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miércoles, 2 de septiembre de 2015

Escribo sobre quienes mueren

Ha sido un verano de muerte, para que engañarnos. Un muerto es un escándalo, decía Goebbels, muchos son una estadística. Esta es la ley nazi de los grandes números de este verano maldito.

No me puedo guiar por las fotos de  portada de El País: qué quieren que les diga, lamento las muertes por ahogamiento o asta de toro, al parecer crecientes. Pero el faro y guía de occidente me hablaba de toros, cuando una mujer moría asesinada, o de ahogamientos en piscinas y playas, cuando la mediterranía, desde Algeciras a Enstanbul, se llenaba de muerte de patera.

En solo dos meses y medio de verano, según la contabilidad de feminicidio.net han sido asesinadas 34 mujeres por hombres (cuatro de ellas eran niñas). Los casos representan el 54% de los 63 feminicidios y otros asesinatos de mujeres cometidos en este año. En media,  una mujer fue asesinada cada dos días. Goebbels estaría encantando.

Mejores argumentos que los míos han sido expuestos. Yo recomiendo aquí los de Lidia Fernandez, Libertad Martinez o Nuria Varela. Abundantes razones. Pero déjenme que les diga que empiezan a sobrarme razones para pasarme a la ira, directamente. Mientras escribo esto, me llega que una chica valenciana ingresa en coma en un hospital. 
 
Comprenderán Ustedes que el soberanismo, las primarias o las unidades populares, popularísimas, se me den una higa cuando las mujeres mueren.
 
Cuando observo, con asco, como la Europa de balneario se deshace ante la peor ola de refugiados de la historia, cuando las alabadas primaveras y muy notables estrategias democratizadoras del oriente se disuelven en el espanto de la huida por la superviviencia.

Cuando observo que algunos se escandalizan más la destrucción de Palmira (deleznable ejemplo de la intolerancia religiosa y el papanatismo teológico) que por esos monumentos al racismo que son el paso de Calais o la Estación de Budapest.
 
Tras meses de gritar sobre la malvada troika, levantar puños y desear la destrucción de Europa, no oigo el mismo ruido por la patera hundida, el cadáver de un niño, la asfixia en una camioneta. 2500 inmigrantes han muerto en lo que va de año, el 70% de los que murieron el año pasado en doce meses. Goebbels de nuevo, un número grande que nos evita la ignominia de sentirnos aludidos.

Nos pedía Roberto Fernández Retamar “ pongámonosa morir un poco, hasta que se remedie esta injusticia”. Yo solo escribo de quienes mueren, los nombro a todos y a todas para que existan en su memoria. Reclamo la Europa de asilo, acuerdo y convivencia que nos prometimos a nosotros y nosotras mismas.

Escribo sobre quienes mueren para que sean visibles ante los ojos del balneario.