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viernes, 29 de mayo de 2015

Prohibiendo el vuelo del tordo francés

Tenemos a la España política intentando prohibir el vuelo de los tordos. Aunque Ustedes no hayan caído en la cuenta.

Un arbitrista aragonés, Burruel de nombre, tras sesudo análisis de los males de la agricultura patria, detectó no sin aguda reflexión que los pájaros gabachos destrozaban el grano somontano. Propuso al Rey, con inestimable criterio, prohibir en la frontera la entrada del tordo francés.

Podrá a Ustedes parecerles atrabiliaria y hasta risible la propuesta pero estimo que no han caído en la cuenta de cuanta gente anda prohibiendo el vuelo de los tordos.

Desde el compulsivo histerismo de la Aguirre a la preocupación de los empresarios catalanes se sugieren alternativas irracionales para detener a las fuerzas que emergen (aún no hemos llegado al gobierno cívico militar ni al somatén). Naturalmente, ni una da cuenta de que años produciendo corrupción han generado estos lodos, ni otros de que, para salvarse de la cosa del tres por ciento, llevan años denigrando a las instituciones y políticos, idea que han comprado sus hijos y la pequeña burguesía por el tres por ciento empobrecida.

Los del cambio emergente tampoco gustan del vuelo de los tordos. Nacidos para gobernar, y no para el ocioso mundo de la oposición inútil, que es cosa de menesterosos sin ilustración, niegan a los que tienen más votos el derecho a encabezar el cambio. El cambio es patrimonio de elegidos y elegidas y no de la antes casta, y ahora majetes, que andan por ahí, por dios que antiguos, mostrando trapos rojos en los mítines. Debe, pues, gobernar la tercera fuerza política, faltaría más, que la humildad democrática es cosa de melifluos de la transición.

Todos y todas los que suman cambios, esto es portavoces del pueblo, mareas, socialismo superviviente e izquierdas irrelevantes quieren prohibir el tordo de la cultura de centro y centro derecha que ha ganado las elecciones (cosa distinta es su partido hegemónico). No gusta el viejo tordo democrático que aconseja gobernar para todos, cuidar de venganzas y esperar, como le decía a Lenin un escritor francés, unos años antes de cortar todos los setos.

El joven y ambicioso prócer de la irrelevante izquierda de verdad verdadera, fiel a su tradición pretransicional y predemocrática lleva meses disparando a los tordos, prohibir es leguleya y borbónica cosa, en forma de apoyo a partidos ajenos y meritoriaje popular. Ahora sólo resta prohibir al escaso tordo resistente.

Podría, cierto, el ambicioso joven bajar la mirada a la tierra, descubrir que no gerencia multinacional sino que regenta un estanco poligonero. Podría descubrir que para sobrevivir en el mercado es mejor sumar que barrenar, ustedes me entienden, el nido de los tordos supervivientes,

Afortunadamente, créanme, ni el Rey ni Burrul acabaron con el tordo francés y ninguno de estos acabaran con su particular tordo, Si, nos darán días de ruido, incluso mañanas de furia, pero al final no son ni los de antes, ni los del cambio, ni los del estanco, los que sostienen el ritmo de la historia. Es esa vieja democracia, sinónimo de alianza y acuerdo; de respeto a la diferencia; de suma de la diversidades; de gobiernos inclusivos.

Sepan, pues, que no se prohíbe el vuelo de un tordo.

lunes, 25 de mayo de 2015

Puedo hablar de la utilidad de los poetas

A Luis García Montero y sus bravos y bravas acompañantes.

Soy de una generación que cuando tuvo noticia de Luis, él ni siquiera se llamaba Luis. Un granadino bohemio, en vísperas de las municipales del 83, me entregó, en Zaragoza, un ajado poemario titulado Tristia, firmado por un tal Álvaro Montero (trasunto de Luis y de Álvaro Salvador).

"Nos fue dado el amor de pronto por la vida y las pequeñas cosas". Un buen discurso, precisamente, para aquellas elecciones en que la izquierda que solía llamarse de verdad pasaría a ser irrelevante durante más de un lustro.

Más tarde, conocería a Luis, ya convertido en García Montero, en Granada tuvo que ser, acompañando a un prócer de IU, sintiendo la mirada cómplice de quien cree más en las banderas que en los caudillos.

La historia ha vuelto sobre sí misma. Nuevos caudillos, que de tan nuevos perdieron las palabras que identificaban a la vieja tribu, han devuelto a la izquierda de verdad a la irrelevancia. Capitaneado por un viejo discurso sin ambición y una joven ambición sin discurso, a pesar de la honesta afiliación y el esfuerzo de Luis, el veterocomunismo ha logrado su objetivo: el partido comunista que más tiempo lleva sin presentarse a unas elecciones en la Europa occidental, transformado en puro lobby, pasará a desarrollar su hegemonía en un espacio donde nadie le llevará la contraria, porque nadie sabrá nunca de su existencia,

Así pues, el mejor candidato en décadas de IU y la afiliación más idéntitaria, han sido derrotados. Izquierda Unida, amortizada como marca y como plataforma, solo espera que las jóvenes ambiciones sin discurso, los discursos sin ambiciones y los oportunos barreneros la dinamiten definitivamente, sin que nadie sepa donde emigrará lo que importa: el cazo de valores e ideales.

Porque lo esencial no es el nombre de los que reclaman un cambio, sino el cambio del que se habla. Y bien; Esperanza, Rita y Cospedal están fuera. Los resultados permitirán a Susana Diaz gobernar. Pero, francamente, nada de eso depende de la izquierda y, menos aún, de Izquierda Unida y sus valores. Y llegará el otoño, y el bipartidismo volverá a reforzarse y los del cambio se reducirán a la veintena de escaños que siempre representó IU y a una oposición, igualmente irrelevante.

Y, sin embargo, vengo a hablar de la utilidad de los poetas. Porque cuando las jóvenes ambiciones sin discurso pasen, sumergidas en algún evanescente piélago de retórica, volverán los discursos necesarios a buscar ideas y las encontraran en los versos de aquel poeta que, simplemente, convocaba a encontrar " un ritmo que sujete la historia".

Al fin y al cabo, el poeta, acompañado por un puñado de hombres y mujeres comprometidos con la historia de su partido, probablemente errados, pero no indignos, no han sido traicionados por sus ideas sino por los que siempre, paseando por desconocidas orillas, negando la pluralidad de la izquierda o reclamando la única verdad, siempre nos llevaron a la irrelevancia, mientras convocan refundación o nuevos partidos herederos de las viejas glorias fenecidas, sitios de donde poder expulsar la voz del poeta y a sus bravos y bravas acompañantes.

Eso si; esta vez a cambio de sinecuras incógnitas, y discursos minimalistas que solo barruntan postureo. El día en que se peleaba la derrota de la derecha, los portavoces de la historia abandonaron el campo de la pelea y fuesen al iluminado sur, porque las duras trincheras son para poetas, esforzadas y esforzados,  no para próceres que se la empapelan con papel de fumar. Aquí, solo se oyó al poeta, y a sus escuálidos acompañantes, recordar la importancia del camino,

Aquellos que otras veces fuimos, por los mismos, condenados a la irrelevancia volveremos a concurrir, no os quepa duda, cuando volváis a hablar de la utilidad de los poetas y las banderas.