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viernes, 26 de junio de 2015

¿El gato descolorido caza ratones?

En un país de ideales e idealistas, donde siempre valieron más quijotes que panzas de Sancho, al fin uno afirma que se le da una higa las banderas, y muy especialmente la bandera roja. Quiere la panza del gobierno y archivar los sueños cenizos de enteras generaciones. Es el cambio

Eso si, se dice marxista y gramsciano, pero no rojo, sumando al desprecio a la bandera la inconsistencia intelectual propia de universitarios diletantes que siempre ignoraron los sacrificios que los marxistas y los gramscianos asumieron cuando Europa no era este balneario que se permite jugar al cambio que nada cambia.

Liberales y conservadores, socialistas y comunistas, anarquistas e identitarios, todos y todas han abrazado una bandera, esos pocos principios en cuyo nombre se ejercían acciones de gobierno. Los más pragmáticos colorearon siempre sus gatos antes de enviarles a cazar ratones.

Cosa antigua: el cambio debe carecer de banderas. Mejor dicho, debe carecer de banderas rojas. Al fin, el sonoro rebuzno de Pablo Iglesias ha desvelado el asunto: la izquierda es su enemigo; añora un bipartidismo sin izquierda, donde el ganador se lo lleve todo. No odia al sistema; odia a la izquierda.

La unidad popular, popularísima no es para los elitistas cenizos de la izquierda sino para la arribista muchachada del cambio. No era Fukuyama; era Iglesias el convocado por la historia para acabar con el sueño del movimiento obrero empoderado en formaciones de cambio.

Así os veis, amigos de la izquierda de verdad verdadera por errar, una y otra vez, en la agenda política, por haber financiado a los gritones que ahora van a por vosotros y vosotras. Así os veis por destrozar las siglas de IU, sustituidas por un PCE que busca descaradamente una nueva máscara electoral.

El griterío de Errejón, el cinismo de Bescansa, el pragmatismo de Iglesias, el patético mendigar de Garzón, han venido a declarar el fin de la historia. Creen que un gato descolorido podrá cazar ratones porque los empobrecidos hijos de la pequeña burguesía airada no se verán molestados por trapos rojos, desgastados, llenos de derrotas y pasados por viejos libros.

Es más bien probable que los gatos descoloridos no cacen ratones. Porque siempre habrá izquierda, mal que les pese a los que leen la historia como si fuera una tesis universitaria, construida entre las vomitonas de los erasmus y el juego de ocupas, en la opulenta Italia los años de la bonanza antillana que denunciara Sciascia.

Siempre habrá izquierda y los de los gatos sin bandera harán referéndum ciudadanos para que el cambio lo gobierne la izquierda. Despreciarán, eso si, al militante que arrastra su ajada bandera tras el mitin pero que sonríe porque guarda un secreto: el género humano es la internacional.

lunes, 15 de junio de 2015

El (des)contexto

Entiendan bien: con contexto, las injurias son simple humor. Más aún, quienes dimisión de chistoso nazi hemos reclamado pasamos a ser de derecha extrema, más faltaría.

Solo la debilidad de la Alcaldía ante la voracidad de los poderes fácticos que se oponen a la cultura desprivatizada, ha permitido esta ofensa intolerable que reclama venganza. Busquemos, inmediatamente, esos deleznables tuits de la derecha y a la cárcel con ellos y ellas,

La nueva política está hoy "descontexta". Pero es el caso, qué vamos a hacerle, que el relato del cambio se ha construido a golpe de tuits amenazantes, groseros y abundantemente falsos que han sufrido casi todos y todas quienes osaron oponerse al nuevo y glorioso tiempo.

La amenaza tuitera, la violenta interrupción de una conferencia o el bulo gritón en el plató de una televisión amiga, han eliminado a no pocos competidores atemorizados, sin espacio para contar su verdad.

Como aquí se dijo, el más amenazante de los gritones heredó, tuteló y mejoró una muy valiente corriente que siempre despreció esa vieja idea de que la forma es parte constituyente del fondo democrático.

Y la derecha más, reclamarán los pillados y pilladas en estomagantes y despreciables afirmaciones. Vale, y la derecha más, afirmaremos los demás que diremos "y tu, también", para ser calificados, inmediatamente, de derecha extrema.

Las y los profetas de la pureza popular, popular, reclamantes de miles de dimisiones, imputaciones y otras alegres cacerías, han sido atrapados en su propio griterío y por sus demandas de puras purezas. Ah, se les recordará lo que ha sido dicho y quien ose recordarlo será derecha extrema, no lo duden.

Y sin embargo, alcaldes y musas del cambio imputados, imputados son. Y chistes injuriosos, injurias son. Y griterío imbécil, imbécil grito es.

Quienes afirmaron que no solo era libertad de expresión, sino expresión democrática convocar la tortura de Gallardón (concejal Soto) o amenazar con enterrar a alguien "si sale de casa" (aspirante a concejala Mendiola) nos ponen encima de la mesa el valiente "alternativismo" realmente existente que no se para ante la hipocresía de la transición, como es sabido.

Aquí hemos criticado, más de una vez, a los ladrones de contexto que devalúan el horror de la historia. Lo diga Agamenón o su porquero alternativo sigo creyendo que vanalizar el sufrimiento de los pueblos es, en primer lugar, insultar al pueblo que sufre y, en segundo, insultar a la memoria democrática. Construir discursos con amenazas es, simplemente, despreciar la democracia. No me representa quien así se comporta,

Anda la nueva política poniendo candados a tuiter, borrando viejas vergüenzas, atrapados en la amenaza que ellos y ellas practicaron. Bienvenidos alegres muchachos y muchachas al mundo de la hipocresía democrática.

Yo también estoy " descontexto". Lo estoy porque costará desenfangar el debate político, salir del puñetero frentismo de las redes, volver a hablar de política.

Muchachos y muchachas de lo nuevo: que San Martín reparta suerte a los bocazas tuiteros,


Barrenando IU

Publicado por Nueva Tribuna el 15/6/2015

Me refiero a quienes han eliminado a IU como referencia política y la barrenan, mamporreando a los que buscan patéticamente un escaño, escondido en la colla del cambio.

No soy de IU ni de sus muchas bandas enojadas; solo me honro en haber sido fundador, junto a otros y otras, de la Izquierda Unida aragonesa y empujado en Madrid, junto a Gerardo Iglesias, otros y otras, en los difíciles días fundacionales, una fuerza con vocación de suma, promesa de transformación y conflicto con las políticas de la derecha. También presumo de haberme reencontrado con esa cultura política en mi modesto apoyo a Luis García Montero.

Cuando esto escribo, un prócer ha anunciado su voluntad de "reconstruir IU con el PCE" y el gerente de turno se ha puesto a eliminar a quien no responda al perfil. Resulta dramático, siendo benévolo, que se amortice IU por quienes resucitan una gloriosa sigla que cumplió, hace décadas, su función histórica.

El partido comunista de occidente que más tiempo lleva sin presentarse a las elecciones ni someterse a escrutinio cívico alguno, opaco éticamente tanto en financiación como en comportamientos que a los demás requiere, transformado en puro sindicato de intereses, se apresta a cerrar una formación política que, con aciertos y errores, ha sido la voz heredera de la cultura de cambio nacida del añoso tronco del movimiento obrero.

Que IU no necesitaba de refundación por comunismos pretéritos conducida sino de una recreación que pusiera en valor su militancia, preservara sus valores y transformara decisivamente su estructura, era algo que los amigos y amigas, más o menos contradictores llevamos años diciendo.

Sin embargo, capitaneados por un viejo discurso sin ambición y una joven ambición sin discurso, los que renuncian a IU en nombre del veterocomunismo han logrado su objetivo: eliminada IU, el partido comunista reconvertido en puro lobby, pasará a desarrollar su hegemonía en un espacio donde nadie le llevará la contraria, porque nadie sabrá nunca de su existencia.

IU, amortizada como plataforma, solo espera que las jóvenes ambiciones sin discurso y los oportunos liquidadores, la dinamiten definitivamente, sin que nadie sepa donde emigrará lo que importa: el cazo de valores e ideales.

Mendicantes de escaños, luminarias que usan los principios solo para el comienzo, como etimológicamente era de prever, y barrenadores, hacen pandilla para dar por cerrados valores por mucha gente construidos y hoy sepultados en popularísimos encuentros.

Porque lo esencial no es el nombre de los que reclaman un cambio, sino el cambio del que se habla. Prácticamente ninguno de los cambios que celebra la ciudadanía estos días  depende de Izquierda Unida y sus valores.

Lo cierto es que han vuelto quienes siempre, paseando por desconocidas orillas, negando la pluralidad de las identidades de izquierda o reclamando la única verdad dogmática, condujeron a IU a la irrelevancia.

Naturalmente, el secretario orgánico responsable de los peores resultados de IU en dos décadas, mamporrero de los que se pasaron la campaña pidiendo el no voto, no dimitirá: se ampara en el sindicato de intereses conocido mas notable.

Dicen los próceres que la ciudadanía ha enviado un mensaje de reconstrucción a IU. Lo dudo: la ciudadanía ha pasado de enviar ningún mensaje a IU. Es IU quien debe lanzar a la ciudadanía algún mensaje de utilidad política.

A esas afiliaciones generosas  que siempre resisten agarradas a la balsa que los piratas  hundieron, no les quepa duda que no les faltará el compromiso de muchos y muchas si la convergencia retorna a su origen: plural, reconocedora de múltiples identidades y no un mandato de liquidación política. La barrena no es creativa, amigas y amigos, solo hace agujeros.
 

lunes, 8 de junio de 2015

Aquel municipalismo de alianza, bienestar y casta ( faltaría más)

Recuerdo donde estaba el 4 de Abril de 1979, a medio día: comiendo en una gasolinera en las proximidades de Niza. Habíamos hecho una campaña como auténticos activistas, votado por correo y, el día de reflexión, subido a un autobús para compartir con nuestros compañeros de facultad nuestro italiano viaje de final de carrera.

A la hora de la comida, hicimos la llamada a España (no había móvil ni guasap). Supimos de las noticias y las brindamos con un vino más caro de lo que nuestros monederos podían financiar. Pero es lo que había: las izquierdas (en plural, muy plural) habíamos ganado las municipales. Compartíamos mesa socialistas, comunistas, gentes del Partido del Trabajo. A ninguno se nos pasó por la cabeza que no gobernaríamos ni buscamos atrabiliarias condiciones; de hecho, nos pusimos a especular con el reparto.

¿Por qué aquellos críos de la época no teníamos dudas? Porque la izquierda de entonces tenía política de alianzas. Fue más tarde, cuando un montón de gente, mayormente andaluza, que se había fumigado a más de medio partido, nos informó de que la derrota del 83 y las siguientes no procederían de sus desmanes orgánicos sino de nuestros ilusionantes e ilusionados pactos.

Se condenó, desde entonces, a la izquierda a carecer de política de alianzas; se canceló la vieja idea republicana de competir para luego colaborar y se condenó a un montón de generaciones a no aprender a gobernar y solo a predicar.  Lo que contribuyó a reforzar el bipartidismo notablemente y al peligroso discurso de que todos, si no gobernaban los buenos con mayoría absoluta y en algún sitio andaluz, fuera se era sospechoso de venderse al sillón, eran la misma mierda.

Son los mismos que, incapaces de gobernar en toda su vida, cercenaron el gobierno de Valderas en Andalucía. Los mismos, disfrazados de jóvenes ambiciosos, que enviaron al pozo a Maillo. Esos mismos que han trabajado contra Luis García Montero, no fuera que gobernará la izquierda en Madrid.

Y sin embargo, alianza de izquierdas significó, correlato políticao de la concertación social también hoy denostada, estado de bienestar

El municipalismo democrático de la transición, que escándalo, construyó el mínimo estado de bienestar que España vivió hasta que, mas tarde, una izquierda moderada (y de casta), con la izquierda transformadora en la irrelevancia, porque no se podía pactar con la misma mierda, construyó eso que hoy se defiende como paradigma de la modernidad: escuela, salud pública y pensiones.

Y todo empezó en el municipalizamos democrático. Porque resulta que a pesar de la crisis fiscal de España en el 79 (la única diferencia con la crisis de ahora es que se podía devaluar) y a pesar de las limitaciones a la evolución del gasto público (Pactos de la Moncloa), un montón de gestores sabían lo que los tertulianos radicales de hoy ignoran: a nivel local, el margen keynesiano es bastante notable, si te atreves con los impuestos.

No necesitamos dejar de cumplir la ley. Necesitamos una alianza que haga bienestar. Tampoco necesitamos que los de la casta se conviertan en majetes; al fin y al cabo, la mayoría. ciudadana, no confundir con jóvenes ambiciosos sin discurso que no quieren bienestar hasta que ellos sean diputados, no hemos condenado a casi nadie,

El cuatro de abril de 1979, en una gasolinera cerca de Niza, un grupo de chavales y chavalas soñamos un país que tiró palante; sabíamos quienes eran de los nuestros y, sobre todo, se nos daba una higa quien debía hacerse la foto electoral en las próximas generales. Creíamos en la Ciudad, no en el postureo.

Hoy, como domina el postureo, el autoritarismo de las jóvenes ambiciones sin discurso y, en el museo de la izquierda, la luminaria heredera de los que nunca quisieron gobernar, no sabemos quien y donde gobernará el sábado. Eso si, sabemos que, gracias a ello  en casi ningún sitio se espera a la izquierda de verdad verdadera que, gracias a jóvenes ambiciones sin discurso, luminarias y barreneros, no concurre.