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lunes, 29 de octubre de 2012

Un ERE en el Burdel. #noalEREdeElPais

Recuerdo perfectamente la última vez que pagué por leer El faro y guía de occidente: el 27 de Noviembre de 2010. En esa fecha, más o menos, PRISA acordó la entrada de capital de Liberty. También me acuerdo de la primera vez:  una tarde en Zaragoza, en la que llevé el número 1 a un aula donde daba clase Emilio Ontiveros; pero tiene menos mérito, era el día de la promesa.

No se crean que me molestaron más las pelas de un fondo buitre que la de los Polanco. Lo que me irritó de verdad es que el Pianista del Burdel, el responsable de la inmersión en la burbuja, el endeudamiento y el abandono del proyecto periodístico y editorial a favor de cualquier cosa muy moderna pero huera y carísima de la muerte aunque, eso sí, muy global, ese, se quedara con la tienda.

Al final ha sucedido. El Pianista ha logrado con esa música que prefiere continente a contenido, poner a ejercer a precio de alameda a profesionales, camareros y becarios, mientras él reclama derechos de autor por su magna obra, en forma de impresentable salario.

No podemos vivir tan bien les dijo el Pianista mientras les mandaba a la rotonda y se acercaba a la barra del burdel a ponerse un güisqui, derramar lágrimas por los viejos camaradas expulsados y echar una mano a la caja.

No es capitalismo de casino lo ha matado a El País, antaño El faro y guía de occidente: ha sido el capitalismo de amiguetes. El del Abogado amigo, el tal Matías que se llevó una pasta por asesorar el asalto de los buitres; el del representante de los buitres que se llevó en comisiones y dividendos lo que les robó a los accionistas; el Pianista que se aseguró tres años de salario a precio de banquero corrupto.

No faltará quien se alegre por el derrumbe del burdel. Tantas lecciones escuchadas durante tantos años de profeta del vacío dan para muchas chanzas.

Uno mismo conoció la casa en 1987. Entonces el padre de la patria no había alcanzado la condición de Pianista; andaba a modo de un secretario de estado del vaticano, más o menos. Me tocaba defender los intereses de una pandilla de arrabaleros que no habían entendido el camino de la modernidad (editorial dixit).

Fui recibido por un esquema que resume bien la tradición de El País: un iluminado, un portavoz del Pianista y una periodista. Solo la periodista, como es normal, ha sobrevivido siendo triturados los otros dos por las maniobras del burdel. Si no fuera por 148 profesionales de hoy y tantos otros apaleados a lo largo de los años sin respeto alguno, y con el silencio del círculo de temor urdido por el Pianista, mi risa por el derrumbe se oiría al otro lado del mar.

Hay muchas razones para oponerse al ERE en El País. Ninguna estará mejor contada que aquí: http://elpaiscomite.blogspot.com.es. 
Las mías son en realidad dos. Una, como quien tenga tiempo de bucear en este blog colegirá, que siempre he sostenido que el abandono de los proyectos editoriales españoles tiene que ver con la contaminación de los medios con la burbuja inmobiliaria y financiera. La otra, y fundamental, tiene que ver con la traición: el País forma parte de una idea de sociedad que nos forjamos en la transición y que unos cuantos sátrapas nos han robado.

Sepan que estos pianistas que han creído nacer para casarse con princesas o dentistas siempre acaban negociando secretos en las antesalas de los tribunales. Cierto es que, mientras tanto y si pueden, se nos llevan por delante a los demás. Hagamos que no puedan.




jueves, 25 de octubre de 2012

José Miguel: Ha sido en Granada

Què volen aquesta gent que truquen de matinada? No te quieren a ti, ni a tu vida. Quieren tu casa, amigo, amiga. Es el signo de los tiempos del ceniciento capitalismo de miseria que vivimos.

Ha sido en Granada. José Miguel se ha suicidado minutos antes de que vinieran los esbirros del banquero de turno a echarle de su casa. Mañana dirán que vivía solo; que era cosa del negocio que iba mal; que era un soberbio que no había pedido ayuda; que...vaya usted a saber. El caso es que estalló de angustia, pavor y miedo a un futuro sin futuro.

Si; hay quinientos así todos los días en España. Y no se suicidan. Pero no es su debilidad o su soledad lo que ha matado a José Miguel: ha sido la usura. El puto banquero que reclamó su casa no sentirá ningún peso en su conciencia. 
 
Al fin y al cabo, José Miguel ha muerto porque vivió por encima de sus posibilidades. Y no habrá perdón ni empatía de sacristía con tal irresponsable que se quitó la vida.

Mientras con nuestros derechos alicatamos hasta el techo las derruidas cuevas de Alí Babá y los cuarenta banqueros, uno de ellos, no me importa quien, uno de esos que habrá pedido una fina capitalización. decidió reclamar la vivienda de José Miguel para pasársela a un banco malo que le pagará, naturalmente, por ella.

Durante meses nos han prometido concluir con esta práctica miserable. Mientras arramblan con nuestro dinero y el de un par de generaciones más, los banqueros siguen insaciables saneando sus balances a costa de echar al personal de sus casas.

No importa que el crédito fallido vaya a ser pagado en unos días o meses por el erario público. Importa el principio: el que no paga a la puta calle. Así se montó este negocio y así se lo aprendieron los brillantes gestores, llenos de master y epicúreos seminarios formativos, que han llevado este país a la ruina.

Con los fondos de capitalización de la banca se pueden comprar un fascal de viviendas, a precio de módulo oficial, y dársela al personal en propiedad, con adecuados sistemas de pagos y moratorias. Al fin y al cabo, somos nosotros y nosotras quien vamos a pagarlos. Pero no; la cosa consiste en pagarlas dos veces: con nuestro dinero y con el dinero público. Y a seguir la fiesta.

Un hombre ha visto caerse su negocio de toda la vida. Ha visto como el cuaderno del chaval de la Chana se ponía a precio de cuaderno de arquitecto. Ha visto que los lápices arruinaban su carbón sin trazar líneas ni garabatos. Con el papel que ya no venderá arruinó su casa y su vida.

El banquero será indemnizado; el expresidente aquel que fue incapaz de prohibir los desahucios lamentará lo sucedido; el actual ni siquiera tendrá que lamentarlo porque él no tiene nada que ver, o a lo mejor si. Sobre la ruina de una vida perdida para siempre en La Chana caerá enseguida un velo de silencio. 
 
Una puta mierda.
 
Venid los que nunca fuisteis a Granada; hay sangre caída, sangre que me llama.

miércoles, 17 de octubre de 2012

Cosas de chinos malvados.

El Concejal, siendo de raigambre proletaria, vivía pegado al polígono, es lo suyo, quien se lo va a recriminar. Que en lugar de obreros y sindicatos hubiera chinos y una “organización” no es relevante porque, como cualquier socialista sabe, hay que pasar "de los odios que al mundo envenenan", entre ellos el de la raza.

Dicho quede esto para aclarar que aquí los malos son ellos, los chinos, faltaría más. Porque una buena parte del dinero blanqueado es español pero los culpables son ellos que según el Jefe de Policía distorsionan la economía española, que ahora nuestros policías son catedráticos en finanzas. De donde viene la pasta no es relevante.

¡Qué escándalo! Hemos descubierto que una parte de los negocios del todo a cien no se declaraban. Que no había inspecciones laborales ni de hacienda. Que la mitad de lo que traían los contenedores no se declaraba en aduana.

¡Hay que ver! Vamos, hombre, que listos son estos chinos, décadas engañándonos; haciendo trampa a un sistema fiscal y policial de vigilancia tan fetén como el nuestro, el mejor de Europa, que ha sido capaz de vigilar los comportamientos de la banca, las multinacionales y los choriceos varios como todo el mundo sabe.

Grueso delito, este de blanquear, no le quiten importancia. Nefanda práctica que en este país nadie practicaba hasta la llegada de estos chinos. Que ayer fueran mil millones al año y hoy algún centenar no debe cegarles; qué a la Pantoja le hayan pedido fianza millonaria y a los hoy interrogados sesenta mil euros no debe cegarles; que el Ministro de la policía anuncie más detenciones cuando la operación está en marcha no debe hacerles sospechar.

El asunto es grave, gravísimo, de seguridad nacional, porque fiando de nuestra buena voluntad ocupan nuestro suelo, ya que los españoles nunca, pero nunca nunca, venderían un polígono industrial entero para especular con naves y suelo industrial comprado a precio de saldo, sino fuera por necesidad necesaria

Es la “mafia” china, faltaría más, esa que se está quedando la patria a precio de saldo; a por ellos, a por ellos. Al ser chinos, el concepto de mafia queda divino en las noticias de prensa. El imaginario colectivo se desplaza a ninjas, asesinatos, severas torturas y estas cosas. No permitan que la verdad les estropee tan hermosa noticia.

No; no son los banqueros, registradores y notarios. No; no son los promotores inmobiliarios ni los ejecutivos con indemnizaciones millonarias. A ver si se me enteran: los malvados son los que viven del gasto público y los chinos

Lo más probable es que sea una  organización, en algún punto chapucera, de delincuentes económicos creando su propia burbuja de blanqueo al hilo del desplome económico español. Parece que una parte sustancial del dinero blanqueado es español pero la culpabilidad, señoras y señores, es de ellos, los chinos, los discretos, todos mafiosos, faltaría más.

No se equivoquen de culpables. No se equivoquen.

jueves, 11 de octubre de 2012

Los diputados alemanes han venido, que majos

¡ Qué escándalo ¡ Declaró la diputada socialdemócrata (alemana): en España hay 500 desahucios al día. Y, como tenía prisa, se fue a tomar el avión, supongo que en primera clase.

Porque, ténganlo Ustedes claro, los nuevos populistas consideran que si los diputados y diputadas españoles viajan es que tienen privilegios y mamandurrias, pero si lo hacen los alemanes es que esos si que curran. Claro que, a lo mejor, es que los diputados y diputadas alemanes si que nos representan ya que deciden por España.

Los diputados y diputadas alemanes han venido a recoger datos que figuran en los informes oficiales, periódicos y papeles que en el Parlamento Alemán se han repartido profusamente. De hecho, muchos de esos diputados viajeros han votado contra los intereses de España y, supongo, que han venido a percibir la notable simpatía que los esfuerzos de la señora Merkel por salvarnos nos produce.

Hacen bien los diputados alemanes en conocer el sufrimiento, eso educa mucho y ayuda a pasar mejor la comida de avión que, aunque sea primera clase, es mala malísima, por si no se acuerdan de cuando podíamos ir en avión, trenes y metro.

En Atenas recuerdan bien a estos diputados y su solidaridad y empatía, en víspera del rescate y la notable influencia de estos seis padres de la patria alemana en su Parlamento. De hecho, están esperando que vuelvan para hacerles un griego.

Lo que viene a sorprenderme algo más es que organizaciones  españolas pasen a informar a diputados y diputadas alemanes de lo que ya saben en lugar de inquerir por su comportamiento como institución y como órgano político.

Por ejemplo, a mi me hubiera gustado saber por qué al partido socialdemócrata alemán le “gusta que las condiciones del memorándum español (de rescate a la banca) sean duras”.

O por ejemplo, me hubiera encantado preguntarle a ese diputado democristiano que dice que la banca debe pagar con su responsabilidad por qué están ocultando el sobreendeudamiento de la banca alemana en préstamos a bancos españoles.

Cuando la unificación de Alemania, la que pagamos el resto de los europeos en forma de crisis monetaria, descubrimos que no la tenían tan grande, la economía digo, y no les quepa duda que volveremos a descubrirlo en el futuro.

Los griegos están pagando los tanques alemanes. Nosotros estamos pagando los agujeros de los bancos alemanes. Crecen las críticas a China, a la que se acusa de manipular el tipo de cambio (del yuan) para estimular las exportaciones, pero Alemania se aprovecha de la misma ventaja, en la medida que la crisis subvalúa el euro.

En una palabra, como los diputados y diputadas alemanes, esos si, no me representan, da igual lo que piensen de mis quejas.
A Los 500 desahuciados del lunes, también les da igual a que vinieron los ilustres.

jueves, 4 de octubre de 2012

La convenida decadencia de la clase política.

Dos tipos de personas me aterran hablando de política: los jueces y los militares. Llegó Rosa Díez, y son tres.

Al juez Pedraz, tan audaz como desbocarrado, no le ha bastado el legítimo derecho de manifestación para exonerar a los detenidos del 25S ni, tampoco, con enmendar la plana a la policía, algo que suele hacer con frecuencia. No; se ha sentido impelido a invocar la “convenida decadencia de la clase política. Naturalmente, no se ha sentido obligado, faltaría más, a informar sobre aquellos o aquellas con quienes ha conformado tal parecer o dictamen.

Pero es que no hace falta. Un juez, un militar y Rosa Díez adivinan nuestro pensamiento, conocen los males de la patria y tienen las únicas soluciones posibles. Por eso sobran quienes se dedican a tal negocio, como decadentes personas que son.

Uno de los problemas del descrédito del sistema institucional español es precisamente que se trata a la división de poderes como baraja de taberna. Los jueces desprecian en público a los políticos, los políticos intervienen en las judicaturas, el ejecutivo se va de caza con el judicial y cosas de este tipo, todas ellas tan nobles.

Así, no importa que conozcas jueces que han prevaricado; que tengas jueces "sobreindemnizados"; que existan incompetentes que alargan procesos, filtran sumarios  o que abusan de su poder: los jueces, como corporación, nunca serán culpables y no deben ser denostados porque, naturalmente, todos ellos son el cuerpo que protege nuestra libertad, como los militares y Rosa Díez.

Por supuesto, cualquiera de esos jueces que no admiten reproche corporativo, en nombre de la justicia verdadera, puede condenar corporativamente a todas y todos los políticos que como se sabe son “decadentes”.

Decadente y decadencia son una de esas “palabras gruñido” sobre las que advirtió Hayakawa y son expresiones que, por su connotación negativa, complacen especialmente a los fascistas.  Franco habló de “la España decadente que moría”; Jose Antonio se refería a la izquierda como “decadente mito racionalista” o empezó escribiendo sobre la “decadencia de las democracias liberales”.

Afirmo rotundamente, por si alguien no lo ha entendido, que la afirmación del señor Pedraz, además de retoricamente trasnochada, es puramente fascista.

No cabe duda que estas afirmaciones caen sobre una desacreditada actividad política, caldo de cultivo de los que aspiran a cualquier tipo de generalato regeneracionista, el judicial, el militar o el iluminado. Discursos que, por supuesto, han exonerado de responsabilidad en lo que ocurre a banqueros, especuladores, notarios y demás relevantes personajes de la sociedad civil. El habitual populismo del Sr. Pedraz redondea hoy su ciclo para solaz y aplauso de no pocos.

Diré por mi parte: no al populismo que enturbia en el saco de los intereses mezquinos a mucha gente que decentemente, con esfuerzo y sacrificio, nos representa.
 
Deberíamos decir no al hipócrita populismo de quienes, en realidad, aspiran a ser califas en lugar del califa.