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martes, 8 de noviembre de 2011

Pregunta electoral (XI): ¿De que se ríen estos?

Vi en pleno gozo, y en plena risa, su rosto simple. De qué se rie(n). (Benedetti lo hubiera escrito).


No vi el debate. Confieso que no fue por seguir las consignas de la izquierda verdadera y la izquierda de las Plazas, cuyos Comités Centrales respectivos aprobaron, unánimemente y con mariposeo de manos, que no viera la tele. Me preocupa un poco que cada vez que estos se cabrean les de por organizarnos la vida a toque de corneta, por muy mariposeada mano que la toque. El “consigneo” viene a estar algo pasado de moda.


Pero, en fin, la cosa es que tenía algo más importante que hacer.


Dan cuenta todos los medios, menos el de los amigos del jefe, de cierta ventaja de Rajoy – intuyo que por falta de credibilidad de todo lo que proceda de la bancada sociata- y, lo que me parece más relevante, de la actitud de líder de oposición que adoptó Rubalcaba. Coincide en el análisis el muñidor de opiniones oficiales progresistas, de lo que deduzco que la estrategia de mirar a otro lado del líder de la derecha vino a darle resultado.


Ausente del debate y de sus contenidos, me he fijado en las fotos que traicionan pocas veces a los portavoces y a quienes los presentan. El País nos los pone de espaldas, ofreciendo trasero a la realidad, en casi obscena invitación al que el pueblo soberano exprese su opinión.


Por el contrario, las ediciones digitales de El Mundo y el ABC nos los muestran riéndose, incluso con contorsión dedicada a los televidentes de Manuel Campo Vidal, ese fantasma que se nos aparece cuatrienalmente para recordarnos que por él no pasan las crisis y que disfruta gastando los 500.000 euros que ha costado el evento. Es decir, ambos medios comparten con los candidatos su sinceridad de fondo: hagamos unas risas en esta pachanguita.


Y uno no deja de preguntarse. ¿Estos de que se ríen?


La risa en el debate político no ha dejado de preocupar a los expertos desde que Nietzsche advirtiera del prejuicio sobre que el pensamiento debe ser aburrido. Desde entonces, la transmisión de la emoción, el optimismo y la ilusión requiere humor. Habrán observado mis lectores que cuanto más se desvanece el pensamiento político más se parecen los mítines al club de la comedia.


Nada que objetar a la propuesta de la sonrisa y el buen humor, como vehículo para trasmitir ideas. Pero la contorsión carcajeante, con la que está cayendo y como preámbulo a un debate con un telón de fondo de cinco millones de parados y escasas perspectivas no parece la mejore tarjeta de presentación social.


Quizá su risa proceda de que saben que están a punto de realizar un esfuerzo inútil. Quizá el chiste que hace contorsionarse al payaso de en medio, en la foto de El Mundo, tenga que ver con que ha sido nominado vigilante oficial en nombre de los mercados. A lo mejor ríen porque no imaginamos el futuro que nos preparan.

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