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jueves, 18 de septiembre de 2014

El pianista del burdel se hace antisistema

Hasta aquí hemos llegado; ha dicho Cebrián. Me voy del sistema.

Toda la vida muñendo relatos inverosímiles para que, ahora, no me hagáis ni caso; los periodistas y las periodistas me ignoren; no pueda pisar la redacción de mi periódico y los capitalistas me racaneen las pelas que se necesitan para pagar la ingente deuda creada por mi magnífica visión global.

Cómo se puede tratar al primer ejecutivo de la editora del faro y guía de Occidente como si fuera un desahuciado cualquiera. Hasta aquí podíamos llegar, panda de corruptos.

Por qué sabido es: quien no abona cuota al medio de Cebrián es un corrupto institucional, un traidor a la democracia. Menos mal que hemos tenido a Botín para aguantar España y PRISA frente a los desalmados que nos han perseguido.

El pianista del burdel ha hecho balance. Ya ha conseguido que la familia que tenía el 70% del negocio solo tenga el 16%. Ya ha conseguido que lo que era capital español sea mexicano. Ya ha conseguido, con adecuado ERE, que desaparezcan los periodistas de antaño.

Es su éxito que en El País los periodistas se paguen como a las señoras (o señores) de la limpieza Éxito es vender digital+ y, en cuanto le dejen, vender canal+. Éxito es que mande un fondo buitre. Éxito es que los representantes de la casta financiera (Caixa, Santander, Telefónica) dirijan la línea editorial del periódico.

Hecho tal magnífico trabajo, liquidado lo que había que hacer, garantizado un salario de banquero y una jubilación de sátrapa, el pianista del burdel ha mirado al tendido, ha puesto cara de hastío y ha dicho: decidle a mi mamá que me marcho del burdel; aquí hay mucho corrupto institucionalizado.

Y viene, de nuevo, a salvar la patria. Él, que lleva años trajinando con el sistema; él, que lleva años chalaneando con la casta desde que él mismo la creó. Él, abandona el barco, minuto antes que las ratas. Los de Podemos escuchan, ha dicho el pianista, tomando su último güisqui en el burdel.

Los de Podemos tendrán que corregir un par de cosas. Qué es eso de una ley para controlar los medios, en plan chavista. Qué es eso de no pagar deudas con lo bien que me ha ido, dice Cebrián, renegociar mi deuda para que pague la familia propietaria, y yo obrero de toda la vida, aumente mi salario.

Cambiado esto, viva el antisistema, dice el pianista del burdel y afirma, en editorial opinión glosada, que la casta existe pero que él nunca, pero nunca, nunca, ha estado ahí.

En el foro de la Nueva Comunicación, el pianista del burdel ha abandonado la casta, la Constitución, el sistema. Y yo me veo en las calles con el pianista y me da pavor.

Y a uno que ha sufrido los efectos de la "cultura Cebrián", estimados y estimadas, le huele a rata que abandona el barco, que quieren que les diga.

Ya sabemos que los Botín, Pedro J, Cebrián y demás están contra el régimen. No se sí esa es mi trinchera, que quieren que les diga.

 

lunes, 15 de septiembre de 2014

Economía, ¿alguna propuesta baja en tonterías?

Mientras Podemos anuncia la compra de los sectores estratégicos de la economía española, al responsable de la cosa en IU, un tal García, le preguntan sobre sus diferencias con el programa de Podemos. El prócer, sin inmutarse señala: la planificación de la economía.
 
O sea, muy tranquilizador viniendo de las dos fuerzas que aspiran a sustituir al bipartidismo. Y seguro que Ustedes y yo tenemos que preguntarnos si, antes de que llegue el paraíso, por Comité Central o reunión de asesores de líder decidido, tenemos algo para el final de mes.
 
Ustedes y yo sabemos que IU nunca ha planificado economía alguna, desde Córdoba a Rivas. Y sabemos que  Podemos no comprara sociedad estratégica alguna. Pero no sabemos que harán con nuestra vida pasado mañana.
 
El programa de Podemos es el programa de IU, con alguna ocurrencia, como la de suprimir la amortización de los balances o que la renta básica sea más alta que el Salario Mínimo. El Programa de IU es como el de Podemos con alguna antigualla, como esa de la planificación o alguna que otra alegría de industria insostenible.
 
No es la primera vez que las fuerzas alternativas se han enfrentado a la necesidad de reconstruir un discurso económico. Ocurrió en el 79, ocurrió tras la obsesión de Boyer y Solchaga por la peseta alemana y la crisis del 93. Se pueden rastrear en las editoriales los esfuerzos por hacer economía privada de folclore y, sobre todo, que no lanzara a la gente a barrancos imposibles.
 
Todas esos esfuerzos se han basado en una idea: en tiempos de crisis, protección y empleo. Y recursos para esos objetivos.
 
Solo comprar la mitad del sector energético del IBEX 35 vale tanto como ingresa el país por IRPF en un año, es una cantidad equivalente a lo que hemos recibido por el rescate bancario español o nos impediría cualquier recuperación de las políticas sociales, por un poner. Si suman ustedes la telefonía, la farmacia y todo lo demás ya me dirán.
 
Sospecho que Podemos e Izquierda Unida tienen un problema similar: no creen ni en el euro ni en la capacidad de la intervención política en la economía para construir lo que necesitamos: nueva política de rentas, nueva política de demanda y reconstrucción de la protección social.
 
Mientras los de la izquierda transformadora y los que no son de derechas ni de izquierdas se ponen a trajinar con propuestas originalísimas, el BCE empieza a sustituir las políticas de austeridad, con bastante sesgo: ayudar, una vez más, a la banca y al endeudamiento de grandes empresas.  O sea, que mientras nos despistamos con ocurrencias otros trajinan con realidades.
 
La cosa, me parece a mi, es que necesitamos un programa de economía bajo en tonterías: esto es, que ayude a la gente y no la confunda; utilice los recursos de que disponemos y no fabule, constituya una red de apoyo mientras llega el paraíso y cree empleo de calidad en sectores menos volátiles y con más productividad que los servicios.
 
O sea, hay que gobernar: más BOE y menos nacionalizaciones, háganme caso.


jueves, 11 de septiembre de 2014

El Cholo y los vientos del pueblo

 
Dijo el Cholo: “Somos el equipo del pueblo”. Y se acabó el debate; torció el gesto a modo de Monedero y no se puso la Kipá porque no la tenía a mano. Ni más, ni menos: lo ha decidido el profeta. Es lo que se lleva.
 
Y en estos tiempos que corren, los malos habrán de ser los poderosos y uno del pueblo, popular. Un hermoso cuento; lástima que, como todos los cuentos, sea falso y la pretensión del Cholo más vacía que el programa local de Monedero.
 
Como Ustedes saben, aunque les moleste, los obreros votan al PP. En las barriadas obreras no siempre gana la izquierda y así sucesivamente. Pero, el Cholo, insiste, “somos el equipo del pueblo” y los del otro lado del río son los poderosos. Ni izquierda, ni derecha: los de arriba y los de abajo y el Cholo se ha puesto a “abajarse” que es lo que se lleva ahora. .
 
En estos tiempos de encuestas y sondeos, disponemos de conocimiento preciso del comportamiento de las clases sociales. El pasado mes de Junio, el barómetro del CIS incluyó algunos datos sobre la pasión deportiva y futbolera de los españoles y españolas.
 
Lamentablemente para el Cholo, difícilmente puede ser el entrenador del pueblo ya que solo el 6,1% de los españoles sigue a su equipo, frente al 37,9% que, al parecer, sigue a los ricos del barrio de arriba. El Cholo ha heredado, eso si, una tradición muy de la izquierda del pueblo: nombrarse representante de los vientos populares con una cantidad de voto bastante inapreciable.
 
La opinión del sondeo, segmentada según clases sociales, dice que en la clase alta son más populares el FC Barcelona y, sobre todo, del Atlético de Madrid. En cambio, es entre los obreros no cualificados donde son más abundantes los seguidores de los de las diez copas, escaseando los “cholistas”.
 
De lo que cabe deducir que en el futbol se recrea algo que hemos observado, hace tiempo, en política: no hay relación entre voto y clase social, como no la hay entre pueblo y colores futboleros. Es lo que tiene la demoscopia, siempre te pillan en las tonterías.
 
Eso si, no es descartable que en estos tiempos de clausura de envejecidos conceptos, lo de la clase social sea una antigualla. Así, será pueblo el propietario, banquero o quartil superior de renta, siempre y cuando Cholo y los profetas, y no la observación social o de clase, lo decida. También es lo que se lleva ahora.
 
A uno no le importa quien es el equipo del pueblo porque el futbol pertenece a su propio universo que poco tiene que ver con el mundo real y si con lo emocional. Uno se identifica porque si, y allá profetas.
 
Ni el Cholo, ni el de la Kipá me sacan del pueblo. Es lo que hay.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

La muerte del banquero

Hoy, se inflamará el cielo: sopla una tibia y tierna brisa de muerto grande. Media España glosará la grandeza del prócer; la otra media recordará la podrida grandeza que se construye sobre el sufrimiento de desahuciados. Unos cuantos recordarán que la biografía se construyó sobre herencia y no sobre el mérito; otros elogiarán el fervor patrio de infartado.
Monedero, que ya se atribuyó la abdicación del Rey, someterá a referéndum en el Twitter si es responsable del infarto del poderoso. González, Aznar, Zapatero y todos los ex, presidirán, junto al ejecutante actual, procesión de elogios y bienvenidas a la heredera. Se podrá decir, de unos y otros, como en el Hamlet: canta(n) mientras abre(n) una fosa.
En lo que a mi respecta, no me gusta la muerte de nadie, compinche o adversario: cada muerte ajena me roba un pedazo de identidad. Entiéndanme, es como un escrache perdido o un cocido no compartido. Sólo reclamo, eso si, que las estrellas también se enciendan por el suicidio del desahuciado, que sus fotos presidan primeras páginas y su vida sea recordada. Si; una especie de socialismo de féretro: uno aspira a no tener que llevarse a la tumba un carné del sindicato.
No les quepa duda: en el almanaque de los banqueros muertos esta no será una fecha menor. Muere el tercer banquero del mundo, en beneficios, que poca cosa no es. Muere, probablemente, el último de los viejos banqueros: el que, contra todos los manuales del capitalismo contemporáneo, fue a la vez presidente, primer ejecutivo y máximo accionista de su banco; el último de la estirpe de banqueros españoles que ponía y quitaba mandamases.
Muere el que transformo una colla de ahorro cántabro en banco universal. Lo que quiere decir que pasó de financiar a la burguesía compradora de la comarca a la modernísima financiarización de la economía.
Asunto este para el que debe uno ser avispado. Habrá que ejercer de grupo de presión para que los gobiernos no enreden y, naturalmente, comprarle activos a escandaloso sobreprecio a un ex ministro de economía (Rato) o perdonar deudas a algunos partidos en el gobierno (Felipe González)
Habrá que colocar siete mil millones a octogenarios pero que el marrón de las preferentes se lo coman las Cajas. Habrá que dar ilegales jubilaciones y remuneraciones a directivos pero lograr que la Agencia Tributaria mire a otro lado. Habrá que quedarse con el Banesto o el Hispano, a precio de ganga, pero decirle al gobierno de turno que es por hacerle un favor a la patria.
Prácticas de buen gobierno, como todo el mundo sabe, a la que se suma una absoluta falta de empatía con los que sufren porque las mejores políticas son las que nos permiten alicatar de oro las cuevas de alibaba y los cuarenta banqueros.
Se ha muerto el banquero, el poderoso, el influyente y los que mandan en la economía española han perdido al mejor de sus representantes. Y uno, al que le puede el materialismo dialéctico, y prefiere la burguesía modernizadora a la de siempre, reconoce que Botín puso una pátina de modernidad a la cutre estrategia de acumulación y endeudamiento de los financieros españoles, hoy salvados por nuestros impuestos o las maniobras de Draghi (no se sabe si a causa de la presión de Monedero)
No encontrarán versiones laicas del fenecido banquero en los medios. Donde no era accionista, condonó o prorrogó infames créditos, o ambas cosas a la vez. Unos y otros, eso sí, en línea editorial, seguirán reclamando que los pobres paguen sus deudas para no pagar ellos las suyas. Mientras el banquero salvaba medios, llevaba al juzgado a unas cuantas pymes y autónomos por algún ICO, con dinero público pagado.
La muerte del banquero no me agrada. Solo confirma lo que ya sabía: todos acabamos en el mismo sitio. Eso si, difiere el tránsito, difiere el tránsito.

martes, 2 de septiembre de 2014

Un poeta cántabro me ha vendido un verso

Hace años, en mi regreso al Madrid de los 80, me molestaban aquellos poetas que se acercaban a mi mesa a declamar un verso. Incluso, al postre, intentaban la venta del poema al precio de la escasa voluntad del violentado comensal. Aquella impertinencia, ajena a la virtud de la tertulia y la discreción, era solo un síntoma de mala educación.

Hoy, empero, camino del Arenal, un poeta me ha vendido unos versos. A precio de un euro. Por supuesto por B, sin IVA para Montoro ni canon para la cueva de los Alibaba y los 40 autores. Un poema pirata, un poema manta como quien dice, robado a la administración de la academia y a la ordenanza municipal.

El poeta no pedía, en realidad, por su poema; tan solo ansiaba adquirir un billete de tren a Santander donde, al parecer, hay familia pensionista que podría patrocinar futuros áureos poemas.

Y no; no lo he visto impertinente, lo confieso: entre espantosas figuras inmóviles, restaurantes robando a turistas foráneos en nombre de la marca España y cantantes examinados por la Botella, el desvalido poeta me ha parecido lo más madrileño del entorno.

Un espécimen a proteger como el ciego Estrella, resumen del mejor Madrid, oscuro, turbio, opaco y esperpéntico, en casi todas las épocas, donde la taberna suministra riego al infausto poeta y el ciudadano o ciudadana se conmueve por su depresiva decadencia.

No era el poema bueno. No sabiendo si hablaba de gaviota marinera o dama rubia, no se sabe, en lógica consecuencia, como afirma Laura, asesora de feminismo de este blog, si es sexismo o cántabra fantasía. Pero, amigos y amigas, expropiado por décadas por prosaicos banqueros quien no entenderá que abone módico euro por un poema.

La cultura en la calle del dorado bienestar de antaño, financiado por Corporación de izquierda naturalmente, ha devenido en esto: en cultura de esquina buscando mercado; en verso vendido como polvo que se trafica acechando al potencial comprador; como susurro de procaz provocación.

Mi poeta agradecido ha vuelto al Arenal, camino de Preciados y pasando por delante de la Casa de Correos, donde anidan los agentes de los que expropian los versos de las bibliotecas. Allí, me dice, buscará "gusanos de mayami" que castellano hablen para vender poemas, compitiendo con la blusa de marca, el reparador bacalao o el billete de ONG vendido a comisión.

Un poeta me ha vendido un verso, editado en octavilla panfletaria, depresivo y añorando sueños eternos. Pero, amigo y amiga, cuando un poeta no sufrió o nos prometió sufrimiento.

No despreciéis estas odas urbanas, aunque malas y deprimentes sean: quien mendiga por versos hoy, mendigará por pan mañana y cuando nosotros vayamos a mendigar no habrá euro que pedir.

Es malo vender versos pero peor, ustedes me entienden, es robar.