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jueves, 30 de junio de 2016

El Reino Unido y las amistades con beneficios

Un amigo o amiga con beneficios es aquel que llega, ensucia tu cocina, desordena tu cama y desaparece. No hay compromiso, no hay coste. Es feliz. Ese es el tipo de gorroneo que han querido votar los ingleses.

No hay nada más venal que responsables políticos difundiendo visiones poco realista de las posibilidades de un país. Un loco antieuropeo hizo creer a los griegos que podían abandonar los rescates y permanecer en el euro. Un loco inglés, acompañado esta vez de un fascista xenófobo, ha hecho creer a los ingleses que pueden aprovecharse del mercado único sin coste alguno.

Si Ustedes han quedado ahítos de las sandeces de nuestra campaña, hubieran quedado espantados de las mentiras con la que los del Brexit han construido su éxito.  Sin embargo, el resultado tiene que ver con esas mentiras, especialmente sobre la inmigración, pero también con la ira de esas clases medias y sus hijos que observan que los sujetos de la globalización (es decir, los que viven en Londres) están viviendo a su costa.

Se habla mucho del europeísmo de los jóvenes…quizá sería más preciso hablar del europeísmo de los jóvenes que viven en Londres; los que viven fuera, acosados por el paro, los salarios de miseria y los servicios públicos insuficientes han dado la espalda a Europa y al líder que les salvaría de la austeridad, el Señor Corbin.

Los políticos ingleses, me temo que de todo el arco parlamentario, quieren ser las amistades con beneficios de Europa. Apalancarse en nuestro mercado mientras dejan de pagar por pertenecer a ese mercado y empiezan a expulsar inmigrantes.

En realidad esta es la filosofía que ha contaminado la política inglesa durante siglos y alentado el bipolar discurso conservador, que no ha dudado en convertir la integración europea en almoneda, para resolver un problema que tenía el partido pero no su pueblo. Cameron no quiere pasar a la historia como el que firmó la petición de divorcio; le es suficiente con ser el listo que destrozó su partido, desarticuló territorialmente el país y lo metió en un crisis por décadas.

Los europeistas oficiales, la socialdemocracia, no han querido, durante años, hacer un discurso que liberara de prejuicios antieuropeos la conciencia social. Corbin ha llevado al extremo esta desidia. Asesorado por el mismo tipo de gente antieuro que llevó a Varoufakis al desastre, se ha puesto de lado como si el asunto no fuera con él. Pero iba: tan malo para los pueblos como los políticos venales son los que desaparecen el día de las grandes decisiones.

Ahora Inglaterra quiere beneficios, a eso le llaman “la desconexión constructiva”. Los líderes europeos en pleno ciclo electoral, especialmente franceses y alemanes, van a decir que no. Y que quieren que les diga, sin que sirva de precedente, me parece que tienen razón.

Convendría, eso si, que la reconstrucción tras la desaparición del amante inglés, fuera capaz de recuperar algo del aliento estratégico, modelo social y aliento global solidario sobre el que se construyó la Unión. Demasiado para el actual liderazgo, sospecho.