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domingo, 22 de enero de 2012

El malvado P y el noble silencio (parábola)

El silencio es lo que ennoblece y lo que permite continuar. Desde Buda a Beckett lo tienen escrito. Es a golpe de silencio como se construye el discurso. Pero el jefe de la legión IV no estaba para sutilezas: mejor ocultar el silencio del discurso con notable ruido que aplicar nobles silencios a construir discursos.

En realidad, el Tribuno estaba ahí por casualidad. Había llegado al cargo, casi accidentalmente, cuando, unos tras otros, los más experimentados líderes de la legión habían caído en el “combate de los jefes”, rito que el glorioso ejército celebraba cuatrianualmente.

De hecho, nadie confiaba que llevara a su tropa más allá del río. En realidad, solo el súbito hundimiento de las barcazas que transportaban al ejército adversario le había permitido alcanzar la ribera.

Ante esta falta de confianza, la legión se había compuesto de muy diversos legionarios, reclutados sin mucho criterio entre todo tipo de bancadas; a pesar de ello, las centurias eran gente noble y de reputado sacrificio, respetadas por el pueblo, lo que había facilitado la victoria.

A pesar de ser inesperada la victoria, del pírrico e inestable resultado y del tipo de personal reclutado, el Tribuno hizo lo que, en tiempos antaño gloriosos, se hacía en el ejército tras cada victoria.

Apartó a los generales más exitosos de la reciente campaña (astures y tarraconensis) de los más relevantes mandatos; se propuso desorganizar las cohortes, provocando conflictos entre las centurias, para que ninguna tuviera recursos antes del próximo “combate de los jefes” y, finalmente, encargó de tales batallas a un conmilitón de farra, al que sus felonas centurias conocían como “Picha brava”.

Un pequeño problema surgió en esa ímproba tarea: ”Picha Brava”, a la sazón Senador en la Cohorte Central, en una de sus conocidas farras había sido pillado por un puntilloso magistrado que lo acusaba, con notables indicios, de acoso sexual. Conturbado por tal circunstancia y obligado por las centurias que desfilaban bajo estandartes rojos a dimitir al conmilitón, supo que necesitaba una nueva estrategia.

Reunido con “Picha Brava” decidieron llamar en su auxilio al Cónsul en las provincias extranjeras, cuyo trabajo en el extranjero era desconocido, pero era afamado por su alta capacidad de supervivencia, haber traicionado a todos los tribunos que había conocido y por elaborar notables discursos sobre el vuelo de los pájaros.

El Cónsul, reflexionó en silencio y exclamó: Inocente; es culpa de Malvatus P. Y se pusieron los tres a reescribir la historia.

Así, no fue “picha brava” quien se llevó a la Galia a su amante con el pecunio del Senado. No; fue Malvatus P el que le tendió la artera trampa.

No fue picha brava quien en viajes a ultramar con pecunios solidarios fue grabado con jóvenes amazonas. No; fue Malvatus P quien contrató a las amazonas para tenderle una planificada trampa al héroe.

No fue el conmilitón el que falsificá pruebas para sancionar a una legionaria y tapar la agenda judicial en marcha sino Malvatus P quien, falsifico los documentos que se pasaron a las cohortes imperiales.

No fue un juez puntilloso el que atisbó los indicios de su acoso sexual; fue Malvatus P quien sobornó al Juez.

No ha sido una imputación en un escandaloso delito lo que obliga a dimitir a Picha Brava sino un código ético que, naturalmente, nadie cumple sino el noble “Picha Brava”, dice el Tribuno, ligando su vida y futuro a su héroe.“Picha Brava” es un noble, exclamaron el Tribuno y el Cónsul al mismo tiempo.

Tribuno y Cónsul abandonaron el noble silencio para que el ruido ocultara que se abandonaba el tiempo de hacer discursos para pasar al tiempo de afilar las armas para pasar a cuchillo a la Cohorte Central que opinaba, tras décadas de denuncias similares contra los enemigos, que los formalmente acusados de delito, y más, de execrable delito de acoso, no debieran pertenecer al Senado.

Que tiempos aquellos, lejanos, muy lejanos, nada que ver con la actualidad faltaría más, en que la justicia y el silencio eran innobles y ennoblecía ser un “Picha Brava” imputado.

Como dicen los americanos, esta es una fictional history y cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia. Eso si; todo es fictional menos Malvatus P, afirman el Tribuno y el Cónsul.

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