguisado del falso test norteamericano de gases, lugar donde, por cierto, ha sido posible porque los controles de emisiones están privatizados.
 
Ustedes conocen los datos básicos. Volkswagen ha informado, a pesar de lo que el gobierno alemán había declarado, que la aplicación del fraude ha sido bastante extensiva: 11 millones de vehículos. 500.000 autodiesel, de los cinco modelos afectados, han sido retirados por las autoridades norteamericanas y se abierto un proceso criminal multimillonario que llevaría a cualquier empresa a la ruina.
 
Pero la Volkswagen es “demasiado grande para caer”. Así que no caerá.  Además de sus provisiones y el castigo a sus accionistas, que ya han perdido más de 30.000 millones (eso si que es todo un humillante corralito), recibirá toda la ayuda necesaria de su virtuoso gobierno.
 
Alemania se revela, a pesar de su acrisolado capitalismo liberal, como un sistema indstrial y de servicios cerrado y protegido en el que los grandes grupos industriales  gozan de la benevolencia del sistema político. Desconfíen de los virtuosos y las virtuosas, especialmente si de economía profetizan.
 
Alemania, tan liberal en lo macroeconómico, es proteccionista en lo que se refiere a sus empresas líderes. Merkel ha ejercido permanentemente el lobby en Bruselas a favor de sus empresas logrando que apenas sean penalizadas. La organización industrial alimenta un circulo poco transparente. Una gran coalición económica protege a los trileros alemanes.
 
No es la primera vez que el sistema alemán se muestra corrupto. La Volkswagen pagaba, hace una década, sexo y viagra a consejeros auditores y sindicalistas. Siemens ha sido sancionada por corrupción en el exterior; Deutsche Telekom, Lufthansa, Deutsche Post han sido denunciadas por espionajes a trabajadores, trabajadoras, periodistas, sindicalistas o miembros de los Consejos de Vigilancia.
 
11 millones de escarabajos han esputado gases ilegalmente a la atmósfera norteameticana. Un software malicioso, que nadie garantiza que no sea usado por otras empresas, ha hecho posible la trampa. Es lo que tiene el capitalismo prepotente de la usura, el negocio y la falsa ética calvinista .

martes, 22 de septiembre de 2015

El circulo de tiza que ataca al euro

En una cosa suelen coincidir las elites norteamericanas (conservadoras o liberales) y las derechas o izquierdas extremas europeas: no les gusta el euro. Las primeras, suelen ser muy quisquillosas con el debilitamiento del dólar como moneda de reserva y con las arquitecturas monetarias incompletas. Las segundas, suelen ser más quisquillosas de lo que les gustaría confesar sobre la soberanía nacional y gustan menos de lo que confesarían de la cosa internacional donde no pillan cacho.

El vocero de la Unidad Popular y el habitual predicador del euro como desastre han coincidido este fin de semana en fiestivo encuentro de los que no quieren gobernar. El último ha venido en calificar a la moneda única como uno de "los tres círculos de hierro que no permiten una política alternativa".

Mientras lanzaban uno su perorata sobre la Unidad Popular y otro sobre la moneda única, viene a resultar que la Unidad Popular, popularísima; los que calificaron de traidor a Tsipras; quienes afirmaron que le temblaron las piernas, no hubieran obtenido escaño en las elecciones griegas. Viene a resultar que quienes desean a Grecia y a media Europa, incluida España, fuera del euro no hubieran pasado del 5%.

La culpa no será, naturalmente, de sus excelentes reflexiones, siempre certeras y basadas en el análisis concreto de la realidad concreta, sino del pueblo griego, vendido a la troika, a los poderes financieros y a cualquier poder criminal de los denunciados por el gran y exitoso Varoufakis. El pueblo es así: no le importa que la izquierda que quiere gobernar le administre, mire Usted.

Suele recordarse poco la historia, aunque se presuma de ello. Lo cierto es que cuando la izquierda comprometida con el cambio ha querido abandonar mecanismos monetarios comunes y coordinaciones económicas existentes, de esas que dan seguridad a la ciudadanía, sufre derrotas inevitables.

Le ocurrió al Labour, en el 29, abandonando el patrón oro. Le ocurrió a la izquierda francesa en el gobierno, en el 83, saliéndose del sistema monetario europeo. En el caso de la izquierda más radical no solo ha perdido gobiernos sino que ha perdido peso político con escasa posibilidad de recuperación: el PCF pasó de cuatro ministros a un 5% del que nunca se recuperó.

El euro no es una forja que haya impedido la recuperación. La austeridad letal que nos ha atrapado tiene que ver con la depresión del consumo privado y público, la desigualdad de rentas y la desfiscalización de las rentas altas.

Ha sido una reforma laboral que mantiene bajos niveles de productividad y salarios y un incorrecto enfoque de la evolución demográfica. Ha sido, en fin, la incapacidad de generar crédito al margen de entidades financieras descapitalizadas. Cosas que el euro, se diga lo que se diga, no impone.
 
La izquierda que quiere gobernar puede y debe reconstruir un proyecto europeo basado en lo que siempre fue su idea: ponerle reglas al euro. Reglas fiscales, financieras y políticas. Es la ausencia de  estas reglas la que generan el déficit de la potencia cívica de la moneda única, no la existencia misma de esa moneda.

Embriagado por la gloria y las victorias militares, el coronel Aureliano Buendía decidió que nadie podría acercársele a menos de tres metros de distancia, y sus edecanes trazaban a su alrededor un círculo de tiza que ninguno estaba autorizado a traspasar, ni siquiera su madre. Ese círculo de tiza es aquel en el que los históricos voceros y predicadores, y sus ambiciosos edecanes, quieren encerrar a la izquierda que quiere gobernar.

Ese círculo es más peligroso que el euro, créanme: es el que nos derrota, hoy como ayer.


jueves, 17 de septiembre de 2015

El toro de la Vega: metáfora de lo horrible

Casi todos los pueblos han mantenido horribles tradiciones; hasta que descubrieron que eran horribles. El Toro de la Vega es una de ellas, aunque la gente de Tordesillas no lo haya descubierto.
 
Puede amarse el torero alucinógeno de Dali. O puede sufrirse con la terrible simbología, oscura y brutal, del toro de Picasso. O puede haber, incluso, quien aprecie la tauromaquia. Pero el Toro de la Vega no hunde aquí sus raíces, lo hace en la crueldad.
 
Lancear el toro tiene un origen medieval. Algunas otras tradiciones también lo eran: robar miel era muy grave en el medievo y se castigaba con la muerte. La muerte por asesinato, sin embargo, era mas suave y a veces con solo pagar una multa se perdonaba.
 
Matar a una mujer embarazada era más duro que matar a una mujer menopáusica. Se trataba de cuidar la natalidad. Si alguien provocaba un aborto era muy castigado.  
A nadie se le ocurriría defender estas tradiciones en Tordesillas, o quizá si.
 
Los hombres “costaban” más que las mujeres. Algunas leyes permitían al marido de una mujer adultera matarla pero sólo de “un golpe” (la iglesia mandaba misericordia, ya se sabe). Algunas permitían estrangularla o arrojarlas a un pantano. Eso si, los incendios de bosques también eran castigados con la muerte. Un bosque valía más que la vida de una adúltera.
 
El toro de la Vega es la metáfora de las tradiciones horribles que perviven entre nosotros. Metáfora de la resistencia a la modernización de nuestra cultura social que no justifica la identidad cultural en la innovación sino en lo ancestral. Somos Vintage, mal que nos pese, porque los tatarabuelos y tatarabuelas de  nuestros tatarabuelos y tatarabuelas así nos lo transmitieron, por supuesto en pila bautismal.
 
La risa cruel sobre el que fracasa; la envidia sobre el que progresa, el golpe sobre el caído, el olvido sobre los derrotados, la cobardía en masa convertida en violencia de grupo, la ruptura en atriles de constituciones, el silbido a lo que otros respetan, las banderas que se queman,…horribles tradiciones, pero muy nuestras, si señor, que en la Vega de Tordesillas se tornan en lanzas contra un animal indefenso.
 
Infinidad de fiestas crueles jalonan nuestro suelo. Déjenme que les diga que esas fiestas solo son manifestaciones de lo horrible. El legado cultural en el que se amparan muchas de estas tradiciones solo revelan lo peor del ser humano, en general basado en machismo, crueldad y dolor.

No hará falta decir que ni quienes defienden la tauromaquia defienden al lancero, además tramposo; otra tradición de un país donde más que los jugadores abundan los trileros. Pero quizá convenga reseñar que muchos y muchas de ellos son tolerantes con todo lo que esas lanzas significan: nuestras más horribles tradiciones.
 
Suele el civilizado hispano llamarse al horror del pie vendado o la castración femenina,  de la invisibilización que produce el burka, y todas esas cosas que nos repugnan. Las tradiciones horribles que jalonan infinidad de festejos no nos indignan; al contrario; son ancestrales tradiciones, cultura, faltaría más.



lunes, 14 de septiembre de 2015

La unidad popular y el jardín de los egos.

Pablo iglesias firma un artículo en el que nomina como Pablo Iglesias al líder de los laboralistas británicos, que, afirma el mismo, es normal que lo comparen con Pablo Iglesias. Alberto Garzón quiere competir con Pablo Iglesias y monta un chiringuito para su mayor honor y gloría,  nueva máscara del PCE y fingir unas primarias que el también quiere, faltaría más, que le voten los amiguetes.

Eso si, tanto a Pablo como a Alberto se les da una higa los partidos en los que militan o con los que se coaligan: ni les importa hacerles desaparecer ni  les importa hacerles perder votos con discursos que en Catalunya nunca se practicaron desde la nunca mejorada definición del PSUC (“es catalán el que vive y trabaja en Catalunya”, diga lo que diga Pablo).

Pero es que en realidad, lo que no se lleva es la política de partidos, antigualla de vieja casta y lo que se lleva es el ego. Porque ni siquiera hablamos de liderazgo. El liderazgo supone una relación corporativa con distintos fines: aportar soluciones, impulsar buenas prácticas, orientar su desarrollo, transformarla. En suma, un líder significa una corporación en la que influir.

La nueva política se hace sin colectivos,  es una relación entre el jefe y el pueblo, sin mediaciones ni medias tintas, una cosa “madura”, Ustedes me entienden. Es el yo, frente al nosotros y nosotras; es mi foto frente al grupo; es mi cara y la calle, y los demás sobráis.

En el fondo, la nueva política practica un liberalismo tipo Adam Smith: para el interés de los demás, debes empezar por interesarte en ti mismo. Ese es el rezo que predican los mercaderes del ego que cancelan partidos, colectivos y organizaciones, sea en Buenos Aires, en Barcelona o en las páginas de un periódico. Esa es la nueva gimnasia: cultiven la soberbia si quieren practicar la nueva política.

Creían los laboristas británicos estar eligiendo un líder británico; error, elegían a Pablo Iglesias. Creían los de IU estar eligiendo la unidad popular; error, están eligiendo la patética patera para salvar el escaño de Garzón y las prebendas del PCE. Creía la afiliación de Iniciativa o de Podemos estar eligiendo una alternativa razonable al independentismo; error, están eligiendo la plataforma españolista de Pablo y Errejón.

Tengo para mi que ego y soberbia no serán suficientes. Ya hemos abandonado a Tsipras (que no queda bien) por Corbyn (conocida la habilidad del Labour para definir izquierdas que no quieren gobernar, no me sorprendería que acabáramos de forma parecida). Parece que difícilmente se asaltará el cielo catalán con un entorno del diez o el doce por ciento. Tengo para mí que lo de Garzón mueve ya más a penosa lágrima que a risa.

Cree el personal que anda en cosas de unidad popular, popularísima y, en realidad, solo hablamos de comercio de escaños, planchas para manipular primarias, codazos para arrinconar partidos, mientras lo ignoramos todo de programas y propuestas. La Unidad Popular se ha convertido en un jardín de egos donde todo el mundo presume de lo que carece, se apunta méritos y logros que nunca fueron suyos.

Egos que no solo ahogan y destrozan a las viejas formas de hacer política sino a las nuevas: desde que andamos con el cambio y las unidades populares hay menos movilización social, a pesar de más escándalo y mismos recortes. Pero es que interesa el ego, no el nosotros y nosotras.

viernes, 11 de septiembre de 2015

Ha sido Ángela

Pues igual les duele; pero ha sido la reaccionaria. Ha sido ella, la malvada criminal que perseguía al gran Varoufakis. Ella, la cómplice de la corrupta Lagarde. ¡Anda!  ha sido ella, la nazi de la troika, la que ha convertido al pueblo más perseguidor de la historia en el pueblo que acoge más perseguidos en la historia.

Ha sido Merkel quien ha afrontado la xenofobia de los históricos reaccionarios de Baviera, la que ha empujado a la tibia Europa a la acogida.

No ha sido la izquierda del asilo que aún duda, según familia, en bombardear a los jefes o a los rebeldes, pero a la que le encantaría bombardear a alguien. No ha sido la católica derecha italiana o española. No; ha sido la Merkel.

No ha esperado una imposible decisión de los burócratas europeos, se ha saltado las reglas de Dublín, tan absurdas como injustas. Ha sido ella la que ha llamado a respetar la dignidad del ser humano, imponiendo a España y a Francia, las cuotas que habían rechazado. Ha sido ella la que ha impuesto la regularización de los rechazados y las rechazadas.

Ha sido ella quien ha empujado a las extremas derechas en lugar de dejarse empujar y la que ha permitido que las solidaridades ciudadanas, las asociativas, las de los gobiernos municipales se hayan puesto en marcha. Ha sido ella, la reaccionaria, la que ha movilizado a partidos políticos que no habían dicho ni mu, ni los nuevos, ni los viejos, hasta la dramática foto del niño ahogado.

Ha sido la Merkel, la nazi, la que se opone a la Europa de los pueblos la que ha impuesto el primer momento político europeo, de verdad, en los últimos cuatro años.

Hay que ocultar que ha sido ella. Así que deberemos convocar sesudos análisis poblaciones que digan que es una decisión puramente económica y de interés alemán. El severo declive poblacional teutón le obliga a trabajar con nuevos inmigrantes y refugiados, dicen sesudos analistas, si quiere mantener su potencia económica y el monstruoso excedente comercial que le permite financiarse a coste cero.

Oh, que tranquilizador es el argumento si no fuere porque el resto de Europa anda, más o menos, igual. El envejecimiento de la población (en veinte años Europa solo ha crecido un 0,2% frente al 1,2% el planeta), la caída de población durante la crisis (abandono de inmigración), la explosión demográfica en África, multiplicada en sus efectos por el cambio climático, la estructura del modelo social, son situaciones que conciernen a todos y todas los países europeos.

Era, es, el momento, de resolver los problemas de hambre y guerra en medio mundo. Problemas de guerra que han creado, entre otros, las ganas de intervención militar del derecho a la injerencia, tan amado por parte de la nueva y la vieja izquierda y por la derecha atlántica. 

Pero es, también, momento de construir una nueva base de población (y de derechos de ciudadanía) para la recuperación económica y social. 

Se siente, pero ha empezado ella: la reaccionaria. La vieja y la  nueva izquierda, los de la casta y los del cambio, a rebufo y pancarteando. Es lo que hay.






miércoles, 9 de septiembre de 2015

EL Silbido

“Dame un silbidito” se cantaba en Pinocho. “Solo tienes que silbar” le decía la impresionante Bacall al macarra de Bogart. El silbido lo practican en los andamios los aprendices de mono machistas. Se aprende a silbar para avisar al distraído.  Montaraces pueblos se comunican con silbos.

Incluso el silbido se integró en nuestro siglo de oro al formar parte de la tríada (silbo, berza y ladrillo) con la que los asistentes airados a la Corrala afeaban las malas obras y malos actores. Silbidos han acompañado en plazas y campos a matadores y, por supuesto, a futboleros como  Di Stefano, Zidane e, incluso, qué escándalo por dios, a Casillas.

En esas estábamos, en un país en que por envidias y orgullos somos más de silbido que de aplauso empático, cuando el silbido se ha convertido en cuestión de estado.

El Ministro de Cultura, que no ha oído, por cierto, los silbidos al IVA cultural se ha pronunciado oficialmente: no nos gustan los silbidos a Piqué. Cuestión de estado.

Uno cree que el tal Piqué es el graciosillo rico con su bomba fétida que siempre nos tocaba en el cole, pero al que había que aguantar para que te invitara a su cumpleaños. El niño de papá malcriado que cuando se tomaba una copa se convertía en el macara tipo “tu no sabes con quien hablas”. Aquel a quien que no se le puede llevar la contraria, el que paga las copas solo al que le ríe las gracias. El gili inmaduro de turno, vamos, que, a la primera, como han hecho sus compañeros, se lo quita uno de en medio sea de capitán o de jefe de la banda.

Pero lo cierto es que al tipo no le pagan por su saber estar, su elegancia o su madurez, de hecho le pagan por lo contrario, sino por jugar al futbol, cosa que, en mi opinión y en la de otros, hace con cierta competencia.

¿Por qué el silbido en León u Oviedo ha levantado las alarmas patrias? Porque verán Ustedes, después de rebautizar a la selección nacional como “la roja” para no llamarla España, y no molestar, faltaría más, el silbido nos trae la cruda realidad.  En un mundo, el deportivo y futbolero donde el mercenario es el más afamado, a Piqué no se le silba por las sandeces que dice y hace en los campos o en sus noches de copas, ni siquiera por su cutre antimadridismo de manual : se le silba, por “libertad de expresión”, Ustedes me entienden.

Cuando Piqué legaliza como gesto de libertad la pitada al himno español, está liberando la pitada a lo que él ha decidido representar: la versión radical de un nacionalismo que, créanme, animado más por medios y voceros políticos que por las sociedades española  catalana, empieza a enervar socialmente. Por eso, el silbido debía preocuparnos.

Yo se que Ustedes están atentos a las cosas importantes de la superestructura, a como la ideología dominante, faltaría más, adocena a los pueblos. Pero deberían, se lo vengo avisando aquí a menudo, prestar atención a lo que ocurre en las vísceras de los pueblos, para que luego  no se me lleven sorpresas. 
 
No desprecien el silbido: esconde ira.

lunes, 7 de septiembre de 2015

Sindicatos: Economist, Podemos, Piketty… y lo que venga.

The Economist ha hecho lo que suele. Tras descubrir en enjundiosa investigación que “los trabajadores europeos han pasado un verano descontentos”, y con el glorioso título de “nuestro turno de comer”, viene a advertir que, aprovechando la recuperación (afirmación preventiva, por lo que se ve), unos fenecidos sindicatos que nada han hecho estos años, naturalmente, vuelven a las movilizaciones, eso sí solo salariales.

Lo que suele hacer The Economist es, también, despachar temas como la evolución del sindicalismo europeo en una columnita de cincuenta líneas, de las que seis se dedican a España.

Lo que The Economist reprocha a los sindicatos españoles es sencillo: se han ocupado de sus afiliados y sus salarios; han entorpecido la creación de empleo, mientras se enfangaban en corrupción y, como parte del sur de Europa, “los trabajadores insatisfechos han cambiado su lealtad a los sindicatos hacia nuevos partidos políticos de izquierda que tienden a centrarse en protestar contra la austeridad en lugar de presionar por aumentos salariales”.

No deja de ser paradójico en un análisis económico sobre la austeridad que se ignore que la defensa del salario (y por lo tanto de la capacidad de consumo) es fuente no solo de crecimiento sino, también, de la igualdad arrasada por las políticas de austeridad.

Interesa a The Economist la nueva política porque interesa liquidar definitivamente el estado de bienestar en el que concertación, sindicatos y regulación colectiva han jugado un papel esencial. Aquí la contestación de las Comisiones Obreras que me ahorra el gasto de más explicación.

Coincide la biblia neoliberal con los nuevos “libertarios” (no se sabe si de izquierda o de derechas) en incluir a las centrales sindicales en la política de la vieja casta, la transición y los viejos apaños. La “gran barredora” de Errejón o la bomba de relojería de Iglesias (tic – tac) nunca han ocultado su desprecio a las centrales sindicales a las que atribuyen los mismos males que a la vieja política.

De hecho, fundido el penoso intento de Somos por las elecciones sindicales, que, naturalmente, no representan a nadie, faltaría más, nace ahora, con la ayuda de algunos sectores del PCE, buscando nuevas máscaras electorales, sociales y sindicales compulsivamente, el “Ahora en común Sindical”, con el único objeto de arañar la capacidad de influencia de las centrales.

Es bastante probable que la solvencia y capacidad de regeneración que siempre mostró el sindicalismo español en democracia (a pesar de la debilidad heredada de  años de ilegalidad, de la escasa cultura afiliativa y del castigo de sucesivas reformas laborales) supere estos intentos de fractura, que solo pretenden arañarle al sindicato algunos sectores corporativos que negocien, por su cuenta, con la administración pública.
 
Pero no debe despreciarse la potencial influencia del populismo en la regulación colectiva de los derechos laborales futuros. Tanto Podemos como Ciudadanos sugieren, a ratos, medidas que debieran preocupar a las centrales sindicales.

Parece que los economistas nacionales son más dados al populismo de derechas de Rivera o, en todo caso, no encuentran los chicos del cambio un economista que sacar en la Sexta. Sea como fuere, la aparición de Piketti, en este contexto, puede no ser, necesariamente, una buena noticia, para las centrales, para nuestra economía y para el propio, y desconocido, programa de Podemos.

Por un poner, Piketti es algo escéptico sobre la renta mínima universal de la que escribe, en un texto bastante contradictorio, que sus efectos redistributivos “pueden realizarse mediante herramientas institucionales existentes”. O sea, que no es partidario, aunque parece entender a algunos “libertarios de izquierda” por razones culturales (el rechazo a las subvenciones de los más pobres).

En materia sindical, Piketti no es muy entusiasta, para que engañarse. Los sindicatos “no son herramientas eficaces de redistribución”, escrito está en el contexto tanto de las retribuciones como del cierre de los abanicos salariales.

Piketti, en realidad, parece más cerca de la propuesta de Ciudadanos al proponer transferencias fiscales a los salarios más bajos (lo que en las actuales condiciones de poder de empresa haría bajar los salarios pagados y, también, las cotizaciones sociales del empleador).

De hecho, a Piketti le molesta bastante que la redistribución “adopte formas de gasto social y no de transferencias entre asalariados”. Hecho que le sitúa, de nuevo, junto a Ciudadanos, ignorando, por ejemplo, a parados y paradas y más preocupado por los mal pagados hijos de las clases medias.

Piketti no niega, faltaría más, la “regulación colectiva del mercado de trabajo” pero tampoco la reducción del peso de los sindicatos siempre que el estado aparezca, a través de las citadas transferencias a los salarios más bajos, más eficaz redistribuyendo que las centrales.

En suma, libertarios de izquierda y derecha, se aprestan a empezar la segunda vuelta de la crisis (la recuperación sin empleo, con bajas rentas y desigualdad) con una nueva agresión a las centrales sindicales.

Aprendí hace tiempo que reuniones de células, soviets, comités de partidos, nuevos o viejos, redondos o cuadrados, para cercenar la autonomía sindical solo perjudicaban a los sindicatos y a los trabajadores y trabajadoras. Así que me abstendré de consejo, esperando de quienes ahí hacen su trabajo su reflexión sobre la nueva situación y la defensa de esa idea (por supuesto, vieja) del sindicato que sigue viniendo de “abrasados corredores” a los que Neruda ofrecía océanos.

viernes, 4 de septiembre de 2015

El Chute

Ustedes que han seguido mi trecho enfermo, deben saber, igualmente de mi terapia. Conozcan, pues, que anoche, y hoy viernes, me he pasado por mi hospital madrileño favorito: tocaba chute.

Se trata de añadir a mis células un fármaco que, al parecer, les obliga a tener un comportamiento decoroso y a dejar de atacar a mi propio cuerpo. Mis células, como su propietario, son un poco enredadoras y van a necesitar al menos seis meses de disciplina y chutes.

Deben, igualmente, conocer que los indicadores que emite mi sangre ya se aproximan a los humanos, progresando mi salud adecuadamente. La manada médica ha pasado puntualmente. Al parecer voy bien; cuánto y cómo es su secreto. Eso si, harán un informe, para el que, naturalmente, necesitaré traducción.

Les confesaré, puesto que ya conocen mi adicción a las vacaciones hospitalarias, que son estos días relevantes que requerían una visita de Hospital. Se inician las fiestas patronales de Arganda, ciudad que me acoge: días de toros y gachas, con prohibida harina de almorta preparadas, bajo advocación de la oportuna virgen.

Efeméride muy ponderada por las autoridades municipales, siempre dadas al exceso lírico, que solo con adecuado chute puede sobrellevarse. Irse a un hospital en vísperas patronales debiera ser de obligado cumplimiento, como me reconocerá cualquiera de quienes participan en tan afamados festejos.

Este chute no es apasionante. No hay máquinas estridentes, ruidos especiales, ni terapias modernísimas de la muerte. O sea, un aburrimiento. Horas amarrado a un gotero y a esperar.

Mi compañero de celda, un caballero a más de buen samaritano, ha asumido la tarea de vigilar el ritmo de la gota. La tarea parece innecesaria pero el hombre parece estar haciendo un master sobre la ley de la gravedad y los vasos comunicantes y no va uno a desanimarlo.

El chute este va por partes. Premedicación, medicación y un final. Casi 24 horitas, que si no se alarga la cosa parece como que no te curas. Qué es cada cosa. No pretendan Ustedes que me entere. Estoy rodeado de médicos. O sea, primero, no me lo van a contar y si me lo cuentan, no me voy a enterar, dado el lenguaje abstruso que utilizan

He vuelto, fugazmente, al hospital ¿con quién me he encontrado? Si; lo han adivinado: el jefe de cocina ha vuelto de nuevo a castigarme. Pero esta vez me pilla preparado: una banda profesional, que además cobra en B, se va a ocupar del asunto.

Ahora, les dejo. Voy a escribir un guasap a la nueva corporación de izquierda, apoyada por los alegres muchachos de las birras y el cambio, que nada cambian, proponiendo que ante tanto toro y gachas, con prohibida harina de almorta preparada, la ciudadanía, pase por hospital.

Ya que solo con un chute puede aguantarse, que sea controlado ¿no creen?

miércoles, 2 de septiembre de 2015

Escribo sobre quienes mueren

Ha sido un verano de muerte, para que engañarnos. Un muerto es un escándalo, decía Goebbels, muchos son una estadística. Esta es la ley nazi de los grandes números de este verano maldito.

No me puedo guiar por las fotos de  portada de El País: qué quieren que les diga, lamento las muertes por ahogamiento o asta de toro, al parecer crecientes. Pero el faro y guía de occidente me hablaba de toros, cuando una mujer moría asesinada, o de ahogamientos en piscinas y playas, cuando la mediterranía, desde Algeciras a Enstanbul, se llenaba de muerte de patera.

En solo dos meses y medio de verano, según la contabilidad de feminicidio.net han sido asesinadas 34 mujeres por hombres (cuatro de ellas eran niñas). Los casos representan el 54% de los 63 feminicidios y otros asesinatos de mujeres cometidos en este año. En media,  una mujer fue asesinada cada dos días. Goebbels estaría encantando.

Mejores argumentos que los míos han sido expuestos. Yo recomiendo aquí los de Lidia Fernandez, Libertad Martinez o Nuria Varela. Abundantes razones. Pero déjenme que les diga que empiezan a sobrarme razones para pasarme a la ira, directamente. Mientras escribo esto, me llega que una chica valenciana ingresa en coma en un hospital. 
 
Comprenderán Ustedes que el soberanismo, las primarias o las unidades populares, popularísimas, se me den una higa cuando las mujeres mueren.
 
Cuando observo, con asco, como la Europa de balneario se deshace ante la peor ola de refugiados de la historia, cuando las alabadas primaveras y muy notables estrategias democratizadoras del oriente se disuelven en el espanto de la huida por la superviviencia.

Cuando observo que algunos se escandalizan más la destrucción de Palmira (deleznable ejemplo de la intolerancia religiosa y el papanatismo teológico) que por esos monumentos al racismo que son el paso de Calais o la Estación de Budapest.
 
Tras meses de gritar sobre la malvada troika, levantar puños y desear la destrucción de Europa, no oigo el mismo ruido por la patera hundida, el cadáver de un niño, la asfixia en una camioneta. 2500 inmigrantes han muerto en lo que va de año, el 70% de los que murieron el año pasado en doce meses. Goebbels de nuevo, un número grande que nos evita la ignominia de sentirnos aludidos.

Nos pedía Roberto Fernández Retamar “ pongámonosa morir un poco, hasta que se remedie esta injusticia”. Yo solo escribo de quienes mueren, los nombro a todos y a todas para que existan en su memoria. Reclamo la Europa de asilo, acuerdo y convivencia que nos prometimos a nosotros y nosotras mismas.

Escribo sobre quienes mueren para que sean visibles ante los ojos del balneario.

martes, 1 de septiembre de 2015

Septiembre, cuanto ruido

De vuelta, y en qué jornada. Aquí está el mes donde se vuelve, cosa que es normal, y habla, que ya es peor. Con lo hermoso que es el silencio oiga y, sin embargo, todo el mundo se siente en la obligación de decirnos la suya y darnos el mes. Qué suerte la de los romanos, cuando septiembre era el mes siete y parecía como Julio.

Pues aquí estamos, ya les digo. Tendremos más sobre Grecia, tendremos soberanismo hasta en la sopa, tendremos precampaña de las generales y, por supuesto, a los agitadores de la unidad popular, popularísima, vendiendo la moto, al parecer por provincias, para cargarse a las respectivas izquierdas políticas. De todo, en el mercado.

Así pues, sabremos si Tsipras es un traidor (como al parecer somos la mayoría de  nosotros y nosotras) y se desea que los griegos se salgan del euro (gracias a la unidad popular popularísima, la griega naturalmente). También sabremos si vamos a hacernos fotos “Syriza, Podemos, venceremos” ya saben Ustedes, a costa del sufrimiento de los griegos.

Nadie nos ahorrará ver a Garzón buscar adecuada provincia en la que ubicar escaño propio mientras a sus colegas les dan un golpecito de confluencia hacia el encefalograma plano.

Mientras, Manola Carmena disolverá partidos políticos (casta y antigualla que solo sirven para llevarla al poder), hasta que solo quede uno, claro. Felipe Alcaraz, el comunista andaluz más exitoso del comunismo occidental, como todo el mundo sabe, seguirá de insultante vigía del que disienta, especialmente por ver si le cabe alguna inacabada expulsión retroactiva, generosos poetas incluidos.

Prepárense, adicionalmente, para un ataque de soberanismo. Ahora ya sabemos cual era el problema: los extremeños reducían el tres por ciento: intolerable. Catalunya necesita la independencia porque las comisiones son, faltaría más, para el que se las trabaja.

No aspiren a entender nada: allí los de izquierda defienden a los de derechas y corruptos, porque son de la cosa patria; y los de derechas convocan a los de izquierda por similares razones patrióticas. Errejón camina como alma en pena de soberanista los lunes y de pasota los martes, porque él siempre ha estado por el derecho a decidir, pero sin decidir hasta que toque, que toca cuando el patrón de Podemos diga.

Los que no son patriotas de la cosa no dejarán de decir tontunas de esas que epatan: un día quitamos competencias, otro policías y al siguiente inmigrantes. Cosa de limpieza de soberanismo.

Rajoy (y sus correspondientes mochilas judiciales) nos alertarán sobre los riesgos de este Sánchez lanzado en brazos de radicales mientras el Sánchez, a los suyo, pasea halo por el universo, por si los extremismos de unos y las tonterías de otros le regalan un triunfito moderado.

¿Y nosotros y nosotras? Pues, oiga, tenemos cosas que hacer. Probablemente, dejó una tarea inacabada en julio o, a lo peor, tiene Usted que buscar tarea. Los libros de los críos están carísimos y las guarderías más; del material escolar y elegir las extraescolares ni hablamos. Yo voy a volver a ser abuelo, así que estoy liado. 

O sea, que casi estoy por pasar de tanto ruido.