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domingo, 20 de septiembre de 2009

Las mujeres italianas que no aman a Berlusconi.

Es sabido que al Presidente del Milán, al fascista rampante de Berlusconi, los encargados de sus negocios le llenan la casa de putas (perdón, debía decir velinas, scorts,…). El pasado 11 de Septiembre Zapatero visitó Villacertosa, la tal casa. Dice Zapatero que se dejó invitar y guardó silencio por cortesía diplomática.

Dicen los medios que las simpatías por Berlusconi decrecen en Italia. Aunque uno ve que la mezcla de comunistas y Opus Dei desangra un partido de centro izquierda que nació con la promesa de generar mayorías y cambiar Italia. Por las Cancillerías, en las reuniones oficiales, en las televisiones italianas, el Presidente del Milán se siente a sus anchas. La Unión Europea no ha dicho ni “mu” ante políticas que lesionan los derechos humanos y las libertades cada mañana.

Parece que este es el tipo de actitud que a la mayoría de las mujeres italianas les repugna. La actitud de la que habla Camillieri (el mejor escritor siciliano tras Sciascia) esa de que Italia se ha llenado de suplentes ( a la oposición le ha sustituido alguna prensa). La que ha producido que a la oposición le haya sustituido, también, un grupo de mujeres hartas del retroceso histórico de los derechos de la mujer en Italia.

El pasado Martes, María Laura Rodotá escribía un artículo convocando a las mujeres italianas a convertir su ira en lucha. Nuevo feminismo, decía, que “ evite que este siglo sea la tumba de todo lo que las mujeres conquistaron en el siglo pasado”.

Es curioso como Europa se ha llenado de gritos en defensa de los periódicos y la libertad de expresión pero sólo con cierta tibieza, y a veces con sonrisas cómplices o silencios diplomáticos, se ha denunciado el asqueroso machismo que destila el Presidente del Milán y todo lo que políticamente representa.

La razón, probablemente, es que Berlusconi es sólo parte del problema y que el problema de las mujeres italianas airadas es la mayoría de los hombres italianos, incluidos los de la izquierda. Es esa la razón por las que el fascista rampante presume de que todos los italianos quieren ser como él. Parece que en Europa hay una cuestión moral que no se resuelve: la de los derechos.

Dice la citada Rodotá, a raíz de los comentarios a su artículo: “Prácticamente todas las mujeres compartían mi ira”. "Finalmente estamos hablando de esto", le escribieron. "Tenemos que organizar y actuar". Pero los hombres, incluidos los de la izquierda, respondieron de manera diferente: "Lo que hay es mucha histeria y veneno".

El trato a las mujeres, como a todos los débiles, es la representación de un país y una sociedad, Supongo que por ello nos indigna la violencia que se ejerce contra las mujeres y debería indignarnos el desprecio machista.

Sabíamos que a Berlusconi le gustan las rondas negras, la expulsión de inmigrantes; que tolera la persecución de homosexuales y que desprecia a las mujeres. Cuando vaya a por otros ya será tarde.

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