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jueves, 9 de agosto de 2012

El peaje de la tartera.

Faltaría más. No va uno a ser pobre y salirle gratis. Hasta ahí podríamos llegar. El recorrido de la tartera, su guardia y custodia, su olor, nos causa un inevitable disgusto; su coste tamaño de falta de glamour debe ser penalizado.

El niño y la niña de la tartera, como antaño sus abuelos y abuelas iban al tajo, con los restos de tristeza del día anterior comeran mientras observan con envidia al niño que puede pagarse el comedor vigilado por educador.

Son los catalanes expertos, sin duda, en el asunto y han inventado el peaje tarteril. Tres euritos al día, por portar tartera, es una de esas hermosas ideas que los amantes de las tasas y la libertad de elección, tipo consejero de economía valenciano o @pmanglano adoptarán raudos.

Porque, sin duda, un niño puede elegir entre el comedor o la tartera. Si papá no tiene suficiente dinero en la cartera, que se joda, naturalmente.

La crisis no es espacio de sufrimiento como predicáis sino territorio de oportunidades, opinan los ilustres consejeros. Una tasa maravillosa de tres euros al día, por un poner, es un excelente negociete para alguno de los amigos concesionarios o para los colegios lo que nos permitirá otro hermoso recorte de esos que dejan bien a los consejeros ante los líderes europeos, quiero decir alemanes.
 
Si resulta que el coste mensual de la tartera casi es el mismo que el comedor y no pueden llevarla, pues que no coman, faltaría más.

La tartera nos devuelve al pasado, a los sesenta y los setenta. Cuando ningún estúpido estado de bienestar (ni de ningún otro tipo) ocultaba el hedor de la diferencia de clases que se expresaba entre el proletario tocino y el cordero; entre los restos y la comida fresca. Vuelven aquellos días en que, Perich dixit, si un niño come merluza es que uno de los dos está malo.

Nació el comedor por razones de conciliación. Puesto que están paradas y parados, y se quejan, que hagan algo, por ejemplo la comida a sus hijos, piensan los consejeros catalanes, valenciano o madrileño.

Nació el comedor para generar hábitos saludables, prevenir la obesidad o integrar a los diferentes (celiacos, por ejemplo). Tonterías; el que tenga cartera que se pague el restaurante  y el que no, pues pan, vino y tocino que es muy hispano y así han crecido gloriosos patriotas. Y si son de más arriba del Ebro que le añadan tomaca, y todos tan contentos.

Ya os dije una vez que la cosa de la excelencia se ha reducido a tartera y grandes puticlues. Viva España y el Señor Adelson y que se jodan.