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miércoles, 8 de octubre de 2014

El escandaloso caso del perro sacrificado

Un perro sacrificado es un escándalo; 3.500 africanos y africanas muertos por ébola son, simplemente, una estadística. Es lo que hay.

El mismo periódico que hoy encontraba al experto que defiende dejar vivir al perro, olvido el pasado sábado que 121 personas habían muerto en un día en Sierra Leona.

Excalibur, el perro, puede a estas horas estar muerto. O quizá, siguiendo consejo experto, permanezca enjaulado de por vida, sufriendo pruebas médicas. Porque es mejor animal enjaulado a modo de cobaya que sacrificado como todo buen experto, y no canallesco juez de primera instancia, sabe.

Un escándalo, créanme. Un ejercicio de poder más de la casta y la caspa que ya no solo vulnera los derechos humanos sino el de los animales.

A ver si nos entendemos. Esto del ébola es como lo de la fórmula 1. Quiero decir que mientras el resto de Europa necesitó 40 años para conocer bien lo que era un motor de carreras de esos, nosotros, ingeniosos e ingeniosas españoles y españolas, con un periodista y un piloto nos hicimos expertos en 24 horas.

Pues con el ébola lo mismo. Un par de horas en Google y dos citas de expertos de extraña universidad (breves, eso sí que no estamos pa perder el tiempo) han sido suficientes para que todos sepamos lo sustancial.

Y lo sustancial es que todo es un desastre y que moriremos a miles, porque no hay que alarmar a nadie pero los expertos lo dicen.

Esa eximia profesional que sintiéndose contagiada se fue a una oposición con 27.000 personas; esos profesionales que manejan las urgencias y los protocolos; esos profesionales que gestionan hospitales y servicios de alerta, todos ellos y ellas son grandes funcionarios como los que pueblan la patria. La culpa no será de funcionario alguno; no señor, la culpa es de los chorizos de la casta, faltaría más.

No importa que tanto listo y lista que hoy da lecciones en todos los medios no haya impedido que cerca de 4000 hombres y mujeres de África hayan muerto o que llevemos cuatro décadas sin respuesta a la pandemia. Lo que importa, por dios, es que alguien de Europa se ha contagiado. Pero, más aún, importa que los chorizos estos que no saben lo que nosotros, nosotras y los grandes funcionarios patrios sabemos: sacrifican al perro. Un escándalo.

El periódico que preguntó a un experto si el perro debe ser sacrificado, nunca encontró un experto en Liberia a quien preguntar por dos mil muertes. Los que se han manifestado en defensa de Excalibur ni siguieran saben donde esta Liberia. Pero esto no es ética o estética eurocéntrica; es conciencia social, faltaría más.

Esto anda entre risa de Berlanga y periodismo de estadística goebbeliana. Entre glorioso funcionario pillado en falta y político, naturalmente, chorizo. Por supuesto, que dimita alguien y metan en la cárcel a otros tantos, y gobiernen los funcionarios de nivel A: en Europa ha habido un contagio; intolerable globalización.