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jueves, 29 de septiembre de 2016

La izquierda en funciones

Vuelvo en Octubre me dije, tras mi última ponderada opinión veraniega. Contaba con un gobierno. Mi gozo en un pozo: el Gobierno sigue en funciones y la izquierda se pone. No voy a echarle la culpa a los electorados, a mayores o a gente de las aldeas, eso se lo dejo a los muy solventes análisis de los “preparaos y preparás”.

Tiene su cosa lo de las baronías pero comprenderán que, habiendo conocido “liderísimos” que se entendían con la militancia y con Dios sin intermediario, no me crea mucho el asunto de sillones contra militancia. 

No nos liemos. Con Sánchez acabó Iglesias, negándole el gobierno del cambio y abocándole a elecciones para que ganara la derecha. Sánchez pudo impulsar el cambio. Podemos lo impidió, a cambio de algún “sorpasiño”. Así que menos rollito solidario que huele a cinismo populista. El cambio, listos y listas era en Marzo. 

Sánchez ha contribuido a su propio ocaso. Su partido requería una gestión basada en consenso, alta participación y trasparencia. La ciudadanía exigía una propuesta creíble de estabilidad. La impresión de que el cálculo orgánico ha primado sobre la gestión política, de entendimientos opacos con alianzas imposibles, de cúpulas que ponen por delante lo orgánico frente al electorado o de que cualquier rufián que sumara valía no es una invención mediática. 

El problema de fondo, no atribuible a Sánchez, es que una crisis recorre al conjunto de la izquierda europea. La crisis financiera y las políticas de austeridad han generado un populismo que ha contaminado a la izquierda y ha fracturado las bases sociales de su cultura democrática.  Un nuevo proyecto de izquierda requiere tiempo y reflexión. Necesitamos principios, ideales, propósitos y programas y, mientras tanto, hacer política.

La izquierda ha sustituido contenidos por confrontación o por lógicas territoriales antes que sociales. Aspira a dar miedo o se anida en la irrelevancia. 

Lo que puede reprocharse a las baronías no es que carezcan de militancia, la tienen seguro, o se opongan a ella. Más que la demagogia de secretario de organización conviene reconocer que su error es que limitan el repensar del proyecto y su apertura. Las artimañas estatutarias son probablemente recurso innecesario. Su acierto consiste en afirmar que la gente también quiere estabilidad y gobierno.

La posibilidad de influir en un gobierno en minoría despreciada por la cúpula socialista y animada por grititos histéricos de resistencia ha fortalecido a la derecha. Tras los golpes de barones izquierdistas y líderes del populismo que fumigaron a IU, el PSOE es una izquierda necesaria pero que, visto lo visto, está en funciones. 

Yo ya se que no soy tan listo como quienes empatan con Dios todas las mañanas pero, créanme, ni el numantinismo de Sánchez ni las firmas críticas resuelven el problema clave: queremos, necesitamos, un gobierno.