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lunes, 30 de noviembre de 2015

Viene la ira del payaso gritón



Hay algo peor que la clase media: sus empobrecidos hijos airados. Se han cumplido, este 2015, ochenta años desde que fuéramos avisados y avisadas y estudios recientes lo han confirmado.

Las crisis financieras producen ascensos de extrema derecha y las izquierdas extremas no las aprovechan. Eso explicaría la patética huida de las izquierdas de algunos y el crecimiento de otros.

Los airados hijos de clase media vienen a despreciar a las voces que se reclaman de la clase obrera. “payasos tristes” les ha llamado Monedero. Hay algo peor que la tristeza que acompaña al payaso: el payaso gritón.

El payaso gritón suele ser de comportamiento faltón y autoritario; faltón al modo de Monedero; gritón al modo de Errejón que, ni de izquierda ni derechas, no duda en levantar en cuanto puede su puño amenazante, aunque sea en complicidad con un rapero apologeta de la violencia machista.

La izquierda conoce la histórica ira de los hijos empobrecidos de la clase media. Es por eso que siempre defendió la negociación social y es por eso que nunca ha dudado en hacerles vivir bien.

Caídas de impuestos, becas, Erasmus, contratos universitarios a la medida han alimentado las políticas de la izquierda española. Producto de esta cultura del votante medio es la paradoja de un país en que cuanto más alta es la renta, más servicios públicos gratuitos se quieren y cuanto más baja, más rebaja de impuestos se exige. Al fin y al cabo, los trabajadores y trabajadoras de baja renta ven marcharse su dinero a servicios destinados a rentas más altas que las suyas.

Es por eso que las fuerzas políticas llamadas emergentes que, por la derecha y por no se sabe donde, aspiran al voto de los pequeños cabreos sumados, pasan de las personas en desempleo (mínimo asistencial para ellas), dedicando sus programas a mejorar los salarios de los hijos de clase media, mediante rentas que no pagarán las empresas sino los impuestos de la clase obrera que resista.

Es por eso que algunos que se dicen herederos de la clase obrera abundan en imposibles programas máximos que devalúan las tradiciones de izquierda para convertirlas en radicaloides compañeros de viaje de los payasos gritones.

Este es el momento de la clase media. Disfrazada de emergente, ya ocupa el sobrevalorado periodismo actual regentado por alguno y alguna de los suyos. Periodismo que no dudará en invertir en clase media y en denostar a los portavoces de la clase obrera inventando, si falta hace, sindicalistas desconocidos que mal hablen de los sindicatos de clase.

Los payasos gritones de la clase media se han puesto en marcha y lanzarán su ira sobre nosotros y nosotras, mientras convierten en espectáculo su propuesta política. Mientras los áureos líderes danzan, bailan o tocan la guitarra en nombre del 15M o del cambio, que es mejor el espectáculo que la propuesta, sus mesnadas nos lanzaran gestos amenazantes y gritos más amenazantes aún.

Tiempos de sublevación de los airados y airadas que reducen el cambio a ponerse en lugar de los que ocuparon el estado, en nombre de obreros o de sedicentes capitalistas.

Que el tiempo pertenezca a la ira o a la negociación social depende de nuestro voto. 

Yo voy a buscar entre la izquierda, lejos de los programas máximos, del griterío y de las ocurrencias faltonas.




sábado, 28 de noviembre de 2015

Alberto, las audiencias son inmisericordes

Alberto esta enojado. Llega la semana de los debates y no le llaman. Oh, cielos, ha descubierto que hasta las nuevas cadenas de la radical clase media, esas a las que los progres del momento adoran, se mueven por los mismos criterios que la comunicación de la vieja política.

Se saca en la tele al poder, a los amiguetes y a quien da audiencias. Porque, qué barbaridad, hasta las nuevas cadenas del cambio buscan la pasta y el amigueo con el poder. No sé donde vamos a llegar.

La televisión de amiguetes y sus debates no es democrática, no lo es; tampoco respetuosa con la pluralidad política. Pero es que el sobrevalorado periodismo de Antena 3,  La sexta o Ferreras nunca ha sido otra cosa que manipulación, invención de fuerzas políticas, operación para que el cambio se oriente a la derecha. Tan falto de pluralismo es hoy como cuando usaron la imagen de Garzón para liquidar izquierdas.

Nunca fueron los medios hoy criticados otra cosa que lo que son. Pero el asunto es sencillo: si en lugar de estar compitiendo para sacar un diputado y llegar al tres por ciento, anduviera Alberto por el diez y aportara audiencia, saldría en la foto de los debates. Es el coste de la irrelevancia.

El hashtag #SinGarzónNoHaydebate del nuevo equipo de campaña, el de siempre abandonó el barco para pasarse al enemigo tras acabar con su función liquidadora, como por otra parte les había prometido su jefe, es solo un ejercicio de voluntarismo tan patético como la carrera de Garzón por buscarse nuevos vehículos electorales.

El drama para Alberto es que #SinAlbertoSiHayDebate, porque a pocos interesa lo que Alberto diga. Es lo que hay.

Quizá Garzón encontraría la respuesta a su irrelevancia si analizara el camino que va de la expectativa del 16% de hace un año a las perspectivas de rala supervivencia de la actualidad.

Quizá encontraría la respuesta en la forma en la que, de la mano del más rancio comunismo de Centella, devaluó, haciéndole el juego al PSOE y Podemos, el acuerdo de gobierno de Andalucía y el esfuerzo de Maillo.

Quizá una de las razones de estar fuera de la pomada es la forma miserable con la que enterró el esfuerzo de Luis García Montero, apoyando fórmulas de las que luego le han excluido de patético modo.

Desearía que la Junta Electoral acabe con todos los debates a cuatro, a tres y a dos, con un único objeto: defender el pluralismo y desenmascarar a los sobrevalorados y sobrevaloradas profetas del nuevo periodismo.

Pero se me da una higa la opinión de Alberto, portavoz de una nueva máscara electoral del grupo de presión comunista que tiene que ver más con los intereses espurios del sectarismo radicaloide que con la izquierda política.

Alberto Garzón declaró, mientras sus conmilitones se batían el cobre contra la derecha en Madrid, que había “otras izquierdas a las que votar”. Eso me pasa a mí cuando oigo de hablar de Garzón

Alberto, las audiencias son inmisericordes, solo financian relevancia: hay otras izquierdas a las que votar, seguro que las encuentro.




jueves, 26 de noviembre de 2015

Bruselas o el asalto al balneario.

Bruselas se cierra por miedo. El balneario europeo ha descubierto un tiempo en que la ética del bienestar ha desaparecido, crujida entre la crisis y la rabia.

Bruselas, que limitaba al norte con el chocolate y al sur con las copas del "afterwork". Que limitaba al este con los eurócratas y al oeste con los lobbies. La Bruselas que ignoraba que en el Molenbeek ya no hay molinos sino pobreza ha cerrado sus puertas. El miedo asalta el balneario, fértil territorio para la derecha extrema, fértil territorio para la izquierda irrelevante.

Si quienes asaltan nuestras torres de canela son almas de charol, civiles con fusiles de asalto o militares bien pertrechados, será justo invocar violencia defensiva. Mas si talibanes negros son, asesinos de kalashnikov, hemos de abrir la muralla en nombre de la paz ecuménica y multicultural.

Paréceme, amigos y amigas, que ya no son días de doble vara. No son tiempos para mantener el complaciente autoengaño propio del postmaterialismo de los hijos de la clase media del balneario.

Hemos de decidir si queremos la ciudad libre de miedo o el túnel del silencio. Si; malditas son todas las guerras; también la yihad. Puesto que no hay guerras buenas ni santas, tenemos derecho a impedir la siembra de hogueras en nuestras ciudades.

Sé que es moda muy hispster y moderna el querer usar un Mac pero tapar la manzanita con pegatinas, sean de Marx, de boquerones o cualquier otra que epate al burgués. Pero no son días para pegatinas que oculten el espanto, para ocultar el deseo de volver al balneario con ruidosas consignas.

Los muertos de París, como los de Madrid, Londres o Nueva York, los de Líbano, Malí, Túnez, Siria o Palestina en nombre de la yihad, nos reclaman justicia. Pero, también, digámoslo claro: si no queremos que el balneario devenga en fortaleza; si no queremos que la fortaleza expulse a los refugiados, debemos garantizar a la gente que la Ciudad puede mantener abierta sus puertas.

No a la guerra. Pero en lugar de viajar a fórmulas de antaño, a un mundo con viejas reglas; en lugar de recurrir al cajón de las banderas rotas y las usadas consignas, construyamos un no que acabe con los negros asesinos del kalashnikov, que no merecen la libertad de que disfrutan.

Como todo aprovecha para el convento, unos escriben artículos de oportunismo belicista, sabiendo que la mayoría esa de las encuestas lo apoyarán. Otros, que ya van girando a la derecha convenientemente, no dudan en resucitar viejas pegatinas que oculten a los generales de bombarderos.

El balneario tiembla, el panorama político gira a la derecha o la extrema derecha. Y los mismos que acompañan el péndulo se niegan a entender el miedo y la demanda de justicia.
No a la guerra, cierto. Pero no, también, a la muerte que asalta nuestras ciudades.
Quizá nos duela la reflexión porque es fruto de nuestro fracaso como civilización. Pero es imprescindible, si no queremos que lo incivilizado de todo tipo nos domine.


miércoles, 18 de noviembre de 2015

¿Economía gig en los programas electorales?

Lo único gig que Usted conocía, hasta hace poco, era un músico que vivía de los “bolos”. Gig: una palabra, con origen en el jazz, que describe el vivir de trabajos ocasionales. Desde hace un par de años, se refiere a gente que trabaja unos pocos días en pequeños trabajos.


Un numero creciente de personas participa en este mercado. Se alquila un cuarto a turistas, se diseña una página web en casa, se alquila como taxista (uber), se pasean perros o, mas castizo, se hace de camarero el fin de semana…Economía gig.

¿Se trata de explotación o de innovación? Para los optimistas, promete un futuro de innovación sin límites. Para los detractores, presagia un futuro privado de derechos laborales y trabajo a destajo.

Llámese emprendedor, autónomo, freelancer o economía irregular, el mercado de trabajo español ha recibido esta economía más en forma de actividades sumergidas que en innovadoras fórmulas de negocio tecnológico.

2,6 millones de personas han firmado contratos inferiores a siete días en el primer semestre de 2015, un 25% de los contratos que se firman, en un contexto de reducción salarial.

Rentas ocasionales, bajo nivel salarial, crisis de la seguridad social, tendencias a la economía irregular, son los que determinan la apertura de la economía española a la economía gig. Los programas electorales diseñan un escenario que potencia esta tendencia.

La suma de caída salarial y trabajo ocasional conduce a la perspectiva de trabajadores pobres, especialmente mujeres. Conduce a las propuestas de rentas mínimas.

 EL PP mantiene la política que ha promovido la economía gig. Podemos propone una renta básica que, al dejar de ser universal, pasa a ser como el ingreso mínimo vital del PSOE. El candidato comunista rechaza el sistema de renta mínima pero su “trabajo garantizado” es una subvención pública, en realidad.

Los programas tampoco incluyen notables estrategias de crecimiento salarial. El complemento salarial de Ciudadanos para las rentas más bajas deja el salario justo por debajo de mil; 900 es lo que pone Podemos para su complemento a las familias y 900 es el salario que Garzón quiere para sus empleos públicos. Algo menos de 900 es lo que Pedro Sánchez pone a su salario mínimo.

En estas condiciones, son evidentes las tensiones en el sistema de pensiones. EL PSOE propone una ruptura en la filosofía del Pacto de Toledo: la desaparición de la “separación de fuentes” (pagar con cuotas las pensiones contributivas y con impuestos las asistenciales). Ha propuesto un impuesto especial para la financiación de la seguridad social.

Los programas electorales aceptan que nuestra reducida capacidad para mejorar rentas y crear empleo forzará el camino asistencial. Los programas electorales dejan abierto el camino hacia la economía gig.

La gente vivirá “haciendo bolos".

lunes, 16 de noviembre de 2015

Tened miedo: vivid como siempre

El problema de los dioses son sus portavoces; se lo he escrito aquí más de una vez. A la versión Alá no le ha ido mejor que a las demás: una fracción bastante minoritaria del islam, extremadamente fanática, ha decidido sepultarnos a todos en toneladas de yihad global.

Su brutalidad ha golpeado París. Puede y debe, naturalmente, reflexionarse sobre el asunto y buscar respuestas. Pero, déjenme que les diga:  cuando una pandilla de fanáticos pasan del islam al nihilista y suicida asesinato, poca relación hay entre estrategia y paz.

Los imperialismos, las estrategias norteamericanas, las guerras en las que Francia lleva cuatro años metida o la rebeldía de las generaciones castigadas, sea en la opulenta Europa o en Oriente Medio, tienen que ver con el papel identitario del Islam en oriente pero no con el Estado Islámico, me temo.

Los de la yihad fanática nos quieren muertos y atemorizados. Y no le den más vueltas al asunto: no es cultural (en Beirut, Irak o Aleppo matan a musulmanes), ni económico, ni petrolífero (lo que hacen en Arabia Saudí, no lo hacen en Qatar)

Así que hablemos de nosotros y nosotras. París, el viernes, como Madrid hace años, nos muestran cual es el verdadero debate: cualquiera de nosotros y nosotras puede ser un objetivo

La terrible ironía de Ba-ta-clan es que su nombre procede de una opereta en la que la gente de distintas culturas acaba entendiéndose gracias al diálogo musical. Para estos asesinos no hay posibilidad: nadie es demasiado joven o viejo, demasiado de derechas o de izquierdas; muy buenista o poco; demasiado rico o pobre. O estás con el califato o estás contra él. Difícil hacer algo contra fanáticos dispuestos a inmolarse.

Ante el asunto, lo honesto es tener miedo. ¿Qué esa es una victoria de los asesinos? No; la victoria de los asesinos (hombres, naturalmente) es cambiar nuestra vida y nuestros valores. Así pues; tengan miedo, vivan como siempre. Es mi consejo estratégico.

No nos pongamos exquisitos con nuestro pánico. Cada generación ha tenido su amenaza: desde las epidemias mortales al holocausto nuclear. No tengamos la vanidad histórica de creer que el mundo que vivimos es distinto. Que la fría tecnología de la bomba nuclear se sustituya por el cuchillo que degolla o el dedo agatillado en el Kalashnikov no hace diferente el temor.

Admitir al miedo ayudará a nuestra seguridad. Ahora, evitemos las trampas. Europa puede convertirse en una fortaleza xenófoba o reafirmar los valores republicanos de la apertura, la tolerancia, la igualdad, al mismo tiempo que protege a su ciudadanía. Para eso necesitamos más Europa; no menos. Abandonemos pues el euroescepticismo de salón.

Si algo molesta de los ataques a París es que ha sido castigada por su apego a los valores seculares más liberales (el Califato la ha llamado “capital de la prostitución y la obscenidad”). Los asesinos no vencerán estos valores nunca; otros lo intentaron antes y fracasaron. Seremos nosotros y nosotras quienes fracasaremos si renunciamos a ellos.

Tened miedo; vivid como siempre.

miércoles, 11 de noviembre de 2015

El proceso, la desconexión y el cadáver político.

No se engañen; nada fue un error:

El cadáver político, enlodazado en la colla del 3%, necesita una bandera que le proteja de la vergüenza y su funeral.

Un partido que siempre confundió el hacer patria con clientelismo y negocio, necesita digerir su desaparición y el fin del negocio en nuevas máscaras.

Una clase media crecida en la convicción de opulencia y modernidad, necesita ocultar su fracaso ante sus empobrecidos hijos, que no pueden ocuparse del postmaterialismo prometido sino de su propia pobreza.

Una sociedad antes moderna e industrializada, hoy convertida en provinciana, dependiente de la asistencia financiera y el parque temático del turismo, necesita culpar a otros y consolarse abrazando políticas extremas y tan lampedusianos como extremos representantes.

No se engañen. Nada fue un error. La desconexión es una estrategia. Será, seguro, una ruta hacia la nada; hacia la inversión en una sociedad frustrada. Pero, sobre todo, es la compulsiva búsqueda del cadáver político por convertirse mártir en vida; por encontrar un hueco en el panteón del que se habla en las noches de invierno, alrededor de la hoguera; por lograr que los mafiosos susurren su nombre en recónditos restaurantes.

Han decidido, en un día, desconectarse de España y del euro; no parece muy brillante. Han convertido a un partido del 8,2% en el eje de la política catalana; no parece muy democrático. Han triturado el democrático derecho a decidir, transmutado en antidemocrático proceso, olvidando que, en democracia, las reglas forman parte del contenido.

Han convertido en irrelevante a la izquierda de la razón, nacional pero no nacionalista que históricamente moderó excesos. Han convertido en inútil al proyecto de las derechas, a pesar de tener más representantes parlamentarios de los que nunca tuvo.

Para que su nombre se cite en los fuegos de campamento en los que se han convertido los plenos de las instituciones, el cadáver político necesita duras respuestas más allá del Ebro que adornen su martirologio. Probablemente, las obtenga.

Sefarad es orgullosa, casi nunca escucha. Sus fuerzas patrióticas tienen su propia bandera. Sus fuerzas democráticas no pueden jugar al juego de romper las reglas. También aquí, más allá del Ebro, la fuerzas de la razón nacional pero no nacionalista han sido cambiadas por el cambio que nada cambia.

No se engañen; no cabe la equidistancia que pregonan los que nada cambian; o los que juegan a las casitas de los principios inaplicables o los teatreros que teatralizan con banderas. Todos y todas estamos atrapados en este juego de patriotas.

No se engañen. Todo proceso remite a algo absurdo y angustioso. Toda desconexión remite a abandono de la realidad. El cadáver político, los abanderados de todas las patrias y las ausentes fuerzas de la razón nos han dejado solos. Todos y todas seremos patriotas y lo pagaremos los de siempre: aquellos y aquellas que somos más de constituciones que de banderas.

La risa del cadáver político y sus monaguillos se oyen en el fuego de campamento, donde la bandera ondea al vent , pero no buscant la llum.

viernes, 6 de noviembre de 2015

Cuando todo aprovecha para el convento

La coherencia programática nunca formó parte de la excelencia política en España; menos aún, en campaña electoral. No cabe, pues, escandalizarse al respecto. Hace gracia, eso si, que los profetas de las nuevas formas vayan a donde asazmente criticaron.

No es de sorprender, por lo tanto, que solo el 4% de la afiliación al partido más participativo del mundo mundial haya votado su programa. Menos aún de que el comunismo de la penúltima máscara electoral, ocupado en liberarse de los que sobran, además de los ya expulsados y expulsadas, vean a su candidato presentar propuestas por nadie firmadas o aprobadas.

Menos sorprendente será la contradicción programática si se trata de un partido “atrapalotodo”, muy empeñado en desembarazarse de su imagen de izquierda extrema pero queriendo mantener el voto de izquierda extrema.

Tampoco habrá de sorprender que el candidato despechado que busca desesperadamente hueco venga a calificar de teatro una reunión de partidos a la que concurre para, inmediatamente después, hacerse un truquillo fotográfico, manipulando teatralmente una bandera.

Si; se puede. Se puede defender una lista de “ecofontaneros” aragoneses y ponerle al lado un “bombardeador” de las Bardenas. Se puede defender las cofradías gaditanas y la enseñanza privada concertada andaluza, mayormente católica, mientras se intenta prohibir las misas de difuntos en Valencia.

Si; se puede defender la España Federal en Madrid, el derecho a decidir en Barcelona y la autodeterminación radical de Bildu y HB en San Sebastian. Hay que apuntarse a todo lo que se mueve, que luego es tarde. 

Si; se puede exigir primarias hasta el lucero del alba, como pretexto para echar de la colla al que nos sobra, pero practicar el dedazo con el generalato, si así lo decide el que puede y manda.

Naturalmente, se puede votar un programa que apunta más de una desconexión de las instituciones globales, euro incluido, y defender la OTAN. Se puede, por supuesto, poner velas “antiotan” en la noche de Zaragoza y no marchar sobre la base de Rota, acompañando a la vieja y ceniza izquierda de siempre.

Giro a la derecha, gritará el candidato del comunismo de la penúltima máscara electoral, mientras arrastra su mochila programática donde se defiende una filosofía y su contraria.

Porque lo bueno es el trabajo garantizado, por supuesto público y solo para una parte, y para el resto es bueno lo de la renta mínima. Defenderá, naturalmente, la transferencia fiscal de las rentas altas a las bajas, en forma de gasto social, pero también, no sea cosa que los del camino al centro pillen cacho, convertir en mileurista a todo trabajador y trabajadora.
 
Porque los que pueden y los de la nueva máscara electoral, sean de la izquierda que cambia, transversales o de la revolución recién descubierta, pueden hablar del paro pero, de verdad, a quien se dirigen es a los hijos de la clase media empobrecida que cobran poco, como el avispado y nuevo muchacho del centro ha descubierto. 

Aceptan unos y otros que no será el trabajo el que provea respeto sino la capacidad de consumir. Sobran, pues, entiéndanlo, sindicatos y faltan subvenciones. Pueden, claro que si, unos y otros, hablar de trabajadores y trabajadoras pero despreciar a sus sindicatos de clase y sus propuestas.

Pueden  unos y pueden otros porque da igual. Hay que buscar, compulsivamente, el voto que se va al centro, contribuir a la derechización y vaciado político de nuestra democracia, ante el clamoroso abandono y destrucción de todo discurso de una izquierda que quiere influir y gobernar, manteniendo ideales y principios.

Volatilizada esa izquierda, solo queda el postureo mediático: el político bailarín, el photoshop republicano de la revolución “indoor” o el guitarreo televisivo. Es lo que hay cuando todo aprovecha para el convento: nada.

lunes, 2 de noviembre de 2015

Pues no sois tan listos ni listas

No me echéis la culpa por poner vuestros pies en la tierra. El hallazgo de vuestras limitaciones corresponde, ni mas ni menos, a la Sociedad Británica de Sicología. Es que hoy me toca el mensual chute hospitalario para alimentar mi enfermedad rarita, y no estoy para reflexiones sesudas: prefiero recordarles que son Ustedes más ignorantes de lo que creen.

Los ingleses, siempre atentos a la salud del imperio y, por lo tanto, a la del resto del universo conocido, acaban de realizar un experimento en el que se pedía a los participantes que utilizaran internet para responder a una serie de preguntas; otro grupo debía responder sin recurrir a la red. El resultado es que el grupo que usó internet había sobreestimado su conocimiento.

Los investigadores han concluido que es muy satisfactorio encontrar una respuesta rápida en San Google, ignorando que ha sido una máquina quien ha resuelto el problema. Pero como estamos al mando de la máquina, dicen los que investigan, nos sentimos tan listos como poderosos.

Ah, ese poder nos hace perder de vista nuestra dependencia. Ahora, nos sentimos muy listos porque nuestro teléfono inteligente se ha convertido en nuestro cerebro. Ya no necesitamos ser nosotros y nosotras los listos.

¿No recuerdas algo importante como quién marcó el gol en la séptima copa de Europa o la receta del falafell? Búscalo en Google. Incluso la identidad de Euler, que Usted no usará en su vida, tiene 85 700 resultados en el buscador; así que Usted podrá presumir en el cóctel de un congreso de matemáticas.

O sea, que Ustedes son muy críticos cuando las empresas externalizan sus producciones. Y sin embargo, no les importa externalizar su cerebros en su “Smartphone”.

Nos creemos que estamos aprendiendo dejando que la máquina estudie por nosotros y nosotras; nos creemos que sumamos conocimiento.

No es por dejarles más preocupados de lo que Ustedes, personas cabales, ya lo están de habitual, pero el estudio viene a confirmar que el usuario de Google es de mente más cerrada y de más pensamiento único que quien menos lo usa. Dicho de otro modo, lean algún libro de vez en cuando, estudien aquellos viejos ensayos de otras épocas, incluso escriban. No pasa nada.

Siempre hemos exagerado nuestro conocimiento, para que engañarnos. Y hemos tenido ayudas ejemplares como esos libros que nos contaban el argumento de operas que nunca habíamos oído o libros que nunca habíamos leído, para quedar bien en los cócteles o con algún ligue complejo. Decía un autor francés, los franceses siempre han sido un poco cínicos, que la cultura general solo sirve para ocultar nuestra ignorancia individual.

Cuando ganamos al trivial nos sentimos muy listos. Pero el caso es que no se si han caído en la cuenta, nunca ganan porque sepan el año que se murió Cervantes (al año que viene se enterarán, seguro) sino porque conocen a un jugador de futbol o a un actor de cine.

Asuman, señoras y señores, que no son Ustedes tan listos. Pásense una semana sin Google y luego me cuentan