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viernes, 1 de enero de 2016

Furia amiga

La ira iba a ser contra “los viles perros”, mientras se asaltaban los cielos. Acaso, decían los más moderados, convertiríamos cabreo en cambio. Era, también, posible que se sustituyeran las cajas B por telegenia. Naturalmente, en tales paraísos, un predicador anticapitalista tendría su rincón, tanto si era de los de las improbables matemáticas como pitufo triste, liquidador de su partido.

Hace un año, la ira era contra los profetas de la austeridad, los banqueros y la casta que les representaba, con la excepción de los Botín creadores de riqueza, según Montero. Ira, era, contra la transición que nos dio derechos y nos permitió las becas “orgasmus“ y todas las demás con las que los airados se formaron gratis.

Ahora que la ciudadanía ha dicho que ni una cosa ni la otra, ni paraísos ni cielos, se acabaron las barredoras de Errejón: todos los cabreos tienen otro destino. La furia se dirige hacia los propios. Furia amiga, Que siempre se reflexionó mejor contra los próximos que contra los adversarios.

Furia amiga de la que se viste de nueva Isabel de Castilla y retorna de andaluzas batallas, de barones acompañada, para poner freno al castellano, con carromato de líneas rojas lanzadas cual obuses contra la maltrecha fortaleza socialdemócrata.

Furia amiga la de los antiguos asaltantes a los cielos, hoy aspirantes a socialdemócratas en lugar de los socialdemócratas, empeñados en barrer no a la casta sino a lo que queda de izquierda, a golpe de reformas constitucionales e improbables referéndum, que de la austeridad, lo social y la bondad de Tsipras ni lo hablamos.

Furia amiga la del cambio para que nada cambie, que no votaría ni a uno ni a otro y ahora convoca a los dos, para tapar resultados flojitos y castigar a los votantes de otros partidos.

Y ya ven, la que iba a ser la legislatura de la postauteridad camina hacia más de lo mismo, a elecciones anticipadas o a reformas que poco o nada tienen que ver con la agenda social.

El eje de los gobiernos que se reclaman ya no son las políticas sociales, hundidas en el silencio con el que la vieja izquierda abandonó el campo, sino elevados cuestiones de estado para las que no se necesitan alianzas fuertes sino rollitos de amiguetes durante una temporada.

No; no hay nada de lo nuestro; solo furia contra los propios, a ver quien la caga antes. Furia amiga para vampirizar los electorados de los demás, especialmente el de la izquierda. Uno destrozará lo que ha dejado de IU; los otros buscarán, a golpe de referéndum y discursos hueros, ser califas en lugar de los estresados barones de la nueva castellana.

Sean bienvenidos y bienvenidas al nuevo año. Guarden Ustedes su furia inútil y busquen algún voto de izquierda que falta les hará pronto. 
 
Entre tanto, que las penas les sean leves y abundantes las dichas.