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jueves, 13 de enero de 2011

Ministerio de Influencia

No; no seáis malpensados. No me refiero a ese gerente socialista que ha emitido un email diciendo que va a “empujar” un proyecto ante Pepiño, el que le digitalizó al cargo. Tampoco a los Consejeros del PP que han convertido sus despachos en agencias de privatización.

No; me refiero a que cada vez que hay que elegir una olimpiada, un campeonato o algo deportivo nos dan morcilla a pesar de nuestros campeones, "nadales " y demás. Por ejemplo, en el asunto del balón de oro este.

Aunque lo cierto es que conociendo como se las gastan los de la FIFA, el Blatter o el Grandona y las razones por las que los campeonatos se jugarán en Catar o Moscú igual los citados, al parecer expertos en gestiones y comisiones, serían útiles.

Viene a resultar que a pesar de nuestra contribución al nuevo alineamiento planetario por Leire profetizado o de ser progresivo y progresista paraíso universal resulta que no pintamos una oblea y a la hora de elegir una sede olímpica, un campeonato o un premio, las cosas van donde solían.

De lo que se deducen dos conclusiones posibles. Primera: no pagamos lo que pagan los demás (ah, como van a cobrar los olímpicos comisiones de obras ya hechas, camarada Gallardón, o como vamos a pagar más que un jeque con la deuda soberana de España y Portugal tan segura como el portero de la selección de Suazilandia, por un poner).

Segunda. El Señor Villar, afamado dirigente "furbolero", todos nuestros Comités Olímpicos y deportivos junto a los respectivos medios deportivos, vienen a contarnos milongas sobre nuestra notabilísima influencia deportiva.

Desde luego, no estimaré menos el futbol de Xavi o cualquiera de mis fubolistas favoritos porque el sarao de la FIFA no nos conceda el premio. Pero molesta; molesta ser conscientes de que, se diga lo que se diga, seguimos como siempre, encerrados en nuestra presuntuosa gloria sin que nadie gestione en el exterior nuestro patrimonio como país.

O sea; que reclamo un Ministerio para la influencia (total si tenemos un Ministro de Industria , de Cultura o de Ciencia podemos tener cualquier otro igualmente inútil) capaz de presentar los esfuerzos de los nuestros sean deportistas, científicos, creadores o creativos, en lugar de directivos, secretarios de estado o compañías similares que nos mienten cual bellacos y no pintan una oblea.



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