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miércoles, 12 de agosto de 2015

Nocturno

La cosa ha estado chunga, pero deben saber que el estado de mis conmilitones de planta no ha sido mejor. Cosa que señalo para que entiendan que mientras yo zascandileo un poco, de asaz cotilla, ellos y ellas suelen permanecer en sus habitaciones, con la excepción de los condenados, cual Sisifo, al eterno paseo, cosa que hacen compulsivamente, y con riesgo de colisión, alrededor de la planta.

Pero hay un momento en que esto cambia. A partir de las diez de la noche, después del refuerzo de la cena (que aquí llaman "resopón") se inicia un sarao nocturno de tomo y lomo, justo cuando a uno le apetece dormir. No es descartable que la aparición de la comida de verdad ( leche, zumo y yogur) produzca un efecto "speed" en la sala, aunque no está investigado.

No puedo jurar que las auxiliares jueguen al corro de la patata en la sala, pero prometo que alguna coplilla he oído, justo antes de la cena de confraternización que auxiliares y enfermeras realizan en sala anexa. La mesnada enferma es respetuosa con la ingesta de los currantes pero, cuando esperas el silencio, empieza la sinfonía de las alarmas.

Todos a la vez y, al menos durante cuarenta y cinco minutos, se convoca de urgencia mediante timbrazos estridentes, a auxiliares y enfermeras que, con notable eficacia, realizan carreras, intercambios de habitaciones, adornadas con profusión de exclamaciones que alegran el ruido del nocturno.

Durante un segundo se hace el silencio y piensas: será ahora. Pues no. Queda el celador ruidoso, ese que arrastra una silla con ruido de matraca, el que viene a buscar a un enfermo. Qué mejor hora que la una de la madrugada para hacer una placa que se pidió a las cinco de la tarde. La mesnada enferma es como el ejército: siempre debes estar a disposición. Volverá el de la placa, se irá el ruido. ¿Dormirá usted?

Aún no; es el momento de la reunión de acompañantes. La hora en que tres o cuatro deciden cuchichear en un rincón de la sala sobre los respectivos estados de sus acompañados. Cosa que será de evidente dominio público, dado su alto nivel de discreción

Acaban, ahora, te dices, dormiré...falsa alarma...llega el momento "pedete". El acompañante ha vuelto a su función primitiva que no es otra que molestar al enfermo y ha descubierto que el vecino, que escándalo, ha manchado el pañal. Momento adecuado, casi las dos de la mañana, para cambiar pañales, sabanas, goteros y recomponer la habitación, gracias a un equipo capitaneado por la auxiliar de voz más estridente, faltaría más.

¿Qué hacer, amigos y amigas? ¿ Persistir en el empeño de dormir? En absoluto, hay que unirse a la fiesta.

Así, que uno se levanta, enciende la luz más potente, va al baño a tirar de cadenas innecesarias y hace ruido, toma una monedilla del cajón de la forma más ruidosa posible, se va a la máquina a buscar un agua que no necesita, curiosea entre los cachivaches de la sala hasta que le riñen, establece alguna conversación con algún auxiliar, vuelve a la habitación encendiendo luz como si fueran las doce de la mañana, de la forma más ruidosa posible.

El acompañante del vecino nota la venganza y tu pones esa mirada de " si hay fiesta, hay fiesta pa tos amigo, y yo soy el último que se acuesta".

El nocturno acabará cerca de la aurora cuando la mesnada olfatee la peligrosa llegada del vampiro y, para intentar despistar, volverá el silencio

¿Por qué se duerme durante el día? Porque no vamos a perdernos el Nocturno, camaradas.