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jueves, 5 de septiembre de 2013

Para matar a tu tirano

Con los tiranos acaban sus pueblos. Es esa lejana creencia de quienes siempre, no solo en la izquierda, han rechazado el derecho a la injerencia sospechando que se trata de una artimaña política.

El caso es que suele suceder y, en ocasiones, aunque las primaveras sean breves, las ciudades amanecen con "la tierna brisa de muerte grande", como escribiera Gabo. También, suelen sucederse décadas de espanto, tortura y muerte como deberíamos guardar en hispana memoria.

Malditas sean todas las guerras. No distingo guerras justas que desconozco de deleznables guerras imperialistas. La metralla y la muerte asaltan la única fortaleza que importa: la razón.

Por eso me resultan paradójicos manifiestos y soflamas que mientras gritan, con razón, no a la guerra ignoran al tirano que gasea a su pueblo. No menos sorpresa causa que quien "tuitea" su deseo de muerte a delegada gubernativa, "retuitee" compulsivamente antibelicismo, por supuesto, antiimperialista.

El premio Nobel preventivo de la Paz y la esperanza francesa de la socialdemocracia global de la penúltima vía tocan tambores de guerra. La pasión americana por la gendarmería global es solo comparable a la pasión francesa por lanzar bombas donde sea o al cinismo ruso, por un poner.

Unos y otros aluden a humanitaria injerencia para ocultar su fracaso ante sátrapas coreanos, iraníes o árabes. El resto de la comparsa se apresta a integrar la cofradía que salvará al pueblo sirio de su tirano. No faltará a la convocatoria la muy islámica, europea y rearmada Turquía, aspirante a gendarme de la zona.

Durante meses el grandísimo hijo de puta sirio, soberano, faltaría más, defensor de Palestina, naturalmente, y hacedor de fronteras ante los israelitas, fetén todo, ha torturado, disparado y gaseado, sin compasión, a su pueblo.

La guerrera alianza no ha dado más pasos que enviar pistolas a dudosos rebeldes, con una pinta de señores de la guerra de narices, mientras se iban llenando los campos de refugiados y los diplomáticos de la gran Europa y la no menos grande América jugaban al veo, veo, con rusos y chinos. Nada como esperar al final para justificar un buen bombardeo, faltaría más.

Sea pues el mundo civilizado en coalición quien vuelva a convertir oriente en polvorín que pagarán los pueblos y alimentarán nuevos sátrapas. Al fin y al cabo, las armas las puso Mister Obama para matar a tu tirano.

Que la ética no estropee una buena guerra o el deseo de muerte a alguien.

Vayan en Paz.