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sábado, 18 de agosto de 2012

Madre de Dios, Virgen, líbranos de Putin...y de paso, tengo una lista...

Un fantasma recorre Europa: el de las libertades que se hacen añicos, cristales pisoteados por reaccionarios que se vengan de décadas de derechos conquistados.

Las Pussy Riots han sido condenadas a dos años de cárcel. Que la juez sea una auténtica cabrona no empece para reconocer que iglesia y estado, una vez más, parieron una de autoritarismo infame.

Rusia, como todo el mundo sabe es tierra de moralidad. Exmiembros de la KGB reconvertidos en mafiosos gracias a el poder y los recursos privatizados, amigos de la Presidencia reconvertidos en millonarios explotando las riquezas antaño públicas, presidentes beodos, ..., y mucha, mucha policía.

Putin no ha reconstituido un poder residenciado en un Estado, sino que se ha erigido en árbitro supremo de poderes fragmentados, entre los que establece equilibrios como medio para asegurar su supremacía: si hay que pagar peaje a la mafia, se paga; si hay que pagárselo a la iglesia, se paga.

El estado mafioso se ocupa de limpiar aquello que denuncia el fraude electoral y la corrupción, ante un silencio europeo que avergüenza, para que vamos a engañarnos.

Pero no nos escandalicemos por las pajas en ojo ajeno. Los que condenan a las Pussy Riots por ofender a la iglesia, mientras campan los mafiosos en los salones y campos de fútbol, son los mismos que condenan a jornaleros o detienen a sindicalistas, mientras banqueros y vividores, corruptos, conocidos y casi confesos, se indemnizan a sí mismos o pasean sus miserias por los palacios. Son los mismos que se pasan por sus mismísimos el derecho de asilo o niegan a los presos el derecho a morir con cierta dignidad.

Iglesias de toda laya y jueces cumplen su histórica función, mientras las libertades públicas se recortan ante silencios cómplices de instituciones que se llenan la boca de discursos sobre libertades, derechos humanos.

No es solo la economía, muchachos y muchachas, es la venganza de los poderosos que ríen mientras destrozan aquellos derechos que creíamos ganados para siempre.

Jueces inmorales, que son jueces y parte; jefes de policía que mientras se ventilan sus conflictos de intereses, pisotean derechos de manifestantes; ministros y ministras que justifican las más deleznables prácticas del poder. Se vengan diariamente de pasados donde el derecho tuvo a raya su codicia y su impudicia ideológica.

Nos están convocando a un motín, no les quepa duda. Pero mientras tanto, “Madre de Dios, Virgen, líbranos de Putin” ...y de paso, tengo una lista...







jueves, 9 de agosto de 2012

El peaje de la tartera.

Faltaría más. No va uno a ser pobre y salirle gratis. Hasta ahí podríamos llegar. El recorrido de la tartera, su guardia y custodia, su olor, nos causa un inevitable disgusto; su coste tamaño de falta de glamour debe ser penalizado.

El niño y la niña de la tartera, como antaño sus abuelos y abuelas iban al tajo, con los restos de tristeza del día anterior comeran mientras observan con envidia al niño que puede pagarse el comedor vigilado por educador.

Son los catalanes expertos, sin duda, en el asunto y han inventado el peaje tarteril. Tres euritos al día, por portar tartera, es una de esas hermosas ideas que los amantes de las tasas y la libertad de elección, tipo consejero de economía valenciano o @pmanglano adoptarán raudos.

Porque, sin duda, un niño puede elegir entre el comedor o la tartera. Si papá no tiene suficiente dinero en la cartera, que se joda, naturalmente.

La crisis no es espacio de sufrimiento como predicáis sino territorio de oportunidades, opinan los ilustres consejeros. Una tasa maravillosa de tres euros al día, por un poner, es un excelente negociete para alguno de los amigos concesionarios o para los colegios lo que nos permitirá otro hermoso recorte de esos que dejan bien a los consejeros ante los líderes europeos, quiero decir alemanes.
 
Si resulta que el coste mensual de la tartera casi es el mismo que el comedor y no pueden llevarla, pues que no coman, faltaría más.

La tartera nos devuelve al pasado, a los sesenta y los setenta. Cuando ningún estúpido estado de bienestar (ni de ningún otro tipo) ocultaba el hedor de la diferencia de clases que se expresaba entre el proletario tocino y el cordero; entre los restos y la comida fresca. Vuelven aquellos días en que, Perich dixit, si un niño come merluza es que uno de los dos está malo.

Nació el comedor por razones de conciliación. Puesto que están paradas y parados, y se quejan, que hagan algo, por ejemplo la comida a sus hijos, piensan los consejeros catalanes, valenciano o madrileño.

Nació el comedor para generar hábitos saludables, prevenir la obesidad o integrar a los diferentes (celiacos, por ejemplo). Tonterías; el que tenga cartera que se pague el restaurante  y el que no, pues pan, vino y tocino que es muy hispano y así han crecido gloriosos patriotas. Y si son de más arriba del Ebro que le añadan tomaca, y todos tan contentos.

Ya os dije una vez que la cosa de la excelencia se ha reducido a tartera y grandes puticlues. Viva España y el Señor Adelson y que se jodan.

lunes, 6 de agosto de 2012

¡Qué se jodan! Manual de ética. (III) Prietas las filas.



Tras asistir a los últimos ejercicios espirituales, la Señora Pilar Farjas ha anunciado a una Asociación que la borrará del oportuno registro si siguen criticando al Gobierno. Tras asistir a su última farra juvenil, que ya no tiene edad para muchas más, el Señor Urosa informa a los funcionarios y funcionarias que no les compete criticar.

La ética expresada en el exabrupto de la diputada tiene un evidente corolario: privar de la condición de ciudadano o ciudadana a la mayoría. O sea, disciplina; porque sin disciplina no se puede joder a la mayoría como es evidente.

Como ye hemos señalado en entregas anteriores, la ética del egoísmo no solo se basa en la apropiación de los público sino, igualmente, en que esa apropiación sea patrimonio de una minoría. Que habrá quien se rebele, seguro.

En consecuencia, estos talibanes del egoísmo y la venganza habrán de convocar a apretar filas no solo a sus conmilitones sino, especialmente, a quienes sirven al estado que deberán pasar a servir a los directivos y  deberán hacerlo no con profesionalidad y neutralidad sino con devoción, a ver si lo entendemos de una vez por todas.

Así, por epístola, dos carguitos de nada cuya función real se desconoce, suspenden la condición de ciudadano o ciudadana a quienes integran asociaciones o sirven al estado.

La nueva ética viene a resucitar a aquellos “animales de cresta roja que después de confesar y comulgar atacan al hombre”.  O sea, fanáticos del ordeno y mando cuya función es poner disciplina en aquellos a los que la puta pija diputada y su pandilla han jodido.

El ¡Qué se jodan! destila una ética autoritaria que prescribe las leyes y normas de conducta a funcionarios, movimiento asociativo y ciudadanía, privando de autonomía a todos ellos. Al final, el hálito de franquismo en el Señor Urosa y la Señora Farjas no es sino pura, simple y escandalosa corrupción. Porque corrupción es negar el activismo y la opinión política a ciudadanos y ciudadanas, base de cualquier cultura democrática.

Estos personajes arrastran una notable joroba moral, una mochila de venganza sobre la opinión pública que tiñen de libertad de elección como coartada de las más miserable de las carencias éticas: la total ausencia de empatía.

Arrasar el derecho de los jodidos a expresar su resistencia es el mas corrupto de los fascismos. Responde a la concepción más corporativista del estado. No es simple autoritarismo; la opinión política es, simplemente, el espacio donde se realiza la condición humana; privar al personal de ese espacio es reducirle a la condición de mero esclavo.

¡Qué se jodan! practican Urosa y Farjas con menos ruido pero más entusiasmo de requeté que la propia puta pija diputada.





viernes, 3 de agosto de 2012

¡Qué se jodan! Manual de ética. (II) El ganador se lo lleva todo


Más o menos, al mismo tiempo que la pija diputada esputaba su impúdico espumarajo, el Consejero @pmanglano anunciaba que el bachillerato futuro dependerá del dinero que papá tenga en la cartera.

No es, no crean, casualidad. El ¡Qué se jodan! es el grito del privilegio, la afirmación de una nueva época de concentración de riqueza y posibilidades en manos de muy pocos: el ganador se lo queda todo no es un triste canción de Abba sino el modelo de sociedad que defienden el catecismo fabra y el consejero @pmanglano.

La estructura de los mercados y la tecnología ya habían producido resultados de ese tipo. En realidad, España es uno de los países europeos con mayores desigualdades tanto en renta disponible como en propiedad (citando de memoria, el 1% de la población de renta superior posee cerca del 20% de toda la propiedad).

Pero la crisis no hará sino alentar esa diferencia, legitimando la apropiación del trozo de tarta que la crisis nos ha dejado por unos pocos. ¡Que se jodan! gritó muy consciente de su proposición ética la puta pija diputada.

Ese es el sentido que tiene la expulsión del talento del bachillerato. El modesto estado de bienestar español tenía sus estandartes en la igualdad de oportunidades que ofrecía un sistema educativo gratuito y en la reparadora salud universal y, también, gratuita. Vivir por encima de nuestras posibilidades, para la mayoría de la sociedad española, no era otra cosa que haber logrado emancipar la posibilidad del ascenso social del grosor de la cartera de papá.

Saben bien estos de la derecha jodedora que privándonos de ambos estandartes podrán, las carteras realmente existentes, privarnos de la condición de ciudadanía y, de paso, reducir el mérito a lo que nunca debió dejar de ser: herencia. El talento del hijo del obrero o el parado volverá a los anaqueles de las bibliotecas o a la voluntad del mecenazgo o la caridad de la que nunca debió salir.

Creo que ha sido Savater quien ha sugerido que se vacía de contenido la condición de ciudadanía cuando no se protege nuestra vida del azar o los mercados. El epítome guerracivilista de la puta pija diputada o la propuesta de @pmanglano tienen exactamente ese valor: jódanse aquellos y aquellas que no tienen cartera y engorde su talento las filas de jornaleros, inmigrantes y parados. Es lo que hay.

Volviendo a Savater, y citando de memoria, la única obligación que tiene uno en la vida es no ser imbécil. Entre las posibilidades de imbecilidad que se nos ofrecen están, sin duda, las de creer que los esputos de la diputada carecen de significado ético.

El grito de venganza de los legionarios del egoísmo merece una respuesta antes de que nos derrote entre carcajadas de hiena.