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jueves, 6 de agosto de 2015

El enjundioso caso del pañal prestado

A grandes males, grande remedios se dice la intrépida enfermera jefe, siempre dispuesta a ir más allá del deber..."Baja a la cuarta y que te presten uno", ordena resuelta a un auxiliar ...¿un anticipo de nómina? ¿Un especialista? ¿Un recurso de última necesidad? No; un pañal.

Pedir prestado un pañal es cosa de enjundia pues, aún teniendo razón la voz popular y siendo mejor pedir que robar, asuntos técnicos no menores como la textura, el grosor o el tamaño pueden poner en riesgo la operación. Pero la enfermera jefe no vacila, tiene expertos en sus filas. Una especialista sale rauda de la sala y retorna, no con uno sino con dos ejemplares. La sala aplaude la acción de comando y la enfermera jefe respira aliviada la superación de la crisis.

La gestión hospitalaria es tan just on time, just on time, que como Ustedes comprenderán nunca esta on time. Así, la economía de trueque entre plantas se ha adueñado del hospital.

Hay emparina en crónicos, se sugiere al oído de la enfermera jefe y una especialista se desplaza rauda para luego esconder unos misteriosos tubitos en sus cajones. Hay vías y sondas en la tercera, advierten a la jefa de los vampiros que corre para rellenar su caja de tortura. Se ha avistado paquete de yogures en oncología y, al poco, unos pocos ejemplares han sido eficazmente distraídos.

Y así hasta que llegan los portadores y se restaura el equilibrio. Son estos, ciudadanos y ciudadanas que transportan paquetes y piden códigos. No se les recibe con ansiedad, conviene no mostrar nervios, como si no existieran. Cuando el portador desaparece, la enfermera jefe se lanza sobre el paquete, se esconde a si misma una parte de su contenido y devuelve lo que recibió en préstamo.

Así queda cerrado el modelo de circulación de mercancías sin excesivos costes de transacción. Bien es cierto que, como en toda economía irregular y de trueque alguna ineficacia se produce: por ejemplo, se ha detectado una sospechosa e irregular línea de tráfico de pijamas.

Pero nos queda el enjundioso caso del pañal prestado.

A quien debe pedirse tan relevante instrumento: a jefe experto o a auxiliar. Como efectuar, en su momento, el canje ¿por unidades o por paquetes? ¿Debemos llevar contabilidad separada de las unidades? ¿Puede anotarse en el programa de gestión un consumo impropio? Decisiones que la enfermera jefe decide con la intrepidez que caracteriza al cuerpo.

Pero no es esto lo más difícil de dilucidar, amigas y amigos.

Todo préstamo debe pagar interés. En este caso, ¿será al tanto por uno o según carga? No es cosa baladí. Ustedes saben que el rédito es el valor que se le concede al tiempo, y cuando uno esta enfermo el tiempo es oro. Así pues, ¿habrá habido usura en el préstamo del pañal? ¿A qué compromisos inconfesables habrá llegado el prestatario?

La sala no ignora la enjundiosa cuestión pero guardia silencio. Mejor no saber. Semper fidelis, susurra la enfermera jefe, mientras calcula el suero que debe pedir en préstamo.