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viernes, 6 de marzo de 2009

Los invisibles: el más grave error de los que olvidan

El más grave error de los que olvidan
Es creer que los olvidados harán lo mismo.
Antonio Daganzo


Llevo unos días dándole vueltas a estos versos de Antonio Daganzo en “Que en Limpidez se encuentre”. Y, finalmente, la nueva cifra de personas en paro ha venido a contextualizar los versos del poeta en un lugar en el que, probablemente, nunca imaginó.

Somos proclives a ignorar la situación ajena. En unas ocasiones, cuando los graneros rebosan, para que los detalles no nos estorben el paisaje. En otras, para que el reparto no nos estropee la escueta ración que las crisis nos dejan.

Destrozadas las redes de solidaridad y las reglas de respeto que sostienen cualquier estado de bienestar, que son cosa pública, la invisibilidad es el espacio al que se condena a los que se quedan fuera.

La invisibilidad siempre ha sido la condición de inmensas minorías a las que se negaba y niega su opción vital. Hoy, el área de lo invisible se extiende a esos tres millones y medio de parados y paradas y, especialmente, a ese millón sin protección.

Nuestras plazas y calles se llenan a la misma velocidad que los polígonos se vacían. Pero la gente que deambula en la ciudad, se agolpa en colas de desempleo, en las puertas de renacidos comedores sociales o gastan su exceso de tiempo en las esquinas de los parques, no son visibles para focos y cámaras, para la propia ciudad, por más que nos reconforten cosas como las que se leen en Calle Tabernillas.

Me dicen que Pepiño está irritado porque no se adelantaran unas elecciones antes de que la crisis fuera notoria. Podría preocuparse el malaje por una crisis que, hace un año, no existía o por un desempleo que iba a corregirse, recordáis, en Marzo.

Algunos invisibles (jóvenes urbanos, en desempleo, mileuristas) han vengado su suerte en las elecciones gallegas. Otros se convierten en ruido en las “banlieus” parisinas o en los arrabales de Atenas.

Ahora que parece estar de moda apadrinar bancos y banqueros, conviene que los padrinos recuerden que los invisibles nunca se acomodan a su condición y, tarde o temprano, reclaman su pedazo de historia. Puede ser desalojando del poder a quienes no lo merecen o con estrépito.

Cosa de tiempo si los que olvidan cometen el grave error de creer que los olvidados harán lo mismo.

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