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lunes, 11 de junio de 2012

Un mentiroso del 9.


Un futbolista declaró hace unos días que le gustaba jugar de mentiroso. Siendo de los del juego limpio limpísimo y mean colonia puede parecer sorprendente. Es probable que el afamado pelotero conozca el diagnostico de Lewis sobre el mercado financiero, en el Póquer del mentiroso: la búsqueda desmedida del éxito produce adicción a la mentira.

Visto que este es un gobierno muy futbolero, más veo a su màximo responsable leyendo antes el As que un libro. El resultado viene a ser el mismo: esa suerte de moderna neolengua donde un rescate es un crédito y una ayuda con evidentes condiciones se convierte en una cena gratis, donde nosotros ponemos la propina.

No es cosa de profetizar si el bail out bancario será un éxito o un fracaso. No soy de los entusiasmados por desastres que corren sobre las espaldas de la gente.  En todo caso, parece que las promesas a corto plazo se desvanecen: no se ha roto el vínculo entre crisis financiera y depreciación de la deuda pública; los bancos valen màs o menos lo mismo que el viernes y la metabolización del rescate en créditos requerirá tan largos como penosos ajustes en las entidades.

Bruselas ya ha descrito, a modo de rumores que es como trabaja este personal, las mentiras más relevantes que hemos oído: se trata de un rescate, solicitado tras presiones europeas, vigilado por una troia que nos exigirá el cumplimiento de los niveles de déficit. Que no haya sido un rescate a la griega puede ser tranquilizador pero es solo producto de que llevamos tres años acatando recortes, tan sumisos como atemorizados.

En suma, es más que evidente que la farfallosa neolengua del Presidente no logrará convertir el rescate bancario en éxito, ni alejar la perspectiva del rescate total, mientras no haya una senda de crecimiento que garantice la sostenibilidad del endeudamiento.

También, es evidente que los trabajadores de la banca y la ciudadanía pagaremos no cabe duda en términos de despidos en la banca, comisiones a los usuarios y algunas bagatelas presupuestarias en forma de IVA, pensiones o recortes adicionales.

Pero la gran mentira es ese SMS dirigido al ministro informándole de que no somos Uganda sino la cuarta potencia europea. Puedo aceptar lo de Uganda por aquello de que nuestros dirigentes todavía no practican canibalismo con su pueblo, por ahora. Pero esto de la cuarta potencia puede mover a la risa de media Europa, además de cabrear a holandeses, suecos y algunos otros que carcajearán recordando la pérdida de valor de todos nuestros activos y el pasmoso nivel de deuda privada y pública.

Es este machismo patrio, similar al de hemos ganado la Champion de la economía y cosas parecidas, el que impide un diagnóstico certero. Nuestros fundamentos económicos no son los de Uganda, tampoco los de Grecia o Portugal; pero poco, poquito más.