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miércoles, 23 de enero de 2013

Hasta que solo quede uno.

Políticos fuera. Hasta que solo quede uno y ustedes se me pongan las filas prietas, recias y marciales, esperando el sagaz grito de Pedro Jota, Aguirre, Rosa Díez o alguno o alguna profeta roja de esas que ahora abundan.

Disuelvan las juventudes partidarias. Suprimamos el salario de concejales y concejalas. Que se pasen cinco o diez años en el paro quienes fueron cargos públicos, tras no haber cobrado mas que el salario mínimo, naturalmente. Que los directivos y directivas de los partidos no cobren. Que los voluntarios ricos financien a los partidos a cambio de prebendas. Añada Usted ocurrencia a la lista: va de gratis.

Aprovechemos que van cayendo los corruptos y los que cobran sobresueldos para escandalizarnos. Porque los empresarios, banqueros, notarios, reguladores,directores de periódicos, nunca, pero nunca nunca, han cobrado sobresueldos en b.  Lo importante no es quien pagó tanta pasta y por qué: lo que importa es llevar la cosa a dónde nunca debió salir: aquella política, fetén, fetén, que nos salía gratis porque la hacían el señorito, el cura y el cabo jefe de puesto en el casino.

Alíviense quienes carecen de propuestas políticas que nos saquen de la crisis acabando con políticos y políticas. Excítense populistas de todo signo que viven de las rentas o patrimonio de papá o mamá; que vivieron de salarios públicos antes de jubilarse; que cobraron del sector público en sus decenas de modalidades, suprimiendo los salarios de gente digna y, por cierto pequeño detalle, elegida por la ciudadanía.

Mientras vemos si el corrupto encontrado va o no al trullo pongamos a todos los políticos y políticas honrados en la calle, porque con un político nos resulta suficiente. ¡Ay! Aquellos días en que los políticos no cobraban, ni gastábamos en elecciones; aquellos tiempos en que solo los rojos encarcelados hablaban de corrupción. Qué tiempos, amigo, amiga, qué tiempos.

Excitémonos con las propuestas que cambiaran el mundo. Denunciemos a políticos, políticas y sindicalistas mientras se oyen en las bambalinas las risas de banqueros, jefes de patronal, directivos de empresas quebradas, directores de periódicos, especuladores de bolsa, notarios, tasadores, agencias de calificación y demás personal patriota auténtico y no como esos concejales que nos han llevado a la ruina, como todo el mundo sabe.

Manifestémonos ante las sedes de los partidos no vayamos a molestar a Botín y compañía.

Son tiempos de ocurrencias y arbitrismo. Ni una idea pero si un notable ideario: todo sin políticos. Afirmaciones que producen, en general, quienes han vivido toda la vida de lo público, naturalmente por su mérito. Nacieron como cargos de confianza, diputados y diputadas, o concejales y concejalas, prematuros, naturalmente por mérito. Nunca hicieron política, quienes a los políticos denuncian ni se sometieron a procesos electivos, porque uno pertenece a un consistorio, un congreso o una secretaría de estado, no por decisión del que manda sino por mérito, faltaría más.

Escuchemos tan sesudas voces de quienes habiendo vivido la burbuja desean que todos los que vengan después sean pobres desburbujados.
 
Suprimamos, naturalmente, el sueldo de los políticos para que solo quede uno, Retiremos a los políticos del gobierno de lo público para que gobiernen los que no han sido elegidos, profesionales de mérito y el enchufe, como dios manda. Al fin y al cabo, poca cosa pública quedara por gobernar.

Hagamos una financiación privada y voluntaria de los partidos políticos, como en esas potentes democracias financiadas por los traficantes de armas, dueños de casinos, empresas de energía, patronos de la comunicación o banqueros. Que eso es lo fetén, fetén.

Ahora resulta que todos somos unos tramposos, porque no salimos a colgar políticos a las calles; que la mayoría de los políticos y políticas son unos tramposos y deberían ser sustituidos por los que, sin preguntarme por cierto, han decidido que me representan. Saben que les digo: y un carajo.

Será la ley mejorable pero vale con que se cumpla. Banqueros hurtaron porque el regulador miró a otro lado; políticos venales se enriquecieron porque empresarios los incorporaron a sus coste de gestión. Políticos cobran domicilios, seguridad, estudios de los hijos sin declarar a hacienda el salario indirecto porque hacienda andaba y anda en lo suyo. Las cosas pasaban y pasan porque jueces y fiscalías andaban y andan a ritmo de vals.

Cambiemos las leyes, lo que haga falta. Pero antes de cambiarlas vayamos a lo importante, si señor: arrojemos la constitución a la papelera; faltaría más; suprimamos los salarios de los políticos; faltaría más; acabemos con caros diputados y diputadas y muchísimos más caros concejales porque está de moda; faltaría más.

Dejemos que la corriente populista y antipolítica nos anegue hasta que solo quede un político. Cuando solo haya uno, ya les aviso, ese no necesitará cobrar y alguno nos reiremos un fascal.