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miércoles, 2 de marzo de 2016

La insoportable ansiedad que producen el foco y la ira

No hace falta ser un politólogo engreído para saber que un Vicepresidente no insulta al Presidente, si quiere ser Vicepresidente. Quiero decir que Iglesias, tras creerse que iba a ser como Guerra, ha decidido volver a ser como Pablo y negar posibilidades de construir mayorías parlamentarias.

No es sorprendente la estrategia preelectoral de Podemos. De hecho, llevan en ello desde el 20 de Diciembre. Y, oiga, si han sustituido a Monedero por Monereo y creen en el afamado sorpasso de izquierda,  están en su derecho de querer ir a las urnas.

Lo sorprendente es que los apóstoles de la negación del conflicto ideológico, trilerismo de vieja izquierda decían, hayan dado un paso más hacia el más viejo sectarismo de la más vieja ideología.

No habrá cambio; Iglesias no quiere. PSOE y Ciudadanos, dice el politólogo, son el brazo político de la oligarquía. Se pone a resucitar la tercera internacional y retorna al histórico intento de pasar al aliado potencial por algún gulag en el que purguen crímenes de lesa humanidad y traición a la clase obrera. Discurso todo nuevo como puede comprobarse.

Son las cosas del foco. Las sobreactuaciones producen una demanda permanente de tensión teatral. Podría uno ser imaginativo pero para qué, teniendo el arsenal de los denostados pitufos gruñones a mano, pudiendo levantar el puño y recordarle a Sánchez la cal que producían sus ancestros.

Son las cosas de la ira.  Cuando uno ve que no va a ser Vicepresidente, tras haberse reunido consigo mismo para nombrarse, se cabrea y vuelve al discurso de la plaza ocupada que nunca ocupó. No es la ira camino en tiempos de necesaria negociación; pero en realidad es que no queremos negociación, ni pluralidad; solo queremos ser Califa en lugar del Califa.

El foco y la ira producen una insoportable ansiedad. No se puede, entiéndanlo, hacer política y discursos con esa tensión. El problema cuando uno retorna a declararse de izquierda es decidir si desea formar parte de una izquierda que quiere gobernar o de la izquierda de la profecía y la superioridad moral que se torna en irrelevante.

El drama que escenificó hoy Iglesias en su primera intervención parlamentaria nos habla, en realidad, de un paso de irrelevancia; que, además, se tiña de sectario e insultante palabreo ya es cosa del autor.

Un pedazo de la Cámara, es evidente, aún no ha superado el discurso de la izquierda del 96; desde entonces pasaron por ahí Aznar, Zapatero y Rajoy; demasiados y demasiadas cosas como para buscar argumentario en el lodazal felipista y castigar a la mayoría de la sociedad con nuevas elecciones llenas de ira y ruido.