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lunes, 3 de octubre de 2011

Domingo Rojo; cinismo de izquierda

Un fin de semana cada cuatro años para hacerse el rojo. Es la tradición y la tradición se cumple puntualmente. Un domingo rojo en que, a golpe de estajanovismo, se desempolvan las ideas del programa máximo y quedan como amigos. Solo hay un aquelarre izquierdista que el PSOE practique con igual puntualidad: el de los quince días de campaña electoral.

Después, si te he visto no me acuerdo. Cosa que esta vez parece más evidente que nunca. Las ideas de Rubalcaba, que ya no sabemos si es un mago o se dedica a meter goles, lo dijo Pepiño, en su penúltima elaboración teórica al servicio del partido, son exactamente esas que el gobierno de Zapatero ha despreciado o exactamente esas que resultan insultantes porque son incompatibles con la política del PSOE.

El tipo que ha apoyado el cambio constitucional para introducir el rigor presupuestario, que sabe que no podría aplicar lo que dice sin romper con la política contractiva que le ha impuesto Zapatero, lleva días diciendo que no congela, no reduce, no recorta gastos. El que dice que quiere cambiar la Ley electoral ha roto un acuerdo sobre el asunto con Izquierda Unida, durante ocho años.

Déjenme que me ría cuando leo que el PSOE va a recuperar, ahora, 10.000 millones de fraude fiscal o cuando escucho al Ministro de Trabajo hablar de nuevos contratos a tiempo parcial, o de impuestos selectivos, cuando han sido no ya incapaces de hacer una u otra cosa sino que las han rechazado explícitamente porque según la Salgado y Zapatero “no era el momento”.

A esto en toda tierra de Garbanzos se llama cinismo. Al próximo sondeo se nos hacen marxistas, al siguiente piden la resurrección de la internacional para llevar la foto de Largo Caballero y si no es suficiente para acortar distancias ya se va Rubalcaba con Pepiño a ocupar la Puerta del Sol.

La ceremonia cínica no parece tener visos de colar esta vez. Los militantes han sonreído durante el domingo poniendo esa cara de rojos descorbatados con mochila que toca una vez cada cuatro años. Es como la fiesta de la rosa pero con reuniones, se dicen.

Total para dos días que les quedan en el convento...

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