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martes, 14 de julio de 2009

Hoy soy estúpido, la SGAE transparente y sus trabajadores cretinos

A lo largo de este año he venido a estas páginas a confesar mis múltiples pecados que habían sido advertidos por notables e importantisimos padres de la patria. Los resumiré.

Soy un secundario sin trascendencia alguna (denuncia de la Ministra de Cultura, ignorándome a la hora de sus decisiones sobre Internet). Soy inculto, conservador y algo exquisito por ser un tipo urbano que ha permitido ganar a la derecha (en este caso fui desenmascarado por un sesudo analista de El País, faro y guía de occidente, que no encontró responsabilidad alguna en el partido del gobierno).

Naturalmente, me apresure a reconocerme un mono con ordenata (como me bautizó Raul del Pozo). Los economistas oficiales me catalogaron como responsable de la burbuja inmobiliaria por defender tipos bajos de interés y viviendas para los trabajadores. Me denunció como alarmista el Ministro de Trabajo por glosar altísimas y desconocidas cifras de desempleo. La conferencia episcopal me hizo, una vez más, cómplice de asesinato y, empecé el año, catalogado como incomprensivo por la patronal.

Creía yo que ya se habían detectado casi todas las características de mi delincuente personalidad pero no. Hoy mismo, en sesuda sede universitaria, el Padrino de la SGAE, como si pareciera un accidente, me ha “epitetado” de nuevo: hoy, soy estúpido. La razón es que oso empañar y desfigurar la imagen de los autores con comentarios que desfiguran la transparente y magnífica gestión de esta gloriosa institución.

Lo que aquí escribo sobre el voraz apetito recaudador de tan prestigiosa pléyade de autores (¡ Bautista y Ramoncín a la Academia, ya ¡, que alguien organice un grupo en el “feisbuk” que a mi me da la risa cada vez que lo intento) sólo son difamaciones y estupideces

Tiene razón en una cosa el Bautista: "La SGAE es una organización transparente". No vienen a robarte por la espalda, ni envían a sus espías de tapadillo ni nada de bajezas de esas: ellos van a robarte de frente, con anuncios en su página web y por derecho. Que el dinero recaudado se utilice para palacios, despedir trabajadores (que son, por cierto, unos cretinos según Bautista) o dejar de pagar a algunos asociados son, naturalmente, insidias y estupideces que yo escribo y vosotros creéis por que somos delincuentes.

O sea que aquí me tenéis declarándome culpable, una vez más, para que no quede duda de que tan importante prócer como el Padrino no puede mentir.

Sólo tengo una pequeña consideración que hacer respecto a todos los que vigilan mi adecuado comportamiento; se trata de un consejo que recibí cuando siendo impetuoso jovenzuelo redactaba en Zaragoza mis primeros textos: cuando uno usa más adjetivos que sustantivos es que no tiene nada que decir. He percibido demasiados adjetivos en las declaraciones del batista este. (batista es un intencionado error producto de mi estupidez y maledicencia).

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