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lunes, 25 de mayo de 2015

Puedo hablar de la utilidad de los poetas

A Luis García Montero y sus bravos y bravas acompañantes.

Soy de una generación que cuando tuvo noticia de Luis, él ni siquiera se llamaba Luis. Un granadino bohemio, en vísperas de las municipales del 83, me entregó, en Zaragoza, un ajado poemario titulado Tristia, firmado por un tal Álvaro Montero (trasunto de Luis y de Álvaro Salvador).

"Nos fue dado el amor de pronto por la vida y las pequeñas cosas". Un buen discurso, precisamente, para aquellas elecciones en que la izquierda que solía llamarse de verdad pasaría a ser irrelevante durante más de un lustro.

Más tarde, conocería a Luis, ya convertido en García Montero, en Granada tuvo que ser, acompañando a un prócer de IU, sintiendo la mirada cómplice de quien cree más en las banderas que en los caudillos.

La historia ha vuelto sobre sí misma. Nuevos caudillos, que de tan nuevos perdieron las palabras que identificaban a la vieja tribu, han devuelto a la izquierda de verdad a la irrelevancia. Capitaneado por un viejo discurso sin ambición y una joven ambición sin discurso, a pesar de la honesta afiliación y el esfuerzo de Luis, el veterocomunismo ha logrado su objetivo: el partido comunista que más tiempo lleva sin presentarse a unas elecciones en la Europa occidental, transformado en puro lobby, pasará a desarrollar su hegemonía en un espacio donde nadie le llevará la contraria, porque nadie sabrá nunca de su existencia,

Así pues, el mejor candidato en décadas de IU y la afiliación más idéntitaria, han sido derrotados. Izquierda Unida, amortizada como marca y como plataforma, solo espera que las jóvenes ambiciones sin discurso, los discursos sin ambiciones y los oportunos barreneros la dinamiten definitivamente, sin que nadie sepa donde emigrará lo que importa: el cazo de valores e ideales.

Porque lo esencial no es el nombre de los que reclaman un cambio, sino el cambio del que se habla. Y bien; Esperanza, Rita y Cospedal están fuera. Los resultados permitirán a Susana Diaz gobernar. Pero, francamente, nada de eso depende de la izquierda y, menos aún, de Izquierda Unida y sus valores. Y llegará el otoño, y el bipartidismo volverá a reforzarse y los del cambio se reducirán a la veintena de escaños que siempre representó IU y a una oposición, igualmente irrelevante.

Y, sin embargo, vengo a hablar de la utilidad de los poetas. Porque cuando las jóvenes ambiciones sin discurso pasen, sumergidas en algún evanescente piélago de retórica, volverán los discursos necesarios a buscar ideas y las encontraran en los versos de aquel poeta que, simplemente, convocaba a encontrar " un ritmo que sujete la historia".

Al fin y al cabo, el poeta, acompañado por un puñado de hombres y mujeres comprometidos con la historia de su partido, probablemente errados, pero no indignos, no han sido traicionados por sus ideas sino por los que siempre, paseando por desconocidas orillas, negando la pluralidad de la izquierda o reclamando la única verdad, siempre nos llevaron a la irrelevancia, mientras convocan refundación o nuevos partidos herederos de las viejas glorias fenecidas, sitios de donde poder expulsar la voz del poeta y a sus bravos y bravas acompañantes.

Eso si; esta vez a cambio de sinecuras incógnitas, y discursos minimalistas que solo barruntan postureo. El día en que se peleaba la derrota de la derecha, los portavoces de la historia abandonaron el campo de la pelea y fuesen al iluminado sur, porque las duras trincheras son para poetas, esforzadas y esforzados,  no para próceres que se la empapelan con papel de fumar. Aquí, solo se oyó al poeta, y a sus escuálidos acompañantes, recordar la importancia del camino,

Aquellos que otras veces fuimos, por los mismos, condenados a la irrelevancia volveremos a concurrir, no os quepa duda, cuando volváis a hablar de la utilidad de los poetas y las banderas.