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viernes, 11 de septiembre de 2015

Ha sido Ángela

Pues igual les duele; pero ha sido la reaccionaria. Ha sido ella, la malvada criminal que perseguía al gran Varoufakis. Ella, la cómplice de la corrupta Lagarde. ¡Anda!  ha sido ella, la nazi de la troika, la que ha convertido al pueblo más perseguidor de la historia en el pueblo que acoge más perseguidos en la historia.

Ha sido Merkel quien ha afrontado la xenofobia de los históricos reaccionarios de Baviera, la que ha empujado a la tibia Europa a la acogida.

No ha sido la izquierda del asilo que aún duda, según familia, en bombardear a los jefes o a los rebeldes, pero a la que le encantaría bombardear a alguien. No ha sido la católica derecha italiana o española. No; ha sido la Merkel.

No ha esperado una imposible decisión de los burócratas europeos, se ha saltado las reglas de Dublín, tan absurdas como injustas. Ha sido ella la que ha llamado a respetar la dignidad del ser humano, imponiendo a España y a Francia, las cuotas que habían rechazado. Ha sido ella la que ha impuesto la regularización de los rechazados y las rechazadas.

Ha sido ella quien ha empujado a las extremas derechas en lugar de dejarse empujar y la que ha permitido que las solidaridades ciudadanas, las asociativas, las de los gobiernos municipales se hayan puesto en marcha. Ha sido ella, la reaccionaria, la que ha movilizado a partidos políticos que no habían dicho ni mu, ni los nuevos, ni los viejos, hasta la dramática foto del niño ahogado.

Ha sido la Merkel, la nazi, la que se opone a la Europa de los pueblos la que ha impuesto el primer momento político europeo, de verdad, en los últimos cuatro años.

Hay que ocultar que ha sido ella. Así que deberemos convocar sesudos análisis poblaciones que digan que es una decisión puramente económica y de interés alemán. El severo declive poblacional teutón le obliga a trabajar con nuevos inmigrantes y refugiados, dicen sesudos analistas, si quiere mantener su potencia económica y el monstruoso excedente comercial que le permite financiarse a coste cero.

Oh, que tranquilizador es el argumento si no fuere porque el resto de Europa anda, más o menos, igual. El envejecimiento de la población (en veinte años Europa solo ha crecido un 0,2% frente al 1,2% el planeta), la caída de población durante la crisis (abandono de inmigración), la explosión demográfica en África, multiplicada en sus efectos por el cambio climático, la estructura del modelo social, son situaciones que conciernen a todos y todas los países europeos.

Era, es, el momento, de resolver los problemas de hambre y guerra en medio mundo. Problemas de guerra que han creado, entre otros, las ganas de intervención militar del derecho a la injerencia, tan amado por parte de la nueva y la vieja izquierda y por la derecha atlántica. 

Pero es, también, momento de construir una nueva base de población (y de derechos de ciudadanía) para la recuperación económica y social. 

Se siente, pero ha empezado ella: la reaccionaria. La vieja y la  nueva izquierda, los de la casta y los del cambio, a rebufo y pancarteando. Es lo que hay.