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lunes, 26 de octubre de 2009

Competencia en el mercado de las almas.

Los domingos son días de reflexión eclesial y ecuménica como casi todo el mundo sabe. Como ya me preocupe de los sufrientes en pasado fin de semana (banqueros y periodistas) hoy debo ocuparme de las iglesias.

Hay muchos chiringuitos espirituales; a las iglesias tradicionales, como dios manda, pueden unirse decenas de ofertas multiculturales, desde chamanes a espiritualidad oriental que uno encuentra anunciados en octavillas y carteles.

La concurrencia en el mercado es notable como ya os he comentado en alguna ocasión y tanta segmentación de mercado no es buena, y menos en época de crisis de recursos humanos, especialmente en la factoría vaticana. Es por eso que los comentaristas expertos de la prensa británica y la de la Europa católica (o sea la italiana y un par de medios españoles) libran una notable batalla de imagen y reflexión sobre la última OPA hostil en el mercado de las almas: Benedicto quiere pillar en el mercado Anglicano.

Desde que Benedicto se ocupaba de la Inquisición (perdón se llama Congregación para la doctrina de la fe) ya estaba muy al tanto del asunto de las almas anglicanas. Al parecer, la ordenación como curas de mujeres y homosexuales ha cabreado a los más tradicionalistas de los anglicanos.

Benedicto se ha puesto a ello y está dispuesto a montarles su propio chiringuito autónomo para que conserven ritos y comportamientos y no dependan de los obispos, cosa que agradecerían muchos de los católicos que sueñan con librarse de Rouco, sin ir más lejos.

A lo que iba. La respuesta de mercado de los anglicanos ha sido feroz y acusan ni más ni menos a Benedicto de buscar una alianza de católicos y anglicanos extremos como base para un potencial monopolio. En el lado del catolicismo se aplaude la decisión ya que siendo uno y santo el mercado de las almas su segmentación parece no complacer a Dios.

La cosa no es sencilla porque esto en realidad es un choque de estrategias de fidelización. Por un poner, las nuevas ofertas de la telefonía móvil o los canales de pago nunca nos llegan a los consumidores más veteranos, cosa que fastidia un montón. Imaginad ahora un cura de procedencia anglicana casado y un cura católico de los de toda la vida de dios expulsado del chiringuito por casarse.

Umm,…, sospecho que esta es una distorsión del mercado que genera una mala política de incentivos a los consumidores. Aparecerá la evidente tentación de irse a la otra compañía, consumir un poco hasta consumar un matrimonio, y retornar.

¿Os dais cuenta lo importante que son unos rudimentos básicos de economía? Le hubieran ahorrado a Benedicto tener que inventar nuevos incentivos para capturar almas. No es fácil quedarse con todo el mercado aunque se sea Papa.

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