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viernes, 14 de octubre de 2011

Pregunta electoral(I): ¿De Villarriba o de Villabajo?

Nada de izquierda y derecha. La izquierda verdadera ha decidido prescindir de fenecidas categorías. Arriba y abajo es lo que se lleva ahora. Convergida o convergente, que no se sabe si final tiene la cosa de reunirse consigo mismo, su líder socialmente aclamado, las primarias son cosas del pasado, ha declarado que lo del 20-N no va de izquierda y derecha sino de los de abajo y los de arriba.

Será porque en los de abajo hay quienes llevan años votando a la derecha; será porque en los de arriba hay quien se llama de izquierdas; será porque a los competidores les parece mal ser de izquierdas o de derecha porque son del medio (ambiente, rural, marino, etcétera); será por novísima elaboración intelectual.


Amigo y amiga es hora de definirse: ¿eres de Villarriba o de Villabajo?

Así que los de izquierda de toda la vida tenemos un problema. Bien; es cierto que hay mañanas que no sabemos si somos de los nuestros; que votar a quien le organizan las cosas un par de sátrapas que abusan de su poder orgánico nos revienta o que, a estas alturas de siglo, molesta un poco la cosa dogmática. Pero toda la vida siendo de izquierda para ser ahora de abajo necesita de más elaboración intelectual que resumir un libro italiano en el twitter.

En mi caso que quieren que les cuente. En la movilidad social que permite el capitalismo realmente existente, no he logrado ir más allá de la clase media. Hecho que explica dos circunstancias fundamentales para mi vida y mi voto: me fríen a impuestos y soy un pequeñoburgues diletante al que, seguramente, no le darían el carné en el club de los de abajo.

El problema, camaradas de la izquierda convergida o convergente, que nunca se sabe si final tiene a cosa de reunirse consigo mismo, viene a ser de respeto a la política. Quiero decir que no se puede gritar “no nos representan” a la hora del vermú y querer ser diputado o diputada a la hora del té. Cosa de coherencia, de respeto a las instituciones y cosa, también, de necesidad de una propuesta de cambio tranquilo, progresista y de mayorías.

Convocar en la plazas y mítines a la rebelión y pedir el voto institucional viene a ser como arrimar el ascua y llamar a los bomberos. En fin; dado que el sistema electoral no me permite votar en circunscripciones que no son la mía, donde hay algunos candidatos potables, tendré que decidir de donde soy.

Dada mi evidente biografía no puedo votar a la derecha (léase PP, es que soy un antiguo). No votaré PSOE, y menos a los que tras estar afirman no haber estado y prometen lo que antes negaron para luego plegarse a todo poder financiero que por allí pase. No puedo votar a quien ni de derechas ni de izquierda se dice ni a los que allí dicen una cosa y aquí otra.

O sea; que un señor de izquierdas de toda la vida tiene que pedirle a las izquierdas verdaderas, realmente existentes, que se dejen de sandeces y hagan una propuesta. Hasta los de abajo se lo agradecerán.

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