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jueves, 10 de septiembre de 2009

Botellón: Y tras un buen rosario, la autoridad, faltaría más.

¡A dónde vamos a llegar! “Si es que la letra con sangre entra amigos y amigas; una semana de pico y pala y se iban a enterar los del botellón; si su abuelo levantara la cabeza, qué vergüenza; si la policía fuera lo que tenía que ser se iban a enterar de lo que es bueno”. ¿A cuentas generaciones le suena esto y le suena a insulto las declaraciones del Defensor del Pueblo?

Después de los misterios gozosos que se corresponden con los rezos del sábado (esto de la educación salesiana que no se olvida), nada de dejarles ir de beatífica marcha a la misa de la parroquia. En absoluto: dos cachetes, hacer deberes y de cara a la pared. Lo sugiere Mújica.

Esto del botellón da para mucho. Para policías que sacien su ansiedad; para jueces ejemplarizantes; para políticos enredadores y, también, para otros cuyo oficio o utilidad se desconoce. Ayer fue Rouco a quien hube de glosar su sandez. Hoy se apunta a la lista Mújica, el Defensor del pueblo que ha conseguido una institución más alejada del pueblo de lo que nunca se recuerda.

El sagaz defensor popular ha debido reunir un amplio equipo de asesores para dictaminar que el botellón se debe “al desbordamiento de actitudes irracionales por la pérdida de autoridad y de valores de la sociedad”.  Casi es peor que lo de rezar el rosario porque cuando estos antaño progres se pasan a la ancianidad reaccionaria dan miedo.

De por sí, cuando me hablan de autoridad ya me preocupo. ¿Motivos? Pues que este es un concepto que va asociado a muy malas compañías, como el propio Mújica apunta cuando dice que se confunde "libertinaje y libertad" y aboga por un “diálogo nacional”; como no le ha dado tiempo a citar la tradicional amistad hispano - árabe nos hemos quedado sin la trilogía cultural nacionalcatólica.

 “A dónde vamos a llegar" exclama el defensor del pueblo convertido en Sor Angustias y alertándonos de los riesgos de la falta del castigo y, más aún, del tuteo; !que barbaridad!  señoras y señores; Ustedes entenderán al prócer: cualquier mocoso tuteándote.

Me niego a hablar del botellón, a defenderlo, a ubicarlo, a regularlo, a negarlo….. Lo que constato es que, además de la notable falta de ocio joven no privado, la proporción entre los miles de jóvenes que “botellean” y los conflictos es mas bien baja.

Claro que Rouco y el Defensor del Pueblo son como el poli de Casablanca: ¡que escándalo; he descubierto que aquí se juega! Me pregunto si los medios corifeos del escándalo están dispuestos a suprimir la publicidad de alcohol; a dejar de publicar anuncios de prostitución o fármacos de diverso tipo. Sospecho que no.

Los pedagogos reflexionan sobre los muchos problemas del aula; a veces, protestan; atisban violencia. No he oído a ninguno construir respuestas sobre la autoridad; sí sobre el respeto. Vaya tiempos en los que  a viejos arzobispos y políticos hay que explicarles la diferencia. 

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