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lunes, 5 de octubre de 2009

Menos rotondas y más fibra óptica

Frase rotunda nacida para ser mítica. Como todas las frases míticas sólo será verdad transcurridos 25 años. La ha pronunciado Toxo y nos la ha recordado Lidia. Diversas razones justifican que esta frase adquiera la afamada condición de letanía repetida a lo largo de la historia.

No es poco importante haber sustituido la vieja opción entre cañones y mantequilla que recibía a los que estudiábamos economía . Que un sindicalista actualice los viejos manuales de "micro" tiene su aquel. Lo trascendente, empero, es que tan rotundo aserto constituye una consigna que arrumba el keynessanismo primitivo del que siempre han hecho gala los sindicatos, prestos a obras que muevan obreros, picos y palas .

Probablemente, la mayoría de los tales obreros ignoran para que les sirve a ellos la fibra óptica pero el sindicato, con toda seguridad, proveerá la adecuada pedagogía.

Toxo sabe más que nadie de desindustrialización y, sobre todo, de cómo las inversiones especulativas y en posiciones financieras de las empresas han arruinado la economía real. No obstante, mi optimismo debiera ser matizado no vaya a ser que, en estos tiempos que corren, las necesidades a corto deban compatibilizarse con estrategias de largo aliento.

Entre mis dudas se encuentra el conocido hecho de que las rotondas suelen hacerlas los Ayuntamientos; entidades que no están para la lírica estratégica. Las demandas urgentes de trabajadores y empresas en momentos de notable dificultad (demagogia; ya se sabe que el FMI y yo estamos equivocados) pasan por algunos metros cuadrados de obra civil, teniendo en cuenta que el 20% del desempleo son trabajadores de la construcción difícilmente reciclables a corto plazo.

En 30.000 euros viene a salir un empleo en el Plan del Gobierno ( si nos creemos las cifras que dicen haber creado). Los australianos invertirán en fibra 23 mil millones de euros para 37.000 empleos (me vayan dividiendo). Dice la Comisión del mercado de las telecomunicaciones que en España tardaremos la friolera de quince años en tener extendida la fibra (seguro que es culpa de los poderosos).

Aquí andamos los españolitos, cierto, aumentando la vida útil del cobre de Telefónica con nuestra banda ancha. Más fibra, más fibra (para las grandes ciudades donde hay mercado que las medianas y pequeñas se quedarán sin ella, seguro).

La más artera tontería de la década pasada era que los Ayuntamientos encarecían el suelo con su financiación; la de estos días es que se llenan los pueblos de pistas de padel con el dinero público. Andan los munícipes haciendo lo que pueden: keynesianismo del antiguo, a ver si con un par de obras algunas empresas se mantienen y algunos parados se sostienen.

Toxo tiene razón y nos falta fibra (mucha fibra) pero, mientras nos hacemos calvos, unas rotonditas, asfaltados, caminos que mantengan empleo, actividad y hagan aflorar la economía sumergida no vendría mal. Pero si hay que esperar a la fibra se espera, no vaya a ser yo antipatriota que dude que con estos presupuestos ni se hacen rotondas ni se pone fibra.

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