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miércoles, 27 de abril de 2016

Atención, hay follón en el Burdel

El pianista del Burdel, que de paso es jefe, ha puesto pie en pared. Ha despedido a pianistas de otros burdeles a los que permitía tocar en su negocio. Y ha prohibido a sus músicos pasarse por otros locales similares. 

El caso es que algunos medios han implicado al Presidente del Grupo PRISA en los papeles de Panamá. Bien es cierto que el caballero no aparece en los papeles pero si nos citan a Teresa Aranda o Farshad Zandi no nos damos por enterados o enteradas.

La única forma de que la noticia sea de alcance es acompañar a los citados nombres con la “relevancia social” del personaje, como dicen en la Sexta. En El Diario lo que dicen que esto es lo que sabemos “por ahora”. O sea, paciencia que podemos tener nuevos episodios. 

Los periodistas afectados por el cabreo del prócer han reaccionado, naturalmente, levantando la bandera de la libertad de expresión y la persecución. Al parecer, la visibilidad en medio ajeno es más relevante que la dirección de los asuntos propios. 

Naturalmente, no se encuentran en las hemerotecas quejas muy similares cuando la exclusión afectó a otros u otras; tampoco sobre el uso y abuso de profesionales a bajo precio o cierres algo fraudulentos de medios. Naturalmente, no se ha dado cuenta de algunas cuentas en paraísos fiscales a nombre de sociedades de muy afamados y nuevos editores. 

Para evitar que creamos que todos los periodistas son iguales, los profetas de la ética y sus manuales se revelan, faltaría más, y buscan la culpa del malvado. La cuenta de Panamá debe ser el epítome de la transición, afirma el nuevo periodismo buscando la complicidad del ruidoso entorno. 

Debo decirles que si el caballero no sale en los papeles no me parece bien vincularlo a la noticia. Y si los profesionales de la cosa están preparando el camino mediático a informaciones que no se han publicado “por ahora”, como dice El diario, tampoco me parecería bien ese tratamiento de marketing de la información. 

Por su parte, el jefe del faro y guía de occidente se enerva por cualquier cosa. A uno, fíjense, más que las cuentas a nombre de su ex o su amigo, le preocupa la gestión del medio, el maltratato a las redacciones, profesionales malpagados y malpagadas, deudas financiadas con ventas inexplicables, y esta pequeñas cosas que han derruido un imperio y de las que la profesión no quiere saber.

Pero prestamos atención: hay follón en el burdel. Las cainitas luchas que ustedes conocen en casi todos los medios profesionales serán pequeñas en cuanto se ponga en marcha el lado oscuro de la cultura corporativa que anima la profesión. 

Advertidos y advertidas quedan, no se lo pierdan. 

domingo, 24 de abril de 2016

Soy un dragón furioso pero Puigdemont no es San Jorge.

Soy culpable: cito de memoria en castellano a Verdaguer, imperdonable afrenta (“Cuando te miro en la falda de Montjuic sentada…”). Culpa de mi padre, catalán y barceloní, que creía, al igual que Verdaguer y Cervantes, que Cataluña era “archivo de cortesía” y no molestaría a nadie que un humilde aragonés citara la Oda a Barcelona en castellano. 

Incluso, en acceso incontenible de furia, suelo recordar que mi errado padre – empeñado en traducirme su lengua- también me enseñó a decir, como Espriu, “recuerda siempre esto Sefarad” 

Ese poema de Espriu trata de la concordia. O sea, que no importa tanto en que lengua se recita sino lo que dice: “ningún pueblo debe morir por un hombre solo, recuerda esto Sefarad”. Deduzco, igualmente, que ningún pueblo debe morir por un imbécil, por muy Presidente de la Generalitat que sea.

Uno tendería a creer que la amenaza a los pueblos vendría de quien ha aumentado el déficit más que nadie al tiempo que recortaba el gasto social más que nadie.  O de quien pone el tipo marginal del IRPF más alto de toda España mientras acumula la deuda más alta de toda España. 

Pero no; la historia europea más dramática nos enseña que la pequeña burguesía cabreada y los hijos e hijas airados de la pequeña burguesía empobrecida tienden a buscar enemigos en el exterior, de raza o creencia, que justifiquen sus desmanes. 

Así que no le den vueltas: la culpa del déficit público y social catalán y sus horrendos fundamentos la tienen los extremeños, por un poner, y la del fiasco del proyecto político de la dirigencia catalana la tenemos quienes no andamos en la colla del nacionalismo, convertidos en furiosos dragones por gracieta de Puigdemont que, se ponga como se ponga, tiene más de predicador que de San Jorge.

Pero lo ha dicho Puigdemont y, por muy imbécil que les suene la cosa, si el aserto es nacional y nacionalista, no es, naturalmente, erróneo sino verdad verdadera.

Mi padre me enseñó aquello que pretendía  Espriu: ” I mira de comprendre i estimar les raons i les parles diverses del teus fills”. Pero el caso es que eso no me libra de ser un furioso dragón que, al parecer, amenaza a los catalanes y catalanas más que su propio gobierno. Porque resulta que no debemos comprender sino acatar, so pena de que Puigdemont nos convierta en fieras furiosas.

Naturalmente, estas sandeces – y las graves cosas que esconden y que por desgracia ya no son tan sandeces – serán culpa de Rajoy; porque si no fuera por él, faltaría más, ningún independentista diría tonterías y menos aún amenazaría a nadie con lancear o quemar a los identificados como dragones. Si no fuéramos de la caverna entenderíamos las ansias presidenciales por matar dragones. 

Mi padre también me enseñó, anys enllá, a leer a Marti i Pol. Así que mientras espero que venga el imbécil de Puigdemont a clavarme una lanza les dejo con unos pocos de sus versos: “res nos ens commou com saber-nos deutors d´aquells records …invocant-los vivim…l´orgull de ser qui som ja fa deu segles”.

viernes, 22 de abril de 2016

Indiscreción fiscal, macarras políticos y las cosas donde solían

Entre Aznar y Monedero hay un par de parecidos razonables: los dos utilizaron sociedades para no tributar ingresos profesionales y ambos se han quitado el muerto de encima con cara de inocencia. Hay, también, dos diferencias: a Monedero le avisaron con tiempo, a Aznar le han clavado una multa; la información sobre Monedero es una investigación periodística, la de Aznar es una filtración de origen público. 

El asunto fiscal es bastante sensible y, probablemente, está tratado con bastante pacatería y poca voluntad de transparencia en la legislación. Dicho lo cual, convendría afirmar tanto que la ley está para ser cumplida como que una sanción no tiene, necesariamente, su origen en una malversación. 

Ninguna de ambas cosas suelen considerarse en las publicaciones y tampoco cabe duda de que los agujeros y filtraciones han alcanzado niveles que promueven una notable inseguridad jurídica. Quiero decir que Aznar tiene razón cuando acusa a la Administración del Estado de revelación de secreto y que la Agencia Tributaria parece un instrumento indecoroso en manos de Montoro.

Si el Ministro de Hacienda ha venido a portarse como un auténtico macarra con un colega, el Ministro Soria, anunciando sin competencia que le manda la Agencia a investigar, calculen como somos tratados los demás.

Esto de hacer el macarra es cosa moderna. Forma parte del nuevo decoro y protocolo político. Por ejemplo, si empieza a no gustarte que los medios publiquen ciertas cosas conviene dedicar una conferencia universitaria a amenazar a periodistas y medios. 

Naturalmente, si te llamas Iglesias, primero insultas, asustas. amenazas y luego pides humildemente perdón, anuncias un debate y, hala, pelillos a la mar. Es cosa del nuevo macarra político, que desprecia la forma y su importancia, porque desprecia el contenido. No me sorprende que Iglesias se reúna con Anguita ya que comparten metodología similar: primero convocan al desmán, toman una decisión y luego abren una reflexión. Ayer fueron periodistas, mañana será la afiliación de IU.

Lo macarra se lleva, incluso desde la cárcel. Un tipo, detenido por tan raros como turbios manejos de recursos públicos, acaba usando una videoconferencia desde prisión pare ejercer de chuleta ante unos probos diputados y diputadas que tampoco parecía no crean ustedes, que tuvieran mucho que hacer

O sea, que las cosas siguen donde solían, Llevaba yo en silencio una temporada para no hablar siempre de lo mismo. Pero ya ven, no hay manera: corruptos que nos escandalizan y macarras que nos amenazan; viejos manipuladores y nuevos muñidores; viejos y nuevos incompetentes incapaces de darnos un gobierno. Es pa no volver.