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viernes, 5 de agosto de 2011

La OTAN no nos bombardeará y la prima nos joderá.

Puerta del Sol, glorioso sitio que congregó a comuneros frente a monarquías extranjeras; que vio a nuestros héroes resistir ante malvados mamelucos. ¿Cómo no salvarla de desarrapados? Más aún, en vísperas de la visita del faro de la cristiandad, de la que nuestra plaza es devota desde que tuviera derecho a usar el oso como emblema.

Fuera de ahí quién mancha la Plaza y vengan nuestros nuevos héroes, por Rubalcaba formados y por Carrión ordenados, a devolverle prístina gloria. Que son Rubalcaba y Carrión como Daoiz y Malasaña, defensores frente a tanta moda extranjera de ocupar plazas como si públicas fueran.

Aquí las plazas han sido, y son, mentideros para ocupados en asuntos de Corte y no para cambiar ideas o propalar nefastos rumores sobre las agudas pretensiones de nuestro gobierno, casi extinto, para salvar los muros de la patria casi derruidos.

No; no nos bombardeará la OTAN que son sus bombas para plazas moras donde se aplastan derechos humanos cosas que no ocurren en este país nuestro donde, nunca, nunca, un gobierno o un ministerio socialista aporrearía a manifestantes desarmados. Falaces rumores de violentos disfrazados que tratan de amargarle los últimos días a nuestro gran prócer.

La OTAN no nos bombardeará; es la prima la que nos joderá. Pero esto no es grave, asunto de un par de días. Además, la prima esta es arma de los mercados que estos son amigos, que no especulan, sólo quieren dinerillo para seguir invirtiendo.

No; no podemos atacar a la prima y a los mercados como si fueran ocupantes de plazas; no podemos tratarlos como enemigos, debemos darles lo que piden, cachos de lo público; gastos sociales, el dinero de nuestros impuestos, lo que necesario sea para tranquilizar su voracidad.

Debemos hacerlo por nuestro bien. Debemos hacerlo como castigo a los errores de nuestro pasado. Porque quisimos vivir bien y no teníamos derecho; porque el supervisor nos avisaba de que cobrábamos salarios altos y nos resistimos a bajarlos; porque permitimos que nuestros banqueros nos dieran dinero.

Debemos rendirnos a la prima y aporrear desarrapados porque ese es el resto que queda del naufragio del progresismo realmente existente: la represión y el liberalismo económico como armas para desvertebrar la sociedad que otrora quisimos articular a golpe, antiguos que somos, de estado de bienestar.

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