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jueves, 6 de diciembre de 2012

Como ser un líder ocurrente: Manual para dummies (y 2).

Me recuerda un lector del blog que prometí concluir este manual para dummies. Y lo que se promete debe ser cumplido. En el episodio anterior, les conduje hasta el momento en que la ocurrencia debe ser presentada. Qué ocurrencia presentar y cómo hacerlo es el objeto final de este consejo.

La ocurrencia, amigo, amiga, debe basarse en una idea fundamental: cambiar el código corporativo. Las organizaciones que se orientan a resultados se basan en una gestión del tiempo concreta, organizan rutinas conocidas de trabajo y tienden a ser eficaces en el futuro. Y así, no vamos a ninguna parte: con ese comportamiento, el líder ocurrente es prescindible.

Su ocurrencia, deberá en consecuencia, declarar inútil el conocimiento del personal. Si su organización esta orientada a la negociación, deberá declarar inaugurada la época del conflicto; si en la anterior ocurrencia anunció el conflicto  como tótem, hoy deberá anunciar la negociación. Si volver a la esencia era el reto de los productos corporativos, hoy debe anunciar la necesidad de romper con el pasado.

Nada hace más insegura a la gente que declarar inútiles sus conocimientos, privarla de su práctica aprendida o negarle el presente. Toda ocurrencia debe basarse en este criterio.

El cambio, siempre súbito e inexplicable, de orientación deberá ser presentado como gesto de renovación material o espiritual (se puede llegar a la jubilación siendo distinto cada día; Actimel lo ha propuesto en diversas ocasiones como storytelling de marca).

Pero, sobre todo, amigo o amiga, siendo necesarias nuevas competencias, como Usted ha declarado, podrá impulsar la expulsión de alguno de los líderes competidores o establecer una coalición de gorrones que sustituya a la actual, que ya se ha quemado en la gestión de su anterior ocurrencia.

Y por último, la presentación de la ocurrencia debe basarse en métodos de trabajo y proceso incomprensibles, casi talmúdicos. Recuerde el valor del caos: comisiones, subcomités, plataformas, núcleos de reflexión, para entretener a la gente, deberán ser concluidos por algún discreto encuentro donde Usted nunca, pero nunca, nunca, dijo lo que dijo, aunque lanza a los gerentes de ocurrencias a predicar la nueva estrategia mensual.

Estrategia que la que deberá informarse a través de mecanismos informales, para que Usted tenga tiempo de ofrecer una ocurrencia alternativa si no consigue una aceptación inmediata de la ofertada. El rumor transmitido por los gerentes (la verdad es bastante prescindible) es el mejor mecanismo.

En esta medida los recursos retóricos son poco necesarios, aunque Usted deberá siempre que hable, utilizar la jerga corporativa más ancestral y reconocible. Porque Usted, es ocurrente, pero de la corporación y no como cualquier opositor que no habla como Usted porque es un enemigo...no se si me entiende. Pero cuídese de los recursos retóricos.

El oxímoron es, sin duda, la mas arriesgada figura retórica. La menos dañina de sus formas, solo mueven a sonrisa de chanza, es la mera combinación de términos contradictorios. Expresiones como obrar con “inteligencia política”, “gobernar desde la oposición” o “cultura corporativa” son ejemplo de tal cosa.

Son notables, también, los que podíamos denominar oxímoron estadísticos; esto es, ese glorioso momento en que un líder ocurrente ve un 9% de la corporación y dice: esto es un “frente amplio” o un 30% pasa a ser mayoría, por un poner.

El más grave, empero, es el oxímoron de contexto. Por ejemplo, una reciente candidata a líder ocurrente ha afirmado que “el Madrid de Florentino se acaba” y reprochado a algunos de sus conmilitones que vayan al palco del Bernabeu.

La primera parte es propia de un líder ocurrente: informar proféticamente de algo que el mundo ignora.  Pero la segunda es muy arriesgada. Si resulta que quien firmó el acuerdo con Florentino, el que inauguró la costumbre de ir al palco o quien ... es el jefe de facción de la candidata a líder ocurrente, resulta que la befa, mofa y ridículo están pelín garantizados.

Por eso, el auténtico líder ocurrente habrá de practicar la discreción y el arte del no estar. Mediante la primera, podrá afirmar que nunca dijo lo que dicen que dijo; mediante el segundo, evadiendo el ruido de medios y redes y no estando en los momentos decisivos, logrará dos éxitos rotundos: no ser responsable y mantener en ascuas al personal que, para conocer la ocurrencia mensual, deberá peregrinar al despacho del líder ocurrente.

Sigan estos consejos que este blog les regala a modo de utilidad gratuita de nuestros conocimientos del comportamiento corporativo, de los que otras veces hemos hablado aquí. Si desean más, a módico precio de consultor en tiempos de crisis, puedo ofrecérselos.

Y ya saben, puesto que faltan ideas, tengamos ocurrencias: es lo moderno.