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viernes, 20 de enero de 2012

Bruce se indigna; yo ya ando pensando en vengarme

Me perdonen pero es la única religión que practico: Bruce saca disco y yo voy a la plegaria.

Dice Bruce que "tenemos que cuidarnos de nosotros mismos". Es lo que tiene la sintonía espiritual: es lo que yo pensaba tras las renuncias de la socialdemocracia de la penúltima vía y el acceso al gobierno de los legionarios del egoísmo. La compañía de discos no ha sido muy generosa y se guarda todas las canciones menos una; pero sabemos que Bruce cantará " el dinero fácil estropeo mi ciudad" y " a tomar por culo todos los negocios". Ciertamente, para un roquero que nunca ha cantado un " fuck you" es todo un cabreo.

Que quieren que les diga; Bruce si indigna pero yo ya ando en la fase de pensar en la venganza. Que lo sepan: Roma no paga a traidores y la historia no aguanta cabrones. Y ya empiezo a tener la tentación de ponerme a hacer la lista porque uno rencoroso no es pero memoria un fascal.

Los primeros son los que abusan de las personas y el poder; los que falsean la verdad; los que denuncian en falso y atemorizan; los que se esconden tras la policía; los de la doble moral. De estos que emponzoñan la tierra hablare otro día.

Los segundos son los idiotas especializados. Un periodista de El faro y guía de Occidente, sagaz, descubrió que ese treintañero fumador,informalmente vestido, que hacia guardia en el portal era un agente de Standard and Poor´s

Seguramente el tipo viste así para pasar desapercibido. El chaval para proteger a su madre es probable que le haya dicho que trabaja de pianista en un burdel o de periodista que, al parecer, es la misma cosa con el objeto de esconder la oprobiosa realidad: es un agente especulador, odiado por todo el mundo, señalado por las esquinas de las calles.

El periodista les llama "hombres sin piedad"; Javier Ayuso les ha llamado “Toshers”, sinistros personajes londinenses que se enriquecían buscando tesoros en las cloacas del sistema urbano. Yo prefiero la expresión de Helmud Smicht: imbéciles especializados. El ex presidente alemán los definía como “grupo de jóvenes en manga de camisa siempre con los oídos puestos en el ultimo rumor para comprar y vender dólares”.

Cambien historia por rumor, dólares por deuda y tendrán una imagen veraz de unos analistas que no analizan nada, que se amparan en el secreto de su empresa, no se someten a los reguladores ni al escrutinio ético o profesional de nadie. Tengo dicho que, tarde o temprano, estas agencias caerán como toda la basura que limpiará esta crisis, los estados soberanos se vengarán con nuevas formas de certificación pero estos especialistas se trasladarán a otro negocio del mismo modo que llegaron a este procedentes de otras burbujas.

Hay varias formas incruentas de acabar con los idiotas especializados: la primera cerrar su negocio, regulando un nuevo sistema de certificación; la segunda, la que propongo impulsar es cambiar los programas de formación de las facultades de economía: ya que debemos tener trabajadores especializados logremos al menos que no sean imbéciles.

Es preciso concluir con el autismo social de los economistas. Es preciso que aprendan, y lleven consigo para toda su vida, el contexto: no hay guateque gratis; si alguien disfruta es que otros están sufriendo. Reparar esta ausencia de responsabilidad social de quienes trabajan en la noria económica es una exquisita forma, créanme, de venganza.

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