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jueves, 1 de octubre de 2015

¿Troika catalana?

Ahora queremos, que diré, una troika para esconder a Mas. Un recortador corrupto escondido en una coral habanera o una colla sardinista, ni es recortador ni es corrupto, como todo el mundo puede imaginar. Es el infante del coro, el inocente del símbolo, el glorioso portador del estandarte.

Es como el de en medio de los Chichos; como el siempre ignoto caballo del centro del trineo ruso del que procede el nombre de la fórmula de gobierno soviética. No digan que no mueve a risa si no fuera una tomadura de pelo a la democracia y las instituciones.


Mas debiera ser Kamenev, o Malenkov o Podgorni, los tres más desconocidos de los que ocuparon troika. Hacer de Podgorni le vendría al pelo, pues además de presidir el Presidium, sería expulsado de la cosa, en cuanto otro de sus colegas adquiriera poder necesario. Me imagino que Junqueras ejercerá de Breznev, mientras Romeva lo hace del liberal, no muy trabajador, pero siempre eterno Kosygin.


Algo habrá que darle a la alegre muchachada promotora de la idea, imagino que querrá el simpático líder de lo popular hacer de Gromiko y viajar una barbaridad por inexistentes embajadas o países que reconocerán la independencia, desde Nepal hasta Palestina.


O reímos con la ocurrencia o hablamos en serio. ¿Quieren Ustedes decir, que en una democracia consolidada y parlamentaria, cuya obligación es proveer un o una President, como dice no ya la malvada constitución de la potencia colonial sino el Estatut, para esconder las vergüenzas de los aparentemente ganadores, vamos a montar una coordinadora de barrio, dicho sea con todo respeto a los barrios?


Seguramente, no debería sorprenderme que la izquierda de verdad, verdadera, popular, popularísima, que quiere sacarnos de Europa y del euro, nos traiga, desde el túnel del tiempo, lo de las respuestas corales organizadas por el politburó de la revolución nacional.


Y todo para tapar vergüenzas, ya digo. La cosa es que quieren votar a Mas y no saben cómo vender la moto. Sometidos a la misma técnica de presión a la que, en su momento, se sometió a Esquerra, los portavoces de la CUP enredan hasta ver cómo dejan pasar la historia, pero sin que vaya con ellos y ellas. Populismo de baratillo, que es lo que se lleva ahora.


Quiere decir esta propuesta, igualmente, que las elecciones han dejado las cosas como estaban. Con dos notables déficit democráticos: la imposibilidad de generar gobiernos de forma natural y la imposibilidad de que la oposición genere alternancia y alternativas. O sea, plebiscito no; gobernabilidad, tampoco. Es lo que hay.


La Generalitat exige y requiere un o una President y lo demás son gracietas, con poca gracia, de aquellos y aquellas a quienes las reglas democráticas se les da una higa. Reflexionen, más allá del chiste, sobre lo que significa para cualquier democracia ocultar el poder real en un coro. Lo que significa de falta de transparencia, de elusión de responsabilidad, de evasión del control democrático y de sumersión de la función parlamentaria.


Sea una troika, un coro habanero o una colla sardinista, lo que es esta propuesta es una antidemocrática tomadura de pelo.


Que pena, penita, pena.