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viernes, 19 de febrero de 2016

La gomina ciudadana del Alcalde

A ver, uno ha nacido en El Portillo zaragozano. O sea; glamur lo justo.  Para que se hagan una idea: la Aljafería era cuartel y polvorín militar; en su explanada, así la llamábamos los del barrio, desfilaban soldados y aparcaban camiones. En El Trovador pululaban autobuses; obreros y transportistas comían, como ahora, donde Casa Emilio, esquina que hoy aparenta edificio en busca de mordida pero que siempre, también ahora, fue reducto de cobijo.

Quiero decir que, en todo caso, nuestra experiencia juvenil rayaría más con la brillantina que con la gomina. Lamentablemente, la gente de mi generación, que es la misma de la del reciente alcalde, no le conocimos en el periodo de luchas tardofranquistas y construcción democrática. Quizá por antiguos ignoramos que la ciudadanía reclama gomina de sus portavoces. De hecho, al parecer, no hay cambio sin gomina pública.

Al parecer, hasta el 15 – M de hace dos días no vio la luz de la lucha emancipatoria le nuevo alcalde . No es problema para mi. A cada cual se le aparece su san pablo en el momento adecuado. No obstante, en cuanto la ciudadanía le ha puesto en tan notable puesto ha decidido ocupar una leve porción de gasto público en comprar su gomina.

Mucho no es; casi resultaría divertida la pingüe mordida si el Alcalde no formara parte de los portavoces de la más moderna ética. Casi tan divertida es la justificación: el caballero tiene que representar dignamente a la ciudadanía a altas horas del día y no puede pasarse por casa. Tampoco, al parecer, puede ir al banco a sacar unas perrillas para pagarse un viaje de partido.

A uno no le parece que la cosa sea para mucho, en comparación con notables muerdos a la cosa pública. Pero si hace ruido la cosa es porque a sujetos parecidos se les reprochó por el universo democrático, incluido el de las alcaldías del cambio, el uso privado y doméstico  de prerrogativas y dineros públicos.

Miren Ustedes por donde, ya no serán solo los del PP los que aparecerán en las crónicas como los que debieron devolver dinero público, porque el Señor Alcalde deberá devolver la bagatela, para risas de la mayoría, argumentario de la derecha y  patéticos discursos disculpadores.

No cabe duda que no hay comparación de magnitud entre aquel exalcalde que ponía residencias en los confines del mundo para cobrar dietas y el actual acicalamiento vespertino del alcalde de hoy en día.  Pero créanme, el principio de comportamiento es el mismo: la ignorancia del coste del dinero público utilizado y la falta de transparencia del gasto doméstico del responsable político.

No; una gomina no da para una dimisión, o quizá si en cualquier otro país, pero en cualquier caso no hablamos de dramas institucionales. El decoro estético, el viaje de partido nos hablan de la separación de lo público y lo privado, cosa indecente si es de la casta y tolerable, al parecer, si es del moderno cambio.

Los del cambio zaragozano parecen haber aprendido con mucha rapidez los viejos vicios de la vieja política. Aunque para ser sinceros, tuve el privilegio de trabajar, entre el 79 y el 83, con concejales y concejala, de los del cambio de verdad. Pilar;  Polo; Martínez, Loriente, Rins o Blasco. Doy fe: se compraban su gomina, aunque no recuerdo que la usaran. 

Es un síntoma de la diferencia entre un cambio y otro. Gomina ciudadana o no gomina; esa es la cuestión.