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jueves, 17 de septiembre de 2015

El toro de la Vega: metáfora de lo horrible

Casi todos los pueblos han mantenido horribles tradiciones; hasta que descubrieron que eran horribles. El Toro de la Vega es una de ellas, aunque la gente de Tordesillas no lo haya descubierto.
 
Puede amarse el torero alucinógeno de Dali. O puede sufrirse con la terrible simbología, oscura y brutal, del toro de Picasso. O puede haber, incluso, quien aprecie la tauromaquia. Pero el Toro de la Vega no hunde aquí sus raíces, lo hace en la crueldad.
 
Lancear el toro tiene un origen medieval. Algunas otras tradiciones también lo eran: robar miel era muy grave en el medievo y se castigaba con la muerte. La muerte por asesinato, sin embargo, era mas suave y a veces con solo pagar una multa se perdonaba.
 
Matar a una mujer embarazada era más duro que matar a una mujer menopáusica. Se trataba de cuidar la natalidad. Si alguien provocaba un aborto era muy castigado.  
A nadie se le ocurriría defender estas tradiciones en Tordesillas, o quizá si.
 
Los hombres “costaban” más que las mujeres. Algunas leyes permitían al marido de una mujer adultera matarla pero sólo de “un golpe” (la iglesia mandaba misericordia, ya se sabe). Algunas permitían estrangularla o arrojarlas a un pantano. Eso si, los incendios de bosques también eran castigados con la muerte. Un bosque valía más que la vida de una adúltera.
 
El toro de la Vega es la metáfora de las tradiciones horribles que perviven entre nosotros. Metáfora de la resistencia a la modernización de nuestra cultura social que no justifica la identidad cultural en la innovación sino en lo ancestral. Somos Vintage, mal que nos pese, porque los tatarabuelos y tatarabuelas de  nuestros tatarabuelos y tatarabuelas así nos lo transmitieron, por supuesto en pila bautismal.
 
La risa cruel sobre el que fracasa; la envidia sobre el que progresa, el golpe sobre el caído, el olvido sobre los derrotados, la cobardía en masa convertida en violencia de grupo, la ruptura en atriles de constituciones, el silbido a lo que otros respetan, las banderas que se queman,…horribles tradiciones, pero muy nuestras, si señor, que en la Vega de Tordesillas se tornan en lanzas contra un animal indefenso.
 
Infinidad de fiestas crueles jalonan nuestro suelo. Déjenme que les diga que esas fiestas solo son manifestaciones de lo horrible. El legado cultural en el que se amparan muchas de estas tradiciones solo revelan lo peor del ser humano, en general basado en machismo, crueldad y dolor.

No hará falta decir que ni quienes defienden la tauromaquia defienden al lancero, además tramposo; otra tradición de un país donde más que los jugadores abundan los trileros. Pero quizá convenga reseñar que muchos y muchas de ellos son tolerantes con todo lo que esas lanzas significan: nuestras más horribles tradiciones.
 
Suele el civilizado hispano llamarse al horror del pie vendado o la castración femenina,  de la invisibilización que produce el burka, y todas esas cosas que nos repugnan. Las tradiciones horribles que jalonan infinidad de festejos no nos indignan; al contrario; son ancestrales tradiciones, cultura, faltaría más.