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lunes, 4 de enero de 2010

Apple y el Somalí: dos censuras, dos violencias

¿Qué tendrán que ver los buenos chicos del mundo de la tecnología con un terrorista somalí entrenado por alguna facción de Al Qaeda? ¿Nada? Dejadme deciros que la intolerancia y la censura conduce siempre a extremos peligrosos.

No barrunto yo que el mundo, a pesar del inminente cambio planetario previsto, ofrezca signos de cambio respecto a la década anterior (siempre y cuando la década haya concluido; a lo mejor es que le queda un año y, por eso, seguimos en las mismas).

Una vez superada la pertinente resaca y puesto al día, percibo, en primer lugar, que suenan tambores de guerra en Yemen ( sitio aparentemente ignoto, antaño paraíso y ahora en la línea de los estados fallidos) y las correspondientes consecuencias en occidente.

Percibo, naturalmente que, a pesar de la necesaria y brillante coordinación de la política exterior europea, unos cierran embajadas, otros nos quedamos y otros no saben ni contestan. Percibo que para subir a los aviones que pasen por Inglaterra o Estados Unidos nos van a fotografiar hasta las criadillas y cosas así que mejoran mi confianza en el cambio planetario.

Pero si algo me ha molestado han sido los episodios estos de intolerancia protagonizados casi al mismo tiempo por los modernos de Apple y los antiguos de la factoría de Al Qaeda.

Apple ha retirado del Iphone, en China, las aplicaciones relativas al Dalai Lama. El Somalí ha tratado de asesinar al dibujante danés que caricaturizó a Alá. O sea, que a ambos les viene a molestar la libertad de opinión, de expresión. En un caso confesional y en otro laica.

En el caso de los buenos chicos de Apple se suma cierto pliegue a las presiones del poder chino, buena gente en materia de derechos humanos como se sabe. Una vez retiradas las aplicaciones, puede pasarse a ignorar a los monjes o mirar al techo, que de hecho es lo que el Premio Nobel de la Paz y los norteamericanos vienen haciendo cuando de túnicas naranjas perseguidas por chinos se trata.

Apple se ha hecho cómplice del rigor censor del Gobierno Chino sobre la libre opinión, sobre Internet, de los filtros que aplica a la red para impedir el acceso a grupos disidentes. La tecnología (véase Irán, por un poner) se ha convertido en el espacio de libertad que muchas sociedades necesitan; la autocensura de Apple (porque el mercado lo vale) es un mal mensaje sin duda. Tras escribir este texto haré una huelga de mi mac pro durante una hora, que tiemble Jobs.

Cierto que la buena gente, la simpática gente de Apple no ha intentado asesinar al Dalai Lama. Eso queda para Somalíes o yemeníes en violencias varias adiestrados, hijos de papá, que al parecer recorren el mundo buscando el momento oportuno para irse de huríes.

Pero cierto, cierto, que aquí veo yo dos censuras y dos violencias que me mosquean.

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