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miércoles, 16 de marzo de 2016

Política ¿En serie o en serio?

Justo cuando la gente de "políticas" decidió hacerse de la "politología", un caso de branding obvio, el mundo cambió y la ciencia política abandonó las Universidades, salvo para cobrar unas perrillas, entretanto.

Primero fue la asesoría en campañas electorales, luego los gabinetes de gobierno, más tarde los blogs y el análisis de la nueva comunicación; finalmente, los politólogos y politólogas cayeron sobre los platós de televisión: son indispensables en el nuevo Show Time político. Algunos y algunas han pasado de los platós al escaño, dejando sitio a nuevas opiniones expertas.

El aumento de la influencia de las corporaciones televisivas sobre la política es más que evidente y, en términos sociales, al mismo nivel o por encima del malvado IBEX 35. La nueva política, la ira poscrisis, ha traído una era en los medios de comunicación donde el espectáculo y el partidismo sustituyen a la información.

Al plató le complementan las series. House of Cards, Borgen, Scandal, entre otras, han heredado el peso del Ala Oeste de la Casa Blanca, nacida como contrapartida al gobierno de Bush. Doce profesionales de la cosa han publicado “Política en Serie”, que analiza una treintena de series, tratando de explicarnos el funcionamiento del poder y el valor de la comunicación. Anoche en Malasaña, ningún sitio mejor para la nueva política, se presentó el libro.

Hoy, los contenidos televisivos no se refieren tanto al comportamiento institucional como al comportamiento de los políticos y políticas: las series nos muestran sus carencias personales y su escasa perseverancia en los principios. Los debates en los platos nos sugieren las alternativas. Círculo cerrado, fuera la política real. @immaaguilar, una de las autoras del libro citado y que sabe de qué va, afirma "aquí hemos inventado el amarillismo político".

Una cosa es cierta: los productos culturales tienen poder e influencia sobre el personal. Así que cuando estamos viendo series que se basan en la política, debiéramos ser conscientes del efecto que puedan tener sobre nuestros puntos de vista y nuestras decisiones políticas.

De algún modo, y debido a la debilidad y escasa autoridad de las fuerzas políticas, nos movemos entre la “política de ficción” (las series) y la “política espectáculo”(los platós). Es el escenario ideal para las corporaciones televisivas: aquel en que lo verosímil puede sustituir a la verdad.
Tras un episodio de “House of Cards” y un debate en Televisión, el público puede lanzarse a las redes sociales con los conocimientos adquiridos, como si se tratara de un manual de ciencia política.

No importa que descifrar las realidades políticas sea más complejo. Para eso está la ciencia política sentada en los platos de televisión. La opinión experta no hará, probablemente, que un gobierno sea más transparente o democrático; es bastante probable que, como ocurre con la economía, casi nunca acierte en sus predicciones. No importa; legitima el griterío del plató.

Vean tan excelentes series, alguna muy notable. La ciudadanía sabrá que es un caucus pero ignorará que, en España, no se votan vicepresidentes sino escaños. No importa, que una buena serie y un buen plató no les prive de unas risas, de la política ya se ocupan las teles y el IBEX.