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sábado, 28 de noviembre de 2009

Pero qué difícil es que me excomulguen.

Puesto que fui bautizado y no he tenido tiempo de ir a borrarme – es que la apostasía es tan compleja como cambiar de compañía telefónica- no me queda más remedio que esperar la excomunión (me pregunto donde expiden certificado de tamaña cosa).

Espero yo que por mis muchos pecados habré sido ya excomulgado en un par o tres ocasiones pero, por si acaso, esperaba ponerme a defender el aborto y aprovechar esta sumaria excomunión que había ofrecido el portavoz de la Conferencia Episcopal.

Al parecer, el tal Portavoz ha decidido que la justicia divina se pierde menos en procedimientos que la humana. Es sabido que las constituciones modernas impiden el delito general, la condena sumaria, y que requiere la condena individual más acorde con los derechos humanos. Pero Dios no esta para zarandajas garantistas como su Portavoz ha explicado muy bien.

Así que, al fin, sin necesidad de certificado, iba yo a ser excomulgado por el mero hecho de afirmar en público que defiendo el derecho al aborto. No es tan elegante como la apostasía pero funciona igual. Pues nada; mi gozo en un pozo. Resulta que no estoy excomulgado de facto sino que el tramite se alarga. Los pecadores aún podemos confesar y pedir perdón público. No ha dicho el Portavoz episcopal de cuanto plazo disponemos para ello pero parece que no hay vía para afirmar que uno no piensa cumplir el trámite.

Y me diréis, estimados lectores y lectoras, que la cosa no importa mucho. Cierto; no importa lo más mínimo pero deberá reconocerse que en los días contra la violencia machista uno hubiera esperado sensibilidad de los suizos y alguna comprensión del Portavoz hacia los derechos de las mujeres. Pero no; la cosa que se lleva entre los obispos es la afirmación doctrinaria. Os lo tengo dicho; el principal problema de los dioses son sus portavoces y los trucos de sus representantes.

Por un poner; si usted es católico y mortal y se divorcia pasa a ser un pecador irredento, que nunca podrá casarse salvo que pase por un tribunal de nombre y ubicación improbable (Rota). Pero si es usted de real familia, será Benedicto el que le libere de tamaña carga.

Y digo yo que con los problemas corporativos que los asuntos matrimoniales le han provocado a la iglesia (la escisión anglicana, por ejemplo) ¿porqué persistirán en semejante prácticas? Lo han adivinado: para que la corona de turno le deba una al Vaticano. Las bulas son un negocio desde siempre. Pues nada; los de cosa real podrán pecar a cambio de módico estipendio mientras los demás serán simples pecadores por mucho parlamento que calcen.

Habrán advinado que en el mundo no pasa nada más importante que reclame la atención del Portavoz Episcopal. Es que el pecado es mucho más relevante que todas esas cosas, estatutos, crisis, banqueros que a nosotros y nosotras nos ocupan.

Ustedes y yo que no estamos para tonterías lo que pedimos, inmediatamente, es que se nos excomulgue mediante adecuado portavoz obispal: que menos que un Obispo para gente de tamaña calidad como la nuestra.

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