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sábado, 12 de febrero de 2011

Lucharemos por el cambio de Arabia hasta la ultima gota de sangre...

...del último árabe, naturalmente. A la vieja Europa nos fascinan las revueltas de las antiguas colonias siempre que la cosa quede clara: ellos ponen la sangre y nosotros los periodistas y los ánimos revolucionarios.

De hecho, a la vieja Europa, a la que pertenecemos aunque viajemos en el furgón de cola, nos encanta que todos sean demócratas como nosotros y nosotras. Porque la vieja Europa, que hizo la revolución en el siglo XVIII, la extendió a punta de bayoneta y movió unos adoquines en el 68, a esta vieja Europa que mantiene sus otrora gloriosos muros con un petit Napoleón y una inspectora de finanzas alemana, siempre le han encantado las revueltas fuera de sus fronteras.

Y esta es muy, muy necesaria. Porque, fíjate tú,que indecoroso: una dictadura de más de treinta años sin elecciones, que barbaridad. Nunca, pero nunca, nunca, lo hubiéramos tolerado porque eso sólo pasa en esos sitios tan alejados y distintos a nosotros y nunca pero nunca, nunca, en Europa ni en el furgón de cola esto hubiera pasado, vamos.

Los geoestrategas gastan facturas desorbitadas de teléfonos y los diplomáticos conspiran como si estuvieran ante un reportero de wikileaks. El premio Nobel de la Paz preventivo pone a la encargada del asunto a poner y quitar directivos de los departamentos de ultramar que, después de tanto apoyo geoestratégico, han quedado amortizados. Mejor milicos a cargo del asunto que algún hermano musulmán, viene a decir la diplomacia pacífica preventiva.

Los medios de comunicación profetizan la caída del muro de este siglo. Los directores y caras de las televisiones gastan una pasta gansa en transmitir desde la Plaza de la Liberación, o cuanto más lejos mejor y más exótico, para decir que estuvieron allí para contárnoslo. Las teles nos han dicho que el mundo va a cambiar, los profetas han viajado y una vez más hemos estado donde está la noticia.

Nos gusta, nos gusta que la gente se enfrente al poder cuando están a miles de kilómetros de nosotros porque nosotros tenemos lo que deseamos y no necesitamos protestar. Para nada. Y para nada hay que apoyar a tanto árabe traidor que habla de pactos y transiciones; hasta ahí podíamos llegar, hacer pactos después de acabar con una dictadura; eso no se hace nunca, pero nunca, nunca. Que aprendan de la vieja Europa que nunca, pero nunca, nunca ha hecho apaños ni tolerado dictadores.

Tunecinos y Egipcios han cambiado su vida. Ellos, solos, sin apoyos, ayudas, internacionales, diplomacias o cosa parecida. Por eso merecen mi respeto y, por eso, solicito silencio de los que durante treinta años nunca dijeron que lo de Egipto era lo que era.

Ahora, vamos a por Argelia o Yemen. Que divertidas son las revueltas árabes mientras yo no puedo despedir a mi banquero.

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