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domingo, 31 de marzo de 2013

En defensa del garbanzo proletario.

Al fin se ha desvelado la verdadera maldad de la derecha: ignorar nuestro patrio garbanzo madrileño. “Ahí les ha dao” Tomás Gomez ¿Pueden Ustedes imaginar la patria vasca sin el txacolí, la cuna de Maciá sin butifarra o la tierra de Castelao sin pulpo? Nada; Madrid y su cocido, resumen de patria y alimento abundante.

La derecha nos quiere dejar sin sanidad y sin garbanzos. Tomás Gómez, el más de izquierdas de los socialistas, sabe que la lucha de clases pasa por los fogones. Nada de la pija nouvel cuisine, más estrecha que los apoyos de Bárcenas. No; lo nuestro es el proletario garbanzo.

Aceptemos que la imagen de esta legumbre es contradictoria. Cierto que hay garbanzos negros o que un garbanzo se relaciona con la olla podrida. Pero esa mala fama se debe, sin duda, a la manipulación por la derecha de su carácter proletario: mientras los nobles medievales le daban al ave de caza y los guisantes, los pobres debían acudir al tocino y al garbanzo.

Reivindiquemos pues nuestro origen de pobres de solemnidad en estos azarosos tiempos, no sea que a los pobres nos de por vivir por encima de nuestras posibilidades y aspiremos a viandas que no corresponden a nuestra clase social.

Más aún, reivindiquemos el sembrado en Madrid frente a la invasión de garbanzo mexicano, mas grueso, o el árabe, nacido para ser puré. No toleremos la deslocalización de la siembra de la legumbre: el de “Madriz” de toda la vida debe ser promocionado.

El cocido, ejemplar plato, propio de pobres y cristianos viejos como dios manda, pintado de partes del tocino cuando hubiere y verdura, tiene su base en nuestro garbanzo, icono del siglo de oro. Cocido que alimentó a grandes hombres y pobres mujeres, excepto a Góngora que, al decir del malvado Quevedo, no era tan viejo cristiano sino rabí de la judía como demostraba su nariz.

Tomás Gómez sabe que ya Andreu Nin midió, en proletaria biblioteca catalana, la crisis del año 30 en la importación de Garbanzos por más de 23 millones de pesetas. Un escándalo que el avezado socialista no quiere, ni desea, ver repetido. Sin sanidad, sin comedores escolares, a causa de la malvada derecha, como se les ocurre a Ustedes reivindicar tontunas y no gritar por el alimento de clase por excelencia

Preocúpense de lo importante: la aportación calórica al pobre proletario; la promoción del caldo de tan preciada legumbre. Incluso, podemos cambiar las estrellas de nuestra bandera, iconos de mítico, imaginario y metafísico origen, por cinco legumbres de tamaño madrileño.

Tomás lo sabe y nos alumbra. Sigamos por la senda del cocido, del proletario cristiano viejo, por la pitanza de origen turco, tierra donde los cajeros funcionan, y no de países de troika alguna.

Peregrino mundo, se lo tengo escrito.