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miércoles, 7 de octubre de 2015

La ira de quien no tiene futuro

La foto del directivo de Air France huyendo de sus trabajadores y trabajadoras es la imagen de los últimos días de la crisis. Todas las etapas del diálogo social han sido seguidas: las reducciones salariales, el aumento de horas, los aumentos de productividad, los despidos temporales…solo queda el final…

La imagen terrible de la civilizada Francia, rechazada por el jefe de la derecha y por el Jefe de Gobierno !Cuidado, al dinero no le gusta el ruido!  han sugerido ambos. Y ambos han olvidado que esa violencia no es solo fruto de la desesperanza de quienes se ven privados de futuro sino, también, de muchos años en los que los poderes económicos han trabajado para debilitar a los sindicatos y su capacidad de negociación.

El directivo de Air France huyendo de sus trabajadores es una imagen que ha conmocionado al mundo económico. Probablemente menos que la de la mujer que explica en un video los sacrificios que durante años han venido haciendo los trabajadores y trabajadoras de la compañía.

Sacrificios inútiles; no cabe engañarse. Sumas colosales se han desplazado a una minoría de accionistas, mientras se ha demandado más flexibilidad a los trabajadores y trabajadoras, se ha organizado mayor precarización y un volumen inaceptable de despidos.

La diferencia entre los salarios de los trabajadores y los rendimientos de los gerentes ha adquirido proporciones exageradas que solo pueden generar ira, mientras los directivos han sido incapaces de buscar soluciones a sus empresas. La evidente falta de empatía de los directivos de Air France, mientras la mujer trabajadora les interpela, es una estampa del déficit ético del directivo.

Cada puesto de trabajo que se pierde, se pierde para siempre. Cada fábrica que cierra no volverá a abrir. Es el cierre, no la violencia, lo que debería hacernos reflexionar sobre la rabia que padecen quienes se ven expulsados del presente. Lo de Air Fance es como tantas otras empresas españolas que, en los últimos ocho años, han convertido a los polígonos industriales en yermos de naves vacías.

Esa rabia sin futuro es la pregunta que se dirige a los sindicatos y a la izquierda. Los trabajadores y trabajadoras de Air France no hablan de confluencias, de candidaturas, ni de cambios. De hecho, les importa un bledo. Saben, incluso, que su ira no producirá  cambios en las urnas. Lo que necesitan es  que el trabajo, el empleo, vuelva a ser el centro de un modelo social europeo que provee protección y futuro.

La violencia de Paris interroga a todos y todas los que han despreciado y desprecian a los sindicatos, a su capacidad de negociación, a quienes han articulado reformas que desarman las posibilidades de planificar y programas la recuperación económica de las empresas. 

La violencia de Air France interroga a las izquierdas que han decidido abandonar el mundo del trabajo para residir en el evanescente y transversal mundo de las clases medias, donde viven y gritan airados los muy maltratados hijos de los gerentes, por cierto.

Aquellos y aquellas que no tienen futuro quizá pertenezcan al mundo de los viejos gruñones.