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martes, 13 de octubre de 2015

El morro que tiene Miguel

Miguel Sebastián es el mejor ministro de industria del que se ha escrito en este blog. Cierto que es el único ministro de industria del que se ha escrito aquí, no hace falta que me lo recuerden. Hemos glosado con alborozo aquellas propuestas suyas que, sin duda, cambiaron nuestro modelo económico y político, por siglos: comprar clios, consumir productos españoles para salir de la crisis o construir cementerios nucleares.

Miguel ha vuelto. Ha escrito un libro: la falsa bonanza. Pueden comprarlo, ayudaría a la editorial, aunque siendo del grupo Planeta va a ser que no lo necesita, o pedírmelo prestado – por aquello de que los libros se devuelven más que por releerlo-.

El motivo de la escritura no esta muy claro aunque sospecho que una rondita de medios, por si en el futuro se escapa un carguito, en elecciones siempre se mueve el escalafón, acompañado de Zp y, de vez en cuando, por Sánchez, es más razón que iluminarnos sobre las razones que nos han traído a esta crisis.

Miguel se lo explica claramente: la culpa es del euro. No; el chico no se ha hecho de la CUP, ni de Syriza. Ni siquiera de esos rojos europeos que tienen un plan B para sacarnos del euro. La cosa es que, mire Usted, entramos en el euro sin reformas estructurales y permitiendo mucho crédito. Culpa de Aznar, naturalmente.

La desaparición práctica del sector público, las liberalizaciones de casi todos los mercados, excepto los de los amigotes, el pago de deuda con las privatizaciones y el persistente camino de reformas laborales aún no abandonado, no le parecen al analista reformas suficientes.

Ayer le oí preguntarse qué ocurre que cuando hay un tipo fijo de moneda siempre aparece una burbuja. Pues yo no soy el mejor ministro de industria de la democracia occidental como Miguel, pero esa me la se: cuando en países con peores fundamentos económicos, el tipo único abarata el dinero, los bancos se pasan a la usura y empieza la especulación.

En ese contexto, el áulico consejero y Sr. Ministro, vino, con los jefes de su partido, a alimentar la euforia de la champions league de la economía. Aceptó, pasivamente, el capitalismo de amiguetes en un momento en el que se podía cambiar el modelo productivo. 

Descargar sobre el euro la responsabilidad de un modelo especulativo es bastante oportunista. La burbuja no la inventan los capitales que vienen de fuera, la inventan los bancos con los que el Sr. Sebastián y su jefe mantuvieron excelentes relaciones.

Los reguladores, sostiene Sebastián, no estaban controlando ni regulando. Pero el Gobierno lo único que hizo fue mimarlos, incluida la evidente desidia del banco de España.

Cuando empieza la crisis hay dos medidas expansivas que no sirven para nada y que perjudican al gasto público: una devolución de impuestos que nadie sabe para que sirvió, alentada por el Ministro Sebastián, para cabreo de Solbes. Y, por supuesto, un plan E que se disemina por los municipios sin efectos en la economía real.

Pero nada de esto forma parte de las señales de alarma que nos propone Sebastián. La izquierda del Caviar, pasada por la ecología de quien defendió, como Carmena, que el cambio climático se arregla quitando corbatas mientras se ponen cementerios nucleares, nos regala un libro para quitarse de encima el muerto.

Que morro que tiene Miguel.