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jueves, 16 de abril de 2009

Benedicto: Hasta aquí hemos llegado.

A ver; a la gente de mi generación Caroline Kennedy nos gusta. Era aquella niña rubia, de nuestra edad, a la que los malos, no eran aquellas edades para matices ni precisiones, le mataron a su padre. Y eso, para nosotros, no sólo era una putada sino que, probablemente, fue de las primeras niñas que vimos sufrir en nuestras televisiones en blanco y negro.

La niña, católica en tierra de paganos como se nos decía entonces en el colegio, ha crecido con nosotros y, además, en plan “rojo americano”; o sea, que apoya a las mujeres que abortan y la investigación en células madre: el socialismo, vamos. Pues bien; estas son las dos razones por las que Benedicto le ha vetado como embajadora en el Vaticano.

Hasta aquí hemos llegado Benedicto. Me mosquee cuando perdonaste al cura ese que negaba el holocausto. Cuando, así, tomando unos panchitos en el avión en plan clase turista, les dijiste a los periodistas que contra el SIDA no vale el preservativo sólo pude llamarte genocida. Pero vetar a Caroline de Embajadora, ha sobrepasado lo tolerable.

Trescientos teólogos, responsables de comunidades de base y catedráticos de Universidad han redactado un manifiesto en el que aseguran que la crisis de la iglesia se debe a su miedo a las reformas; o sea, a la modernización. Estos trescientos acusan de los males a la curia romana; o sea, la corte celestial, aunque no incluyen en sus razones el veto a Caroline.

Por lo leído, Benedicto ya ha vetado a otros dos embajadores norteamericanos por razones similares, cosa que no es novedosa. Lo novedoso es que países soberanos, celosos de su autonomía patria, que no dudan es expulsarse mutuamente embajadores, cerrar fronteras o movilizar soldaditos por un quítame allá esas pajas, se pliegan ante tal residuo de diplomacia medieval.

Una mujer en el Vaticano, católica, sensible ante el aborto y la investigación de células madre era, evidentemente, un excesivo gesto de modernidad para Benedicto.

En fin muchacho, pasas a mi lista de boicot inmediatamente; que tiemble la iglesia.

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