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sábado, 19 de mayo de 2012

Contra el déficit: cerramos oncología y abrimos cafeterías (privadas, naturalmente).

Esperanza Aguirre y @pmanglano presumían de lo que no tenían: disciplina fiscal. Llegado el día de la verdad y la transparencia por la Santamaría anunciado, el déficit es el doble.
Nada grave, ni nada por lo que alarmarse. Porque dice @pmanglano que en este trimestre ya tenemos déficit cero y que de lo de antes pues... pelillos a la mar. Total; para qué quieren los madrileños y madrileñas 2.000 millones de euros con lo derrochadores que son.
Esperanza ha afirmado disponer de maravillosas partidas para recortar. No quiero cejar en mi responsabilidad ciudadana y gracias a mi investigación en nuevos avances científicos, estoy en condiciones de proponer una nueva y revolucionaria idea: cerrar los servicios de oncología y abrir cafeterías.
No; no es que pretenda yo que los enfermos de cáncer no sean tratados sino potenciar la idea del consejero de Salud de Castilla-La Mancha y secretario de Sanidad y Asuntos Sociales del PP, José Ignacio Echániz, que afirmó que el copago de los pensionistas eran cuatro cafés.
Alertado por tan audaz idea me he puesto a investigar sobre los grandes rendimientos del brebaje y he encontrado ni mas ni menos esto: la revista médica New England Journal of Medicine muestra que quienes consumen una media de tres tazas de café al día, normal o descafeinado, presentan menos riesgos de enfermedades cardiovasculares, respiratorias u oncológicas que los que no beben.
Tras reflexionar sobre este notable descubrimiento basado, no se crean, en un riguroso documento que pueden leer aquí, estoy en disposición de ofrecerle gratis (no es muy liberal, pero uno tiene conciencia cívica) un proyecto revolucionario al Consejero @pmanglano: sustituir los servicios de oncología por cafeterías.
Una idea que, además de mantener la sanidad publica, nos permitiría dos logros en la línea de las necesidades patrias: despedir médicos y enfermeras al tiempo que abrir líneas de negocio a emprendedores, ya que las cafeterías serían naturalmente privadas, aunque los pensionistas tendrían subvencionados el 25% de los cafés, que no se diga que no somos sensibles.
Emprendedores jóvenes y entusiastas como Arturo Fernández o Florentino Pérez podrían encargarse de las nuevas dependencias, harían dinerillo, crearían empleo baratillo para algún inmigrante y permitirían que Madrid, sustituyendo  los servicios de oncología, pasara a tener superávit.
Naturalmente, en estas cafeterías, los usuarios podrían fumar, porque aquí en Madrid no dejamos de ampliar, como todo el mundo sabe, los espacios de libertad y la libertad de elegir como se puede morir uno.
¿Una broma de sábado piensan Ustedes? Denles tiempo, denles tiempo.