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martes, 1 de febrero de 2011

Esta vez no, compañero del metal

Mira que he defendido acuerdos, incluso por la defensa de alguno me han partido la cara. Pero esta vez va a ser que no. La clave de este asunto viene a ser, en mi opinión: ¿Quién se beneficia de que yo pierda un 20% de mi pensión? ¿Alguien adquirirá derecho a pensión o mejorará la que tenía? Pues no.

Los trabajadores y trabajadoras españoles son solidarios. De hecho llevan décadas solidarizándose entre ellos mientras se aplazaba una y otra vez la cuestión fiscal española: o sea, la imposición que haga a las rentas más altas y las rentas del capital practicar la solidaridad.

Asunto que naturalmente no se ha negociado tampoco esta vez. Por que "grossen pacten" contra la crisis, si; pactos de moncla bis, si; pero de fiscalidad ni hablamos (por cierto ,que es la única forma de garantizar las pensiones asistenciales y, por cierto también, la contrapartida de los Pactos de la Moncloa fue el IRPF )

En esta ocasión no se avanza en ningún tipo de solidaridad. La pérdida no va en beneficio de otros, que de eso habla el sistema de reparto, sino para pagar déficit: o sea, a la banca, las cajas y demás desaguisados.

Aquí radica lo injusto del asunto. Un recorte a nuestro futuro que no garantiza que sea el último. De hecho, el mensaje que se nos ha lanzado es que si las cosas van mal, habrá más. Las pensiones contributivas se reducen; las asistenciales sin garantía presupuestaria; las privadas de capitalización en barra libre. O sea, que se han desequilibrado los pilares de seguridad social en detrimento de la solidaridad y el reparto.

Estratégicamente tampoco funciona mejor el asunto. Hay un par de generaciones, la de 25 y la de 35, a quienes no parece preocupar las pensiones porque ya han internalizado que se quedan sin ellas. El día que consigan empleo se irán a su banco a firmar un "fondito", que cuando se es joven es barato, les aconsejarán sus padres.

Estas generaciones, por cierto, no son muy adictas al sindicalismo de clase. No han vivido su necesidad ni han tenido ninguna experiencia de utilidad de la cosa, salvo la efímera afiliación para negociar el despido y disponer de abogado.

Así que al desprestigio realmente existente se une lo que se percibe como complicidad en la supresión de un pedazo de futuro que supone la reforma. Siempre habrá sindicatos que resuman la aspiración de justicia cotidiana del personal, pero me temo que con dos generaciones menos.

Esa debilidad de presente y estrategia, me temo, es lo que convierte a la unidad sindical más en cárcel que en fuerza. Ese es el tercer gran mensaje que nos deja la cosa esta de las pensiones. Si no firmamos, se rompe: somos débiles. Comprenderá los compañeros que esa filosofía estratégica no tranquilice mucho al personal que no está para muchas zarandajas de cocina interna

En fin; así andamos. La izquierda política necesitada de refundaciones y la izquierda social necesitada de desburocratizaciones y un poquito de sensibilidad.

En estos tiempos donde la gente debe volver a pensar en marcharse a Alemania, la Coca Cola revive anuncios tipo finales de los 70 y las animadoras de baloncesto resucitan los calentadores de los años 80, todo suena a vuelta atrás.

Nos faltaba oficializar la vuelta atrás de derechos, como en el 85, y aquí esta. Sabed, no obstante, que cuando se toca el porvenir no merece la pena ser correcto. Y me temo que todos aquellos privados de un trozo de futuro reclamarán, mas tarde o más temprano, el pedazo que pierden.

En fin, el asunto es mas amargo que el vino de un exiliado pero esta vez no, compañero del metal.

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