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lunes, 13 de febrero de 2012

Aquí no negocia ni dios

Finiquitado el estado de bienestar. Su institución clave, la concertación, liquidada. “El que más chifle capador”: el retorno del egoísmo social como alternativa política está en marcha.

No se trata solo de que la reforma laboral nos traiga un despido gratis y baratito, baratito. Se trata de que la negociación desaparece como forma de organizar y resolver el conflicto entre capital y trabajo.

Si el lector o lectora defiende este modelo se escandalizará por el poder unilateral que se le concede al empresario, como base para argumentar la flexibilidad en la empresa. Si el lector es liberal, liberal, andará dando saltos de alegría porque todo grupo de interés corporativo desaparece, excepto el lobby financiero y la patronal.

La cuestión es clave. Si viene a resultar que las condiciones laborales, organizativas y salariales pueden ser impuestas por el empresario; si los convenios laborales ya no son aplicables en las empresas; si la autoridad administrativa desaparece de la regulación del despido colectivo; si el despido de empleados públicos aparece en el horizonte, Ustedes me dirán para que sirve el sindicato de negociación, sociopolítico que hemos conocido desde la Constitución hasta aquí.

Dice la capitana de los legionarios del egoísmo, que con estas medidas se supera el franquismo. Una puta mentira de los que ansían reescribir la historia y que podrían remontarse a Primo de Ribera o a Bismark, para justificar instituciones del derecho del trabajo que han ido, poco a poco, convirtiéndose en los elementos que configuraron al concertación social como forma política del estado del bienestar.

Ni siquiera el sindicato corporativo, anidado en la empresa o en la cultura de las profesiones especializadas, tendrá lugar: el empresario decide, no está impelido a acuerdo alguno.

En otras palabras, amigos y amigas, se incentiva la tentación del sindicalismo más radical, la acción de fuerza en las empresas con plantillas grandes o medias y la instauración oficial del temor y el miedo en el amplio tejido de Pymes que se extiende por España.

En nombre de los mercados, las agencias de calificación, la Merkel y la Comisión Europea, la derecha política española ha vuelto al ajuste de cuentas, el rencor social y la relación de fuerzas para resolver el conflicto. Finiquitado el modelo de bienestar, sucumbirá la socialdemocracia hoy escandalizada y ayer cómplice y la izquierda política tendrá notables dificultades para encajar la rabia social en las instituciones.

De acuerdo: hemos sido derrotados; pero déjenme que les augure que a la derecha no le irá mejor. En las trincheras de los legionarios del egoísmo, mas temprano que tarde, sucumben las formas políticas y maneras de la derecha democrática para dar pasos a las pulsiones más reaccionarias. Hay quien piensa que eso ya ha ocurrido.

No abandono la esperanza de recuperar formas y modelos políticos que nieguen el salvaje conflicto como forma de relación social, el empobrecimiento de clases medias y trabajadoras como forma de superar la crisis y el poder unilateral de un polo social como forma de organizar el poder. Eso ya lo ha vivido este país y tenía un nombre.